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Claudia Piñeiro de Las viudas de los jueves al corazón de la política

Mariana Arias

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PARA LA NACION
Martes 14 de noviembre de 2017 • 17:47
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Claudia Piñeiro, empezó a escribir a partir de un concurso literario y dejó su trabajo como contadora. Siempre había soñado con vivir de la escritura y su deseo se concretó cuando tuvo el primer éxito de ventas con una novela que contaba los detalles de la vida de los barrios cerrados, una radiografía del años 80: Las viudas de los jueves, la obra que la llevó a afianzarse como autora.

Y va por más. Su nueva novela, las maldiciones, lanzada este año, la introduce casi intuitivamente, en un mundo lejano y cercano a la par, el de la política. La primera hoja en blanco esboza su dedicatoria a Ricardo Gil lavedra, su pareja, quien fue uno de los camaristas del juicio a las juntas, secretario del interior del gobierno de Raúl Alfonsín, muy ligado a él y a su estilo de hacer política. Un estilo genuino, donde el voto se conseguía de uno en uno. "Alfonsín se subía a una caja de manzanas en Chascomús, daba un discurso, y cuando se bajaba, saludaba a uno por uno"; recuerda Piñeiro y sigue "Una de las pocas veces que lo vi llorar a Ricardo fue escuchando un discurso del ex presidente". Claudia piensa y esboza sobre el punto más íntimo del libro, que se trasnformó, sin darse cuenta, en una manera de rescatar una cierta forma de hacer política (que muchos añoramos) que se fue diluyendo con el auge del marketing".

Foto: Gentileza Alfaguara

La trama cuenta la historia de Fernando Rovira, un líder político de esta época, con un estilo de hacer política más ligada al marketing que a la militancia. Una política que esconde inescrupulosidad, engaño y ambición sin límites. Se trata de un líder integrante de un partido llamado Pragma, candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires, ex emprendedor inmobiliario que ganó las elecciones a intendente y que se muestra como enemigo de lo viejo. Su eslogan es: "lo importante es el hacer, para hacer un país mejor" y entre sus proyectos principales se halla la división de la provincia de Buenos Aires antes de las próximas elecciones.

Su antagonista es Román Sabaté, quien entra al mundo de la política de casualidad, pasa a ser la persona de confianza absoluta de Rovira y se va dejando llevar por la necesidad y la seducción de este hombre astuto que lo hace sentir parte de su familia, hasta que le pide lo inimaginable. Con la aceptación sumisa de Román y la manipulación ejercida por Fernando se arma una tensión permanente, muy bien llevada por Piñeiro que nos mete en un mundo en el cual todo vale.

Las maldiciones plantea una conversación entre ciertos valores de la vieja política y falta de límites de una forma de hacerla más manejada por el deseo personal de un líder que por las demandas de la sociedad. Por momentos, por no decir todo el tiempo, uno puede sentir que Claudia nos está hablando de alguien que conocemos, de alguno de los presidentes que pasaron por el sillón de Rivadavia, ¡pero no! Ella asegura que la historia es pura ficción, "podría existir en un país parecido al nuestro, pero es pura invención". Muchas veces sucede que al escuchar a un personaje ligado al poder, nos creemos lo que dice y sin embargo, el poderoso, que tiene en sus manos nuestro destino, puede estar creando una ficción para su propio provecho. Como lo hace Rovira, cuando toma la vida de Sabaté como propia.

Se puede ver un planteo cercano a la dialéctica del amo y el esclavo de Hegel. ¿Cómo empieza la historia? El origen de las relaciones humanas, en el cual se enfrentan dos deseos. Hay una tensión por la necesidad de someter al otro, los dos saben que están en una batalla. Si bien el amo sale ganando, a la larga, es el esclavo, el que al trabaja para el amo, quien en el hacer consigue obtener herramientas que lo convertirán en un hombre más completo, capaz de crear su propia vida. Finalmente el desprejuiciado, el que toma la vida de otro como propia, corre el riesgo de quedar a su merced.

Una imagen es lo que le aparece a la autora Claudia Piñeiro antes de escribir una novela, y a partir de esa foto, interna o externa, arranca su inspiración. "Todo lo que yo escribo, nace con una imagen de la categoría de los sueños, una imagen que se instala en mi cabeza y no se va". ¿Cuál habrá sido la que se presentó frente a ella con las primeras líneas de Las Maldiciones? Acaso alguna de las que hemos visto o vemos en nuestro propio mundo, en el universo político que nos toca transitar, donde la construcción de la imagen del candidato siempre es más importante que la presentación de las políticas necesarias para los ciudadanos.

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