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La brecha digital: la realidad de los millennials de los sectores más vulnerables

Según un estudio del BID, la relación de los jóvenes con el mundo digital está determinado por su nivel socioeconómico

Lunes 27 de noviembre de 2017 • 12:24
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LA NACION
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La brecha social también es digital: en la Argentina los hábitos de consumo de los millennials, así como los vínculos que establecen con la tecnología, el empleo y la educación están condicionados por el nivel socioeconómico al que pertenecen.

Así lo demuestra un informe del Instituto para la Integración de América Latina y el Caribe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que indagó sobre 600 jóvenes entre 18 y 34 años que viven en los grandes centros urbanos del país.

Los millennials son conocidos por compartir sus selfies en las redes sociales y una buena parte de su vida privada también. Suelen asociarse con aquellos que están a la vanguardia de los nuevos productos y de los avances digitales. Pero esta generalización está lejos de la realidad. Consultados sobre sus conocimientos de informática y tecnología, hay una polarización evidente. El 21% de los "millennials de estratos bajos carece de todo tipo de habilidad en esos campos, mientras que en la clase media ese grupo representa sólo un 14% y en los sectores altos apenas el 1%", según consigna el estudio.

Al respecto, Florencia Ripani, Directora Nacional de Innovación Educativa del Ministerio de Educación y Deportes, explicó que esta cuestión no se limita al acceso a Internet o a la entrega de equipamiento sino que "hay una capa más profunda que tiene que ver con la alfabetización digital, con el uso crítico de las tecnologías de información y comunicación que hay que enseñar y que no es innato a una generación". Y agregó: "En general las dificultades de los sectores más vulnerables tienen que ver con los resultados de aprendizaje en general, lo digital no es una excepción. Suelen tener más dificultades a la hora de desarrollar objetivo-aprendizaje. Muchos saben usar los dispositivos como usuarios, pero no como productores".

Octavio Bramajo, licenciado y profesor en sociología con especialización en demografía, coincidió con esa postura. "El Siglo XXI nos muestra que muchos bienes de consumo son transversales a todas las clases sociales, y si bien el disponer de un bien tecnológico es útil, su utilización productiva muchas veces está ligada a aprendizajes básicos adicionales. La educación formal y el acceso a las nuevas tecnologías no son situaciones contrapuestas, sino que deberían ser complementarias", afirmó.

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Los conocimientos que presentan mayores diferencias según el nivel socioeconómico son aquellos que requieren cierto grado de especialización y formación. Sólo un 31% de los encuestados de estratos bajos sabe utilizar planillas de cálculo, contra el 61% de los sectores medios o altos. Algo similar ocurre con los procesadores de texto y la gestión de redes sociales: el porcentaje de jóvenes de clase alta que los maneja, duplica a los de clase baja.

Florencia tiene 21 años, trabaja como empleada doméstica de lunes a viernes y los sábados asiste a un curso de peluquería. "Uso el celular para chatear, publicar cosas en Facebook o para buscar información de algún tipo en Internet. Hay una computadora en mi casa pero nunca la uso. Hay cosas que puedo entender y otras que no, como todos", señaló la joven.

Esta heterogeneidad de oportunidades se refleja en el mundo laboral. Según la encuesta del del BID, el 32% de las personas de nivel socioeconómico alto responde que "usan/usaron tecnología en su empleo muchas veces". Este porcentaje se reduce al 16% en los sectores medios y al 7% entre los de menores ingresos.

En el mismo relevamiento, el 65% del total de encuestados afirma que "los empleos asociados a la tecnología brindan mayores posibilidades de crecimiento". Sin embargo, hay un 74% entre los sectores de menor poder adquisitivo que nunca usó nada de tecnología en su trabajo.

"La brecha digital impacta en el acceso a oportunidades de trabajo y en la remuneración por las tareas. Hoy en día las tareas mejor pagas y las más productivas se encuentran vinculadas fuertemente a la capacidad de manejar tecnología. Además, las tareas manuales y de baja productividad conllevan un riesgo y deterioro mayor para el cuerpo a largo plazo", sostuvo Bramajo.

Cómo reducir la brecha digital

El Plan Nacional Integral de Educación Digital (PLANIED) del Ministerio de Educación y Deportes tiene como objetivo "integrar la comunidad educativa en la cultura digital". Según la secretaría de Hacienda, la implementación del plan tiene un presupuesto de $6.326,61 millones para este año y ya se utilizó el 56%.

Ripani explicó que "el desafío al inicio de la gestión era no poner el acento en la entrega de tecnología, sino en la formación de los alumnos". En este contexto, planea lanzar el programa Escuelas del Futuro, que combina la entrega de tecnología y un plan pedagógico orientado a los avances digitales.

"Se invirtió en kits de robótica educativa, drones, computadoras educativas (Raspberry Pi), laboratorios digitales y plataformas digitales de aprendizaje. Muchos de estos recursos llegan por primera vez al país", aseguró Ripani.

El PLANIED contempla además otros dos proyectos. El Programa Conectar Igualdad provee "netbooks y un piso tecnológico a todas las escuelas secundarias públicas orientadas, artísticas y de educación técnico-profesional, preuniversitarias, liceos militares, escuelas de educación especial e institutos nacionales de formación docente". Primaria Digital tiene como fin la formación docente y la renovación pedagógica, y la entrega de equipamiento con aulas digitales móviles para todas las escuelas primarias públicas del país.

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