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"No es fácil cuando se van, pero el amor que te dan lo compensa todo"

El momento de la entrega a los padres adoptivos es el más difícil de enfrentar para toda la familia

Lunes 20 de noviembre de 2017
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Este sea quizás uno de los momentos más contradictorios. Una vez que el juzgado determinó que hay una familia en condiciones de adoptar a determinado bebe, llega el momento en que las familias de tránsito conocen a los futuros papás.

Esta situación es obligatoria y se desarrolla mediante un proceso de vinculación. "Es un momento mágico", sostiene Gerardo. "Llegan, los conocemos, les explicamos las características del bebe y les decimos que no tengan miedo, que vayan experimentando".

Con muchas hasta entablan un vínculo a posteriori de la adopción. "Para nosotros es un premio del programa poder asistir al momento en que esos papás conocen a su hijo y ese chiquito a sus papás", agrega Gerardo.

En esta instancia es imposible preguntarse qué pasa con ese desarraigo, qué pasa con el cariño que uno le toma al bebe. Eugenia se sincera: "Yo me tiro a la pileta con todo lo que esto implica. Cuando los tengo los amo con toda mi alma. Y cuando se van lloro lo que tengo que llorar, es mi forma de despedirme de todo ese amor que les di. Cuando se van realmente es muy duro. Ellos entregan todo. Dependen absolutamente de vos. Te miran y te aman. No es fácil cuando se van. Pero el amor que te dan lo compensa todo".

"Muchos me preguntan: ¿y pensás que te van a reconocer cuando sean grandes? No lo sé. Supongo que no. Pero estoy segura de que mi huella pasa por otro lado. Lo más probable es que no me reconozcan. Pero no es lo que me importa. Nuestra misión es darles al menos por un tiempo una familia", agrega Eugenia.

Una de las condiciones para participar del programa es no estar inscriptos como papás adoptantes. "Desde el primer momento las familias saben que no hay posibilidades de adoptar a estos chicos ni a ningún otro que forme parte del programa. Precisamente para evitar estas cuestiones se intenta que el período de permanencia sea el menor posible; para el menor y para las familias", sostiene Gabriela Francinelli.

Desde el organismo quieren dejar muy en claro que cualquier familia puede ser parte del programa. Existen muchos casos de familias ensambladas, con muchos hijos, con pocos hijos y tampoco existe ningún impedimento en que parejas del mismo sexo sean familias de tránsito.

Así lo explica Romina Martínez: "Pensamos que la familia no pasa por un hombre y una mujer que se casan, sino que pasa por un espacio donde se comparten la cotidianidad, la contención, y donde cada miembro tiene espacio para desarrollarse personalmente".

A la espera

Carla Canos está casada con Jorge desde hace ya 16 años y tienen cuatro hijos en edad escolar. Si bien están en lista de espera para recibir a un bebe, como parte del PAF, ya fueron familia de tránsito en programas que llevan adelante distintas organizaciones sociales.

"Nosotros arrancamos con la ONG Familias Abiertas hace ya cuatro años. Tuvimos una experiencia hermosa", cuenta Carla.

Después de haber acogido a cuatro chicos surgió el PAF, instaurado por parte del gobierno de la ciudad, que indicaba que aquellas familias con domicilio en la Capital que tuvieran la intención de seguir siendo familias de tránsito tenían que pasarse a este programa.

Carla recuerda una de las oportunidades más especiales en que fueron familia de tránsito. Junto a su marido y sus hijos cuidaron mellizos. "Fue una experiencia relinda, de mucho trabajo, de mucho esfuerzo, pero siempre vale la pena", expresa.

Al igual que Eugenia y Gerardo, Carla afirma que esta tarea de la única manera que es posible llevarla a cabo es en equipo. "Siempre que vamos a recibir a un niño se habla, se charla todo. Y siempre intentamos respetar los tiempos de todos los integrantes de la familia. Esto es un trabajo en equipo donde todos van a estar involucrados", explica.

Así, describe una oportunidad muy especial que les tocó vivir como familia de tránsito: "Uno de los bebes que tuvimos era hipoacúsico. Estos casos uno debe plantearlos de manera especial en el entorno familiar", expresa.

Y agrega: "Días antes de recibir a aquel bebe, decidimos con mis hijos taparnos los oídos durante un tiempo, antes de su llegada, para que ellos pudieran entender la problemática de la que estábamos hablando. Mirábamos la tele con los oídos tapados. Así, nos fuimos preparando como familia para abordar este caso en particular".

Los chicos en general naturalizan todo. Hasta el egreso, que es el momento más difícil para todos los integrantes de la familia. Carla admite que el momento del desprendimiento no es nada fácil. "Los egresos siempre cuestan un poco. Es un momento de emociones encontradas. Pero siempre, absolutamente siempre, es mayor la alegría que la tristeza. Justamente por eso es que uno siempre sigue eligiendo hacerlo", sostiene.

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