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K-pop: el arma secreta de Corea del Sur

Lunes 20 de noviembre de 2017
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LA NACION
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BUSAN, Corea del Sur.- Seis adolescentes maquillados y uniformados se suben a una tarima rodeada de fotógrafos y fans expectantes. Todo parece transcurrir en paz hasta que uno de ellos hace un gesto de corazón con las manos, exagera su cara aniñada y las chicas estallan en un griterío histérico. Bienvenidos al K-pop, el fenómeno social con el que Corea del Sur pretende competir contra la industria de contenidos de Estados Unidos y ganar la batalla por la supremacía cultural.

Es el Busan One Asian Festival, que se celebró el mes pasado en el estadio de fútbol de esta ciudad, donde se jugaron algunos de los partidos del Mundial de 2002. El evento forma parte de la Hallyu, la ola coreana para imponer su marca país en el mundo. Con él, Corea del Sur abraza la cuarta revolución industrial, que surge de la combinación de tecnología, producción de contenidos, inteligencia artificial e Internet aplicada al control de los objetos.Como todo en Corea del Sur, la estrategia de expansión en esta industria está planificada. Hay una agencia gubernamental, Kocca, cuya misión es convertir el país en una de las cinco potencias en la industria de los contenidos. Para eso, desarrollan programas de TV, música, moda, videojuegos, cómics y animación. Forma parte de su política de poder blando, con la que pretende ganar influencia entre las naciones del mundo.

PSY y su pegadizo "Gangnam Style", que recorrió el mundo, fue una muestra del potencial musical de Corea. En 2012, el tema y su baile del caballo explotaron en las redes. El video fue el primero en romper la barrera de las 1000 millones de visitas en YouTube. Ese tipo de canciones livianas y bailables son una de las especialidades del K-pop; la otra son las baladas románticas.

Ambas expresiones están presentes en el festival de Busan, cuya estructura se acomoda más a un programa de televisión que a un show. Los números de diferentes grupos de adolescentes con propuestas de música liviana se suceden con interrupciones cada diez minutos. Es el tiempo reservado para que la cadena de televisión que compró los derechos del espectáculo facture publicidad.

La propuesta artística es de grupos que despliegan coreografías y exageran su sexualidad adolescente frente a un público de chicas y adolescentes enfervorizadas. Hay algunos integrados por mujeres, pero la mayoría son de hombres que hacen morisquetas y en las entrevistas responden inocentes preguntas para sus clubes de enamoradas.

La histeria que provocan recuerda la reacción que generaban los Beatles en sus inicios, cuando su flequillo enloquecía a las jóvenes. Es lógico: como la Gran Bretaña posvictoriana, Corea del Sur es un país conservador donde está mal visto que las parejas convivan antes del matrimonio. En ese contexto, los grupos de adolescentes pícaros generan furor y son un gran negocio.

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