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Cómo será la resistencia de Cristina desde un monobloque en el Senado

Gustavo Ybarra

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LA NACION
Miércoles 15 de noviembre de 2017 • 01:19
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Cristina Kirchner tomó nota de que le cerrarán la puerta de entrada al bloque del PJ cuando ingrese, en diciembre, al Senado. Lejos de amilanarse, la ex presidenta ya tiene decidido armar un bloque unipersonal desde el cual alentará a sus seguidores en la Cámara alta a sostener una "Intifada" permanente contra la conducción de Miguel Pichetto.

Fiel a su estilo de ponerle épica a todo lo que hace, Cristina Kirchner sueña con conducir "desde el exilio" de su monobloque de Unidad Ciudadana al puñado de senadores que, con mayor o menor fidelidad, responden a su conducción y que tienen decidido permanecer en la bancada del PJ.

Si la regla para excluir a la ex presidenta es que al bloque sólo pueden entrar los que hayan sido elegidos en alianza con o por la lista del PJ, los senadores kirchneristas sostienen que ellos cumplen con el requisito solicitado para mantener la membresía de la bancada que, por otra parte, no tienen ninguna intención de abandonar. Hasta la kirchnerista santacruceña Ana María Ianni, que asumirá en diciembre, podría argumentar que ella fue elegida en un frente integrado por el peronismo y reclamar su lugar en la bancada que preside Pichetto.

A priori, este parece el escenario perfecto desde el cual Cristina Kirchner planea hacerle la vida imposible a Pichetto, a quien ya decidió ubicar como su futura Némesis política cuando ingrese en la Cámara alta.

El planteo, no obstante, no es novedoso. Es, ni más ni menos, lo que viene ocurriendo desde que el rionegrino decidió convertirse en un delegado de lujo de los reclamos de los gobernadores peronistas al Poder Ejecutivo y dejar de escuchar los llamados a la resistencia al macrismo de la ex Presidenta.

El apego krichnerista a la bancada peronista no tiene sólo motivaciones estratégicas elaboradas en el Instituto Patria, también responde a razones más prosaicas. Es que pertenecer tiene sus privilegios. En una cámara legislativa como el Senado, eso se traduce en lugares en las comisiones, desde las cuales también llevar adelante la intifada cristinista, y en otros sitiales con mayor poder de fuego aún, como el Consejo de la Magistratura.

La ex presidenta dio una muestra del nivel de resistencia que puede plantearle a Pichetto y su grupo la semana pasada, cuando el formoseño Jose Mayans se cruzó en duros términos con el rionegrino en plena Comisión de Justicia y Asuntos Penales.

El conflicto estalló por la fuerte predisposición mostrada por Pichetto para colaborar con Cambiemos para arrasar con la herencia que dejará Alejandra Gils Carbó en la Procuración.

Sin embargo, detrás del estallido de Mayans -acusó a Pichetto de actuar a espaldas del bloque-, se encuentra el malestar de Gildo Insfrán, que se siente en la mira del Gobierno nacional y teme seguir el camino de Julio De Vido y Amado Boudou. La súbita decisión de Alejandro Vandenbroele de atestiguar como arrepentido en causas de corrupción podría agudizar la paranoia del gobernador de Formosa.

El kirchnerismo aprovecha esta coyuntura para sacar ventaja difundiendo rumores de una supuesta compra de voluntades del Gobierno a cambio de los votos que promete aportar Pichetto. Son operaciones de prensa que en el peronismo adjudican a la mano del equipo de comunicación de La Cámpora que por estos días manejan Hernán Reibel y su esposa Desiré Cano, quien se hizo famosa por haber ejecutado el despido de periodistas y trabajadores de CN23 y del portal Minuto Uno.

Alertado de esta estrategia, Pichetto busca el momento y la causa adecuadas para romper lanzas con los kirchneristas de manera definitiva. La pregunta que se hacen por estos días en las cercanías del rionegrino es cómo echar a quien no quiere irse sin quedar como el único responsable de la ruptura.

Por lo pronto, Pichetto necesita de manera imperiosa que los gobernadores peronistas a quienes dice representar cierren trato con el Gobierno y definan el reparto de fondos y el nuevo esquema tributario para los próximos años. Con ese certificado en mano, el rionegrino tendrá luz verde para poner en caja a quienes quieran sacar los pies del plato.

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