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Renato Gaúcho, el sabio del futvolei que reclama la estatua: el DT de Gremio busca volver a levantar la Libertadores

El ídolo más grande de la historia de Gremio ya ganó la copa como jugador en 1983 y sueña con el título como técnico para convertirse en leyenda; su singular historia contra los equipos argentinos

Martes 21 de noviembre de 2017 • 13:00
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Renato, ídolo de Gremio
Renato, ídolo de Gremio.

Cuatro veces dirigió a Fluminense y cuatro veces lo echaron. La última, en 2014. Estuvo dos años sin dirigir hasta que firmó con Gremio. En el paréntesis no viajó a Europa para observar entrenamientos ni conversar con Guardiola, Ancelotti o Mourinho. Eligió la playa para jugar futvolei con Djalminha, Romario y Edmundo. Tres meses después de su vuelta ganó la Copa Brasil: "Los que saben de fútbol se quedan junto al mar jugando futvolei, los que no saben van a Europa a estudiar y a intentar aprender algo". Burlón, altanero, carismático, Renato Portaluppi está preparando el asalto final.

Renato Portaluppi es Renato Gaúcho, el ídolo más grande en la historia de Gremio. "Me merezco una estatua en el estadio", clamó el año pasado al alzar la Copa Brasil y cortar una larga sequía sin festejos en el club. Adoran a ese ex delantero desfachatado que se llevaba el mundo por delante, que trepó a la gloria con la conquista de la Libertadores en 1983 y meses después se instaló en el Olimpo gaúcho al marcarle dos goles a Hamburgo para alzar la Intercontinental. Hoy la leyenda busca nuevas puntadas de gloria. Y no esconde su vanidad: "¿Cuántos títulos más tendré que ganar para que el club me haga una estatua? ¿O piensan esperar hasta mi muerte?", se preguntó hace una semana. Otra Libertadores, 34 años más tarde, ahora como entrenador.

Su destreza en el futvolei con otras estrellas

Dice Renato Gaúcho que su hija Carol es como un talismán. No estuvo todavía en ningún partido de la Libertadores, pero ya advirtió que no se perderá la final con Lanús. Muchos conocen a Carol en Brasil por unas fotos desnudas que se filtraron. El polémico Portaluppi cree que nada le arrebatará este título a Gremio. Ni a él. Aunque ya no cuente con Douglas -rotura de ligamentos-, un zurdo exquisito que manejaba el eje central; ni con Pedro Rocha, un delantero explosivo que se marchó al fútbol ruso. Renato siente debilidad por la Libertadores y la impuso como una prioridad en el club. Reservó titulares y descuidó los otros torneos, aunque en el Brasileirao se las ingenió para acomodarse como escolta de Corinthians, claro que diez puntos detrás. La Copa es la obsesión.

Renato Gaúcho debutó como futbolista en 1982, en Gremio, claro, y desde entonces sólo una temporada se alejó de Brasil: la 88/89, cuando jugó en la Roma junto con Bruno Conti, Rudi Völler y Daniele Mazzaro. Futbolista y técnico de fronteras para adentro, hasta se atreve a soñar con dirigir al Scratch: "Hoy Brasil está muy bien con Tite, pero si sigo ganando títulos y haciendo jugar bien a mis equipos, estoy seguro de que voy a ser el entrenador del seleccionado". No le falta confianza -ni pedantería, cierto- al hombre que entró en los últimos minutos en el superclásico del Mundial de Italia 90 y entonces la Argentina le supo a hiel. Como en 2008, cuando dirigía a Fluminense y en los penales perdió la final de la Libertadores ante la Liga de Quito de Edgardo Bauza. Lanús puede ser la peor señal para el destino de estatua que sueña Renato Gaúcho.

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