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El arte de recibir en casa

A veces no hay nada más lindo que juntarse en una casa: íntimo y cálido, permite relajarse y hacer a una salida especial y distinta, pero para que el anfitrión la pase igual de bien que los invitados, hacen falta algunos pequeños trucos...

Miércoles 15 de noviembre de 2017 • 18:51
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Recibir en casa debería ser igual de agradable para el anfitrión que para los invitados
Recibir en casa debería ser igual de agradable para el anfitrión que para los invitados.

Es una suerte de arte. Que la casa esté ordenada y decorada pero relajada a la vez, que la comida esté lista a tiempo y sea del agrado de todos, que la bebida sea suficiente y esté fría... No hay anfitrión que no se preocupe un poco por cuestiones como estas. Y es que cuando recibimos en casa, aun teniendo mucha confianza, estamos siempre pendientes de cada detalle. Pero en esa atención también se nos pueden ir el disfrute y el propósito mismo por el que organizamos ese encuentro. Por eso, elegimos compartirte desde Club algunos consejos y datos para agasajar sin estrés y para que recibir en casa sea un auténtico placer.

Crear clima

Uno de los puntos determinantes de un evento es el clima que creemos. Y esto, además de depender en parte del espíritu de los invitados, tiene mucho que ver con la ambientación. A partir de la elección de colores y elementos podemos ayudar a generar una atmósfera cálida y agradable, que dé ganas de quedarse allí.

En ese plan, uno de los primeros pasos debería ser chequear que el espacio en el que vamos a estar tenga todo en funcionamiento. Que no haya bombitas quemadas, que las sillas estén firmes, que haya asientos para todos. Luego, será hora de decidir cómo será nuestra mesa. Por más informal que sea el encuentro (tal vez es una picada y deseamos comerla en la mesa ratona del living en lugar del comedor), de todos modos podemos aplicar ciertos criterios. Ubicar algunas velas, elegir un color que engame servilletas y flores y preferir un mantel de colores claros, que refleje la luz y aumente la calidez, son algunas premisas fáciles y efectivas (de hecho, un mantel simplemente blanco restará estrés a cualquier mancha que pueda suceder, porque será fácil sacarla). También es posible ubicar una mesa de arrime para colocar las bebidas y que no corten la visual entre invitados, y evitar también posibles derrames. "Personalmente, cuando recibo amigos, me gusta poner flores hasta en el baño. También lleno el espacio de velas y tengo siempre a mano un rico vino para arrancar", cuenta la decoradora Ana Azzano, quien además agrega que en los casos en que reúne grupos distintos, le gusta organizar juegos para romper el hielo y hacer a una velada divertida. "Y si es un evento grande, hay que tomarse el tiempo de hablar con cada invitado y presentarlos bien a todos para que se conozcan", apunta.

Otro ítem vital para crear clima es la elección de la música. Ni muy fuerte ni muy bajita, ni muy estridente ni muy monótona: armar una lista adecuada unas horas antes será la llave para olvidarse del tema y dejar que lindas melodías acompañen las conversaciones (e incluso los posibles silencios).

Y para evitar que montañas de abrigos y carteras vayan quedando desperdigadas por el espacio, vale la pena destinar un sector especial donde cada invitado sepa que allí puede dejar lo suyo sin incomodar ni deslucir la decoración.

El menú perfecto

La planificación es la clave de una velada relajada para todos
La planificación es la clave de una velada relajada para todos.

Sí, el menú perfecto existe. Y, básicamente, consiste en aquel que puede tenerse listo antes de que lleguen los comensales, de modo de no perder tiempo en la cocina mientras ellos ya están en casa. Exceptuando quizás el caso del asado, en el que acompañar al asador junto a la parrilla muchas veces es parte del ritual, no tiene la misma gracia para quien cocina estar al lado de las hornallas vigilando, por ejemplo, un risotto. "Jamás ofrecería una pasta para muchos, ya de solo imaginarme colándola en el momento y sufriendo el calor y el vapor en el pelo recién arreglado, me desanimo", ríe Azzano.

Así que a menos que tengas una cocina abierta con una gran barra en la que todos puedan ser parte del backstage de la comida, mejor optar por platos que no requieran estar encima hasta último minuto. Siempre, claro, teniendo en cuenta que ningún invitado requiera un menú especial o no pueda comer algún alimento particular. Algunas recomendaciones interesantes pueden ser crêpes de carne y verdura, cazuela de arroz y pollo o pescado al limón. Todos pueden tenerse hechos y con un golpe de horno estar listos para la mesa.

Para estos días de más calor, otra buena opción es apostar a los platos fríos, y cuanto más variados, mejor. Casi a modo de un tapeo, podés tener organizadas distintas propuestas que solo deben servirse una vez que lleguen los invitados. Podés incluir preparaciones como un plato de jamón, queso y almendras; ensalada de pasta con palta, tomates cherry y choclo; hummus con berenjenas crujientes; huevos rellenos de atún y remolacha; budín de zanahoria y ensalada de cous cous, entre muchas otras.

Y para los postres, las copas individuales son un gran hit. Quedan lindas servidas y además podés contar exacto cuántas vas a necesitar. Vasitos con chocotorta, tiramisú, volcán de chocolate, suspiro limeño o mousse de chocolate seguro serán muy aplaudidos cuando lleguen a la mesa. Vale la pena hacer algunos de más para el que se tiente a repetir. Aunque, claro, el llamado salvador para pedir helado nunca falla (y más si se acompaña con frutos rojos).

Claves mágicas

Más allá de las decisiones culinarias y de ambientación, lo primordial para asegurar una noche agradable es la planificación. Tener los elementos necesarios a mano y preparados optimiza tiempos. Por ejemplo, una bandeja para retirar todos los platos juntos evitará hacer mil viajes a la cocina entre la comida y el postre. Tener esos mismos platos de postre ya listos en otra será la siguiente estrategia, y asimismo con las tazas de café y té. También conviene tener bastante hielo hecho (porque no hay nada más tedioso que salir a comprarlo a la estación de servicio de urgencia o estar del otro lado y ser el invitado al que se lo piden).

Y algo vital: cuando levantes los platos de la mesa, apilalos ya dentro de la bacha y dejalos en remojo con agua caliente y detergente. Esto ayudará a aflojar la suciedad, pero además te va a dar un ligero orden para que, al finalizar la velada, no te sientas Cenicienta después de las 12.

Un trago para distender

Un trago de bienvenida es una gran forma de comenzar a distenderse
Un trago de bienvenida es una gran forma de comenzar a distenderse.

Sangría para muchos

1 botella de vino tinto joven

2 melones

1 manzana

½ litro de jugo de naranja recién exprimido

Jugo de un limón

Canela en rama

Para el almíbar: dos cucharadas de azúcar y dos cucharadas de agua

Echar en una jarra de dos litros el vino tinto. Pelar los melones y cortarlos en cuadraditos. Cortar la manzana en cuadraditos también. Echar ambos en el vino. Añadir el jugo de naranja y el de limón.

En una cacerolita, poner las dos cucharadas de azúcar y las dos de agua. Dejar a fuego medio fuerte hasta que el azúcar se disuelva por completo y luego agregar este almíbar a la sangría.

Agregar una rama de canela a la preparación. Dejar reposar unas horas a temperatura ambiente para que el vino absorba el sabor de la fruta. Servir con mucho hielo.

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