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El merecido homenaje a Carlos Jáuregui

Daniel Gigena

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LA NACION
Viernes 17 de noviembre de 2017 • 22:41
El activista de los derechos del colectivo LGBTIQ, Carlos Jáuregui
El activista de los derechos del colectivo LGBTIQ, Carlos Jáuregui. Foto: Archivo

Imagine que usted, caballero, pasea por una avenida de la ciudad de Buenos Aires y se acerca a una joven dama que le gusta y, respetuosamente, la invita a tomar un café. O que usted, mujer soltera, se asolea en una plaza mientras toma unos mates y le pide al hombre que está sentado a unos metros unas cucharadas de azúcar para endulzar la infusión y, de paso, iniciar una charla. Él le convida, ambos se atraen y deciden pactar una cita para la noche. Desde ya, intercambian los números de celular y anotan el nombre de pila.

De pronto, donde ustedes se encuentran en pleno cortejo, cae un grupo de policías, les pide documentos luego de separarlos, los interroga de manera poco amable y los detiene por veinticuatro horas para averiguar sus antecedentes. Si usted era homosexual en la Argentina hasta bien entrados los años 90, eso ocurría diariamente en calles y avenidas, no sólo de la Reina del Plata. No recuerdo haber leído hasta ahora disculpas públicas por parte del Estado, que perseguía a ciudadanos sin otra causa que la condición sexual.

Los tiempos pasaron y algo cambiaron, aunque en provincias del norte del país se persiga y se asesine a personas transexuales por el solo hecho de ser transexuales. Tampoco las autoridades de Salta y Jujuy, por mencionar dos de las provincias más hostiles con esa comunidad, comunicaron plan alguno para mejorar el estado de situación.

No hubo muchos héroes civiles en el siglo XX argentino, pero en su mayoría provinieron del campo de la cultura, como María Elena Walsh y Lilia Lardone, o de los derechos humanos, como Emilio Mignone y Carlos Jáuregui. Hoy, una plaza seca y una estación de subte llevan el nombre del activista por los derechos de los homosexuales, lesbianas y travestis de la Argentina. Él fue uno de los que impulsó el artículo 11 de la Constitución de la ciudad de Buenos Aires, que prohibía las detenciones arbitrarias. Gays por los Derechos Civiles, agrupación que él integraba, querelló al cardenal Antonio Quarracino cuando a ese hombre de Dios se le ocurrió manifestar palabras de odio contra gays y lesbianas. Quarracino era entonces el cardenal primado de la Argentina. Jáuregui, profesor de Historia, ejercía docencia en aulas, calles y estudios de televisión. Nació en 1957 en la ciudad de La Plata y murió demasiado pronto, en 1996, en Buenos Aires.

El jueves próximo se estrena por fin un documental que rinde homenaje a la causa de Jáuregui: vivir sin miedo en una sociedad democrática. La película, dirigida por Lucas Santa Ana, fue escrita por el director y por Gustavo Pecoraro, poeta, activista y amigo de Jáuregui en los años de militancia. En el título se entrecruzan la intimidad afectiva y la acción pública de carácter positiva: El puto inolvidable. Vida de Carlos Jáuregui.

"Nunca había escrito un guión y Lucas fue como una especie de maestro en todo -cuenta Pecoraro-. Tuvimos muchísimas discusiones, mucho trabajo, pero finalmente presentamos al Incaa el proyecto y en un mes lo habían aprobado." La idea de la película es traer a Jáuregui al presente para que las nuevas generaciones conozcan lo que él hizo y para que comprendan, también, algo de ese espíritu del activismo en los años 80 y 90 en la Argentina, caracterizado por la intemperie, la precariedad, las muertes, pasiones y utopías.

"Carlos simboliza darlo todo, esperando mucho y recibiendo nada a cambio. Pensemos que muere diez días antes del primer logro de nuestro movimiento que es el artículo 11 de la Constitución de la ciudad de Buenos Aires, que él redactó junto con doctor Marcelo Feldman y que sentó jurisprudencia en relación con el resguardo de la orientación sexual por causales de discriminación." Jáuregui sumó a transexuales y travestis en la lucha por los derechos civiles.

Un coro de compañeros y amigos acompaña el relato, además del valioso trabajo de archivo y edición que llevó adelante Santa Ana. "En esa época de razias y pandemia del sida, fuimos lo que pudimos ser porque no sólo peleábamos contra la 'cana' y la sociedad; también debíamos sobrevivir -dice Pecoraro-. Y los que sobrevivimos debemos contarlo."

Tráiler oficial

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