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Rumores sobre una renuncia

Hugo Beccacece

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PARA LA NACION
Domingo 19 de noviembre de 2017
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Rumores, rumores. La tarde del domingo pasado, el público del Teatro Colón comentaba casi tanto la ópera que se representaba, Rusalka, de Antonin Dvorak, como la carta que la directora de cine Lucrecia Martel le había enviado al director artístico del teatro, Enrique Arturo Diemecke, para anunciarle que no podría hacer la régie de Andrea Chénier por un "imprevisto accidente de índole personal". Como en un pasado no demasiado lejano Martel tuvo serios problemas de salud, las conjeturas en ese sentido eran numerosas; se dijo, por ejemplo, que había tenido un problema ocular; pero también había espectadores "informados" según los cuales el proyecto de puesta de Martel había encontrado grandes resistencias por los cambios que introducía en la ópera de Umberto Giordano.

La obra transcurre en Francia en el período inmediatamente anterior a la Revolución de 1789 y durante el Terror, un momento histórico muy tentador para los directores de escena actuales, tan proclives a las trasposiciones a otras épocas y sociedades con el fin de acercar obras del pasado al presente. Las palabras "revolución" y "terror" encuentran muchos ecos en los siglos XIX (las colonias) y XX (Revolución rusa, fascismo, nazismo, dictaduras latinoamericanas, etc.). En ese sentido, lo que se rumoreaba en el Salón Dorado del Colón despertaba asombro por la variedad de versiones contrapuestas. Se afirmaba que en la puesta la acción se trasladaba a América y que los personajes serían indios. A partir de eso, surgían conjeturas lanzadas por pura asociación, sin tener en cuenta que nada de firme se sabía, salvo la carta.

En el número de la revista Teatro Colón correspondiente a septiembre-octubre, hay una entrevista a Martel realizada por la periodista Isabel Croce. Durante ese diálogo, la directora no entra en muchas precisiones, pero la sospecha de una trasposición está presente. Dice la directora de Zama: "Al público le falta comprender. Nada que se conserve tal cual tiene un mérito. Es necesario dar luz a la realidad que se presenta, darle un sentido actual. La cultura es un invento para pensar en nosotros mismos". Y deja entrever qué camino habría tomado su puesta: "Mostrar una revolución que se vuelve en contra de los revolucionarios". Es lo que muestran Giordano y su libretista Luigi Illica en la ópera.

No pocos operómanos objetaron desde el comienzo que se hubiera elegido a Martel para la régie de Andrea Chénier porque nunca se había acercado al mundo lírico. No les parecía suficiente como antecedente que sea una de las más prestigiosas directoras argentinas de las últimas dos décadas. Por eso, probablemente Martel, en la entrevista mencionada, dice algo que llama la atención en una mujer de su inteligencia, conocedora de las leyes no escritas del medio: "Estoy calificada para hacer ópera porque soy un ser humano". (Giorgio Strehler, Luchino Visconti y Patrice Chéreau también.) En los principales teatros de ópera del mundo se contrata a directores de cine, famosos o controvertidos, para poner en escena obras líricas porque despiertan curiosidad. Es más, se espera que dirijan un succès à scandale. A nadie se le ocurre contratar a alguien porque éste sea tan sólo un ser humano. El anzuelo de un nombre inesperado es un argumento poderoso y válido para atraer al público. Es una operación artística y de marketing al mismo tiempo. De modo semejante, se eligió a un galán de televisión, tombeur de femmes, como Benjamín Vicuña para interpretar a la Abanderada de los Descamisados en Eva Perón, de Copi, en el Cervantes. Los resultados son, como siempre en el terreno artístico, poco previsibles.

Sería bueno conocer, aunque sea en un artículo o como apuntes de trabajo, cuál era el proyecto escénico de Martel para Andrea Chénier. A ella se le deben imágenes de excepcional hermosura como las del final de Zama, que justifican el film. En 1972, Nicole Stephan le propuso a Joseph Losey que filmara una adaptación de En busca del tiempo perdido y Losey le encargó el guión a Harold Pinter. La película nunca se realizó, pero el guión se publicó en 1977.

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