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Toni Nadal, el arquitecto que de un niño hizo un gran campeón

Luego de 27 años y 75 trofeos, el tío y formador deja de entrenar a su sobrino, a quien moldeó desde la infancia con disciplina y mucho ingenio

Martes 21 de noviembre de 2017
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LA NACION
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Toni Nadal y Rafa, el fin de una sociedad muy exitosa
Toni Nadal y Rafa, el fin de una sociedad muy exitosa. Foto: AFP

Todo comenzó en un court del Club Tenis Manacor. Allí, Toni Nadal le arrojó las primeras pelotitas a su sobrino Rafael , cuando tenía tres años. La pasión de aquel pequeño le llamó la atención inmediatamente. Allí comenzó a forjarse una de las sociedades más poderosas de la historia del deporte. "Desde que lo vi por primera vez con una raqueta pensé que tenía algo especial. Me sorprendió. Venía cada día a entrenarse y veía que lo hacía bien, que tenía posibilidades y mi objetivo era que llegase a ser número uno del mundo", le contó Toni, hace un tiempo, a El Periódico de Catalunya. Claro que una cosa es soñarla y otra, distinta, concretarla. Hoy, luego de 27 años y 75 títulos juntos, Toni y Rafael se separan, aunque sólo profesionalmente. El vínculo de sangre está allí, intacto. Queda la enseñanza, los buenos y malos momentos. Queda una historia fabulosa.

Hermano de Sebastián Nadal (padre de Rafa) y de Miguel Ángel Nadal (futbolista de Barcelona y Mallorca en los 90), Toni, de 56 años, le inculcó varias pautas disciplinarias a su sobrino desde el primer momento. Rígido, confidente y detallista estratego, se esforzó para que Rafael fuera lo que es hoy, todo una leyenda del arte de las raquetas. Pero siempre lo hizo tratando de mantener los pies sobre la tierra, sin creerse gran cosa. "El único sitio en el que mi sobrino es especial es cuando juega al tenis. Pero si uno no es humilde es porque su cabeza no está bien puesta. Y Rafa tiene educación y los pies sobre el suelo. No tiene problemas económicos y es reconocido, pero sufrió cuando se separaron los padres, sufre si se pelea con la novia, tiene problemas como cualquiera. No está alejado de la realidad y es una persona normal", le dijo a la nacion, en octubre de 2012, cuando llegó por primera vez a Buenos Aires para exhibir sus métodos de trabajo.

Toni fue el arquitecto del ganador de 16 trofeos de Grand Slam. Rafa recibió la educación de sus padres, pero con su tío aprendió a blindar su personalidad, a no buscar excusas y a aceptar las dificultades. Además, desde niño aprendió a fantasear. Para ganarse la confianza del chico, el tío se inventó un personaje, el del mago "Natali", capaz de lograrlo todo. Surgieron anécdotas geniales, como cuando coach y pupilo veían por TV un partido de Ivan Lendl, y Toni empezó con las críticas: "Estoy tan harto de lo mal que se mueve ese jugador que quiero que se vaya. Voy a hacer que se lesione". Efectivamente: el tenista se lesionó minutos después y se retiró, pero Rafa, sorprendido, nunca se enteró de que estaban viendo un match en diferido. Otras veces, la familia de Rafael colaboró graciosamente con los trucos. Toni solía decirle al chico que le transmitía invisibilidad, y Rafa, ingenuo, se paseaba por la mesa haciendo morisquetas.

"Cuando Rafael empezó a ser bueno nunca quise cobrar porque quería tener la posibilidad de decirle lo que quería, no quería estar bajo la tutela económica de mi sobrino. A veces veo entrenadores que son serviles con el jugador, que tienen que ir a buscarles el agua, a encordarle la raqueta. Vengo de una generación donde se le tenía que dar un respeto a la gente mayor y yo no puedo estar por debajo de mi jugador. Tengo negocios a medias con el padre de Rafael, nos ha ido bien y no he trabajado, se ocupa siempre mi hermano", le explicó Toni a la nacion. Fanático del fútbol, sobre todo de Barcelona, es admirador de los métodos de conducción de Johan Cruyff y siempre quiso transmitirle a su sobrino la importancia del aspecto mental: "Que Rafael sea fuerte de la cabeza es mérito suyo. Pero lo mental se entrena. Cuando le permites a un niño de 12 años que tire la raqueta en un entrenamiento, probablemente a los 15 te tire un partido. Rafa nunca se permitió, y yo tampoco se lo habría permitido, tener esos gestos de desánimo. En la vida hay que luchar".

Fatigado luego de tantas temporadas de trabajo en la elite, Toni anunció en febrero pasado que este año sería el último junto al mejor tenista sobre canchas lentas de la historia. Desde ese momento empezó a despedirse y, aunque hace unos días lo hizo definitivamente en el Masters de Londres, el instante de máxima emoción fue en Roland Garros, luego de que Rafa ganara su décimo trofeo y lo celebraran juntos en el corazón del Philippe Chatrier. "Probablemente sin Toni no hubiera jugado al tenis y logrado todo lo que logré", confesó el actual Nº 1. "Doy por concluida una feliz etapa (...) He sido más molesto que apacible y más exigente que dado al halago con Rafael (...) Me siento enormemente valorado y querido porque su figura ha engrandecido la mía mucho más de lo que me merezco", fueron algunas frases de Toni en su columna del diario El País titulada ?Gracias, Rafael'. Su próximo desafío estará en el desarrollo de los jóvenes en la academia que lleva el nombre de su sobrino, su gran obra.

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