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4 destinos salvajes dentro de la Argentina

Por fuera de los paisajes de siempre, hay un mundo por descubrir y reencontrarte con el aventurero que hay en vos.

Viernes 17 de noviembre de 2017 • 00:00
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Yungas jujeñas
Yungas jujeñas. Foto: Archivo / Santiago Hafford

Decile adiós a los churros con dulce de leche, a la foto con el San Bernardo y a la típica feria de artesanías. No hace falta que cruces un océano para ir a lugares exóticos y transformarte en el explorador que querías ser de chico, en nuestro país hay destinos inhóspitos ideales para conectarte con la naturaleza menos domesticada.

Yungas jujeñas

La exuberante vegetación nativa de las Yungas jujeñas
La exuberante vegetación nativa de las Yungas jujeñas. Foto: Archivo / Santiago Hafford

No todo es sequedad y cactus en la región del noroeste. Las yungas son imponentes selvas sobre las montañas, rodeadas de nubes y de exuberante vegetación nativa. La región ocupa en total 4 millones de hectáreas y constituye uno de los lugares con mayor biodiversidad y riqueza de especies de Argentina, junto con la Selva misionera. En la provincia de Jujuy, el Parque Nacional Calilegua y el Parque Nacional Potrero de Yala son destinos poco conocidos donde la naturaleza salvaje está presente mires hacia donde mires: hay lagunas, helechos, flores, saúcos, nogales, cipreses, cientos de especies de aves, pumas, zorros y gatos monteses. En los parques se puede acampar, hacer trekking, cabalgatas y safaris fotográficos. Potrero de Yala está a sólo 27 kilómetros de la capital jujeña, y Calilegua a 106 kilómetros.

Esteros del Iberá

Esteros del iberá
Esteros del iberá. Foto: Archivo / Fernando Gutiérrez

Conservar el ecosistema es la premisa número uno del millón de hectáreas que ocupan los esteros. Se trata del segundo humedal más grande del mundo en donde hay una increíble biodiversidad de flora y fauna silvestre. Se encuentra en la provincia de Corrientes y, si bien no es fácil ni directo llegar, vale la pena el recorrido: hay que tomar una embarcación y, desde allí, se pueden avistar yacarés, aves y plantas que no existen en ningún otro lado y que son un espectáculo en sí mismo. Una vez en destino, el aislamiento es total: no hay lugares dónde comprar provisiones y los únicos sonidos que se oyen son de los animales de la zona. Hay ciervos, carpinchos, osos hormigueros y hasta yaguaretés. Se pueden hacer paseos en kayak, excursiones por los pantanos y cabalgatas por el monte. Un dato a tener en cuenta: en verano las temperaturas rondas los 40 grados. Es indispensable ir bien equipado con sombrero, repelente, protector solar, linternas y calzado de trekking.

La Reserva de Biosfera Laguna Blanca

Laguna Blanca
Laguna Blanca. Foto: Archivo / Carolina Cabrera

Es un área natural protegida en la provincia de Catamarca, un lugar extraño y de una belleza inquietante: en medio del árido paisaje de la puna, hay una laguna celeste donde sobrevuelan flamencos. Todo allí es sequedad, montaña y horizonte. No hay árboles y el tiempo parece detenido entre rocas de sal, médanos y una inmensidad que sólo es interrumpida por grupos de vicuñas salvajes. Una vez al año, en noviembre, se realiza el ritual quechua llamado Chaku, dedicado a la protección y la esquila controlada de las vicuñas, donde los lugareños celebran con cantos, bailes y comidas regionales. La población de la zona no supera las 700 personas, los alojamientos son en casas de familia, ya que no hay infraestructura para el turismo, y se llega por la ruta 40 y luego por ripio.

Bosque Petrificado Sarmiento

Bosque Petrificado Sarmiento
Bosque Petrificado Sarmiento. Foto: Archivo / Fernando Massobrio

Aunque tenga poca prensa, se trata del bosque petrificado más grande del mundo y está en Chubut. Ocupa 300 kilómetros cuadrados y los fósiles vegetales tienen más de 60 millones de años. El área protegida se fundó en 1897, es un lugar con aires lunares: hay cientos de troncos, ramas, hojas y semillas prehistóricas convertidas en piedras gigantes. Alguna vez allí hubo un bosque pantanoso, hoy es puro desierto patagónico. Hay senderos rodeados de piedras para recorrer la zona y algo a tener en cuenta es que no se puede salir de sus límites, porque el terreno es poco firme. El clima es también hostil. Se trata de un destino para nada confortable, ideal para los aventureros amantes de la paleontología y la arqueología. Se encuentra a 170 kilómetros de la ciudad de Comodoro Rivadavia.

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