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Señal de alarma para la selección: una muestra gratis de lo que en un Mundial se cobra con la eliminación

La Argentina concluyó un año inolvidable con una derrota que vuelve a agitar fantasmas y debates externos e internos

Miércoles 15 de noviembre de 2017
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LA NACION
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Chidozie Awaziem deja atrás a papu Gómez y a Di María; Nigeria hizo estragos con su velocidad en la segunda parte
Chidozie Awaziem deja atrás a papu Gómez y a Di María; Nigeria hizo estragos con su velocidad en la segunda parte. Foto: AP

KRASNODAR, Rusia.- Jorge Sampaoli se fue de esta ciudad en la madrugada del miércoles rumiando una derrota que, por lo espectacular, podría servir para convencer a un incrédulo de lo atrapante que es el fútbol: un juego que puede entregar vuelcos como el que sufrió la selección argentina en este confín del país más grande del mundo. Si durante la mañana del partido, cuando el sol ventilaba el río Kuban, el entrenador trotaba en calma por el "Puente de los Besos" para no perder forma, a la noche no quería dejarse aturdir por el impacto de los cuatro goles que Nigeria le encajó a su equipo. En la cena y camino al aeropuerto, antes de iniciar el periplo de regreso a la Argentina, el entrenador hablaba con sus colaboradores con la pretensión de que no se alarmaran de más, como tampoco había querido exagerar el valor de la victoria del sábado ante la selección local, en Moscú. Razonaba igual que lo había hecho en la conferencia de prensa posterior al golpazo, cuando reconoció los errores pero pidió que nadie se cegara por el resultado; parecía haber internalizado "Si", aquel poema del autor inglés Ryduard Kipling: "(...) Si puedes encontrarte con el triunfo y el fracaso, y tratar a esos dos impostores de la misma manera (...) ¡serás un Hombre, hijo mío!".

La selección le puso punto final aquí a un año inolvidable haciéndole honor a ese adjetivo. No podía ser un soso 0-0 el resultado de su último partido después de todo lo que vivió en 2017, cuando orilló la no clasificación al Mundial , conseguida con agonía y destellos de película. Pero esas subidas y bajadas constantes pueden volver a agitar fantasmas: la derrota, por la forma, revitalizará algunas discusiones de nombres y maneras justo cuando un estilo empezaba a ser reconocible. Vendrán debates externos y tal vez también internos: ¿puede un equipo con una integración como la que saltó ayer al moderno Krasnodar Arena plantarse así en la cancha, con tres defensores y ningún volante de marcada vocación defensiva? ¿Cuán hondo calará un llamado de atención así, suponiendo que puertas adentro nadie minimizará haber recibido tres goles en ocho minutos? ¿Vale como ejercicio de prueba piloto que una selección no inscripta entre las potencias haya atacado y dañado tanto a la Argentina? ¿Qué puede suceder entonces si los que se vienen encima en el futuro mediato que representa el Mundial son España, Alemania o Brasil, las únicas supuestamente con credenciales para plantarle cara a la selección?

Mascherano nunca se engaña

Javier Mascherano fue uno de los que peor la pasó en el segundo tiempo, cuando los africanos galopaban como gacelas por un mediocampo y una defensa rival igual de seguros que una autopista provinciana con las barreras levantadas un martes de madrugada. Su análisis posterior tuvo la lucidez que le había faltado a todo el equipo en ese tramo decisivo del amistoso: "Cometimos errores individuales groseros, tuvimos desconcentraciones que condujeron a fallas colectivas. Dimos un paso hacia atrás que genera preocupación. Nos desconectamos del partido, y cuando te desconectás no apretás un botón y te volvés a conectar. No funciona así el fútbol", monologó el ayer capitán sobre los alcances reales de la cachetada. Esa sincera interpretación suya en la zona mixta del estadio descubre parte de la tarea por realizar. Estratégicas, tácticas y mentales también: no hubo ayer -tampoco contra Venezuela en el Monumental, por ejemplo- una respuesta ante la inesperada adversidad. Cuando cambió el mapa del partido, ya no hubo partido.

Sampaoli se muestra decidido a competir de este modo, con una vocación de "protagonizar" que acaricie la pelota, la cuide y la haga circular para controlar el juego primero y ser agresivo después. ¿Pero cuál es el antídoto cuando el que está del otro lado hace valer su fórmula, como lo consiguió Nigeria con sólo dar un paso al frente? La muestra de Krasnodar fue gratis, y eso debe agradecerse: en el Mundial, vaya obviedad, un desliz así dejará a cualquiera de patitas fuera de Rusia, por más que se llame Argentina y tenga a Messi de su lado. Justo él, que de tan invisible que fue aquí rompió los ojos de todos.

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