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Lo que Cristina no puede revisar

Daniel Bilotta
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23 de noviembre de 2017  

La violencia aplicada por el Estado a jóvenes idealistas en lucha contra un orden injusto resume a grandes rasgos el paradigma kirchnerista para interpretar los todavía oscuros años 70. La adhesión a ese espacio político de líderes en derechos humanos que iniciaron reclamos para esclarecer la desaparición forzada de personas en la dictadura fue un aval indispensable a esa hipótesis, con un sentido práctico implícito. Cubrir el agujero negro en el currículum de Néstor y Cristina Kirchner, sin antecedentes para acreditar pertenencia a esa causa.

Esa carencia intentó ser resuelta el 25 de marzo de 2004, cuando el fallecido ex presidente pidió perdón a las víctimas de la represión por las "atrocidades" del Proceso de Reorganización Nacional "calladas durante 20 años de democracia". Cometió una injusticia con la gestión de Raúl Alfonsín, creador de la Comisión Nacional de Desaparición de Personas (Conadep) para investigarlas y enjuiciar a los jefes de las Fuerzas Armadas, con poca disposición y acompañamiento de las autoridades del PJ.

Pero el punto de inflexión del relato kirchnerista llegaría dos años después y lo revelaría un verdadero adelantado con la posverdad: hizo incorporar un nuevo prólogo al libro publicado por la Conadep en 1984 para rectificar la teoría de los dos demonios descripta por Ernesto Sabato en la versión original. Marca indeleble de adhesión intuitiva a este fenómeno contemporáneo.

Según el diccionario Oxford, que le asigna más de una década en circulación, el término refiere a "las circunstancias en las que los hechos objetivos tienen menor influencia en la formación de la opinión pública que los llamamientos a la emoción y la creencia personal" y se utiliza esencialmente en la política donde se impone "una desaparición de la verdad", reemplazada por "la confusión, la mentira y la tergiversación."

Fuente: LA NACION

Ya fuera del poder, el modus operandi reapareció con el caso de Santiago Maldonado. Las consignas con las que el núcleo duro K recibió el cambio de gobierno abonó esa orientación. "Macri, vos sos la dictadura". Elegido en comicios libres y democráticos, el Presidente sustituyó el lugar de las juntas militares. Desde el primer momento los seguidores de Cristina insistieron en calificar de forzada la desaparición del joven artesano, como sostienen sus familiares luego de los peritajes: de acuerdo con ellos, falleció ahogado y permaneció en el agua 60 de los 78 días en los que su paradero fue desconocido.

Sin embargo, es un asunto que permite reflexionar sobre las insuficiencias desnudadas con anterioridad por este modelo de análisis. En particular, por un defecto de origen en su diseño: una rigidez ideológica derivada del fin específico para el que fue concebido. Canonizar a la guerrilla peronista y librarla de responsabilidad en la interrupción del orden democrático el 24 de marzo de 1976.

Tal vez, entre otras cosas, para ocultar la similitud con las vanguardias de la izquierda europea que alimentaron la llegada del fascismo al poder en la década del 30, admitiéndolo como una superación del tedio provocado por los tiempos inherentes a los pasos institucionales del sistema democrático.

La falta de condena de la corrupción como forma sofisticada de la violencia del Estado sobre la ciudadanía es ilustrativa. No hubo, ni hay, repudio de la ex presidenta a casos emblemáticos de corrupción ligados a su gestión de gobierno: las inundaciones en la ciudad de La Plata o la tragedia ferroviaria del barrio de Once.

"No pongo las manos en el fuego por De Vido ni por nadie" resultó la única alusión al ministro de Planificación Federal cuando hubo certeza de su suerte procesal en la Justicia por ese tema. Antes, había responsabilizado al conductor de la locomotora por el siniestro.

Si se recuerda el mensaje a los estudiantes por la ocupación de escuelas en la ciudad de Buenos Aires, no debería sorprender: "Ustedes no necesitan que nadie les dé clases. Ustedes pueden dar clases a todos", expresó el 24 de septiembre en un acto de campaña en Ensenada. "No se dejen asustar ni provocar porque van a querer que cometan errores y van a apuntar a criminalizar a los jóvenes y a los que piensan distinto", añadió entonces.

En esa inédita promoción para invertir el orden institucional del que fue la máxima autoridad durante ocho años puede leerse una vez más su resistencia a revisar el pasado con rigor histórico. Una posibilidad que Cristina no contempla.

Periodista

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