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¿Estamos criando adolescentes que naturalizan el abuso?

Maritchu Seitún

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PARA LA NACION
Jueves 16 de noviembre de 2017 • 15:44
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La conciencia moral es soluble en alcohol y la conciencia moral también es soluble en el grupo, y la combinación de ambas puede ser terrible, como vemos en un relato que se viralizó hoy. Una niña de 15 años manoseada por un grupo de chicos, tan borracha que no se sostiene en pie ni se defiende (no podemos saber si no quiere o no puede hacerlo), rodeada de amigos que no hacen nada porque creen que le gusta, hasta quizás son sus mismos amigos, borrachos o no, quienes la manosean.

Y ahí aparece quien relata la historia, una chica probablemente un poco más grande, que con gran honestidad cuenta cómo al ver la situación primero se paraliza y con gran esfuerzo se descongela y además vence el miedo a lo que pueda pasarle, y se ocupa de defender a esa chiquita "de metro cincuenta".

Ante situaciones que se salen de lo habitual, o de lo esperable, nos cuesta reaccionar, nos resulta tan inconcebible que dudamos de lo que estamos viendo, y automáticamente tratamos de darle una lectura que entre en nuestros códigos. Ese es el período de parálisis. Por suerte esta joven logró descongelarse y reaccionar, y lo hizo porque tenía códigos éticos y morales de los que aferrarse. Muy distinto a su amigo que no registró la situación como problemática ni que ameritara que su intervención, lo mismo que pasó con los amigos de la niña, tanto los que formaban parte del grupo que la manoseaba, como los que miraban, entre los que había incluso otras mujeres que también avalaban con sus palabras, o simplemente con su presencia, lo que estaba ocurriendo.

Tomemos conciencia de que los chicos alcoholizados, y en grupo, son a menudo como "monos con navaja": tienen todas las alertas apagadas, y hace falta alguien de afuera, que no pertenezca al grupo, que impida ese tipo de conductas.

Los adultos debemos ocuparnos de que estas cosas no se repitan y sólo podremos hacerlo con una mirada realista que no culpabilice a la niña "puta".

Me preocupa que sabiendo que el hígado no metaboliza el alcohol hasta los 18 años, todos hacemos la vista gorda a esas fiestas de egresados, que cada vez incluyen a chicos de menor edad, a las que muchos llegan pasados de alcohol, por lo que ni siquiera es eficaz (aunque por lo menos sería legal) que no se venda en el boliche.

Me preocupa la comodidad con que los chicos observan una situación como la mencionada sin registrar el abuso implícito en meterse con alguien que no está en condiciones de defenderse.

Me preocupa que alguien desee manosear a una niña que en realidad no está allí, porque no es consciente de lo que pasa.

Me preocupa que las amigas mujeres ("de metro cincuenta") sean también cómplices de la situación.

Me preocupan los padres de todos esos chicos que no toman conciencia de lo que puede ocurrir al permitir y organizar los pre (encuentros con alcohol) en sus casas.

Me preocupa aún más que esos mismos padres no se den cuenta de que su tarea es formar a sus hijos varones y mujeres en valores y con un código ético, porque aunque la conciencia es soluble en alcohol, no todos los que se emborrachan abusan y manosean niñas indefensas y no todas las niñas avalan lo que sus amigos hacen.

Y un gracias en mayúsculas a esa joven valiente que se atreve a denunciar aquello que por naturalizado parece normal pero no lo es. Ojalá este lamentable hecho sirva para que los adultos abramos los ojos y nos animemos a decir ¡basta! a los adolescentes y empecemos a cuidarlos, incluso, de ellos mismos.

Y no olvidemos ocuparnos de los que hoy son niños en escolaridad primaria, de modo que lleguen a la adolescencia un poco más armados, conectados con ellos mismos, con mayor fortaleza interna y tolerancia a la frustración y al dolor, con menos necesidad de recurrir a atajos como el alcohol o las drogas.

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