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Lanús perdió 1-0 ante Gremio en la final de ida, pero está convencido de que en su casa siempre hay un final feliz

Al granate ya le pasó en esta Copa Libertadores estar abajo en el marcador y sentenciar la serie en casa; detalles de una revancha que será histórica para el equipo de Almirón

Jueves 23 de noviembre de 2017 • 05:16
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LA NACION
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Foto: AFP

PORTO ALEGRE.- Lanús llegó lejos en la Copa Libertadores aferrado a ese factor campo que muchos juzgan como favorable: definir de local, jugarse la última carta en medio de referencias conocidas y con un ambiente que empuja. Así sorteó a The Strongest (si bien le alcanzaba un 0-0), a San Lorenzo y River. Y ahora está obligado a repetir la película el miércoles próximo en la Fortaleza ante Gremio, con la misión de revertir el 0-1 de Porto Alegre (en la final no se contabiliza la diferencia de gol de visitante para desempatar).

¿Habrá final feliz para Lanús como en los otros play-off? Los referentes son más que optimistas. "Hemos dado vuelta series más difíciles", dijo el director técnico Jorge Almirón. "La final está abierta, nos tenemos confianza", agregó el capitán Maxi Velázquez. "Estamos con fe, convencidos de lo que podemos dar. Será difícil porque es una final; Gremio tiene tanta jerarquía como River y San Lorenzo. Dependerá de lo fino que estemos nosotros", analizó Lautaro Acosta. El presidente Nicolás Russo fue más tajante: "Nos va a costar, pero Lanús va a ganar esta copa".

Cabe imaginar un partido tan caliente como lo fueron los últimos 20 minutos de la ida, cuando abundaron los roces, los cortes y los ánimos alterados. Una vorágine que el árbitro chileno Bascuñan no supo encarrilar. Ahora el desafío será para el paraguayo Enrique Cáceres, que dirigió a Lanús en las victorias sobre Chapecoense y San Lorenzo.

Gremio le hace honor a su nombre: actúa como una fuerza colectiva y se sacrifica por sus intereses. Hay un dato a tener en cuenta: no recibió goles en los tres partidos de visitante de la etapa eliminatoria, ante Godoy Cruz (1-0), Botafogo (0-0) y Barcelona (3-0). Marcelo Grohe es un arquero que gana partidos con atajadas decisivas. Es muy vista en YouTube la atajada que hizo ante Nahuelpan en las semifinales y desde hace 24 horas le sumó la gran reacción para desviar el cabezazo de Braghieri. De mantener ese nivel, Lanús se encontrará con una resistencia mayor a la que opuso Lux.

Ambos equipos pierden por suspensiones a dos zagueros centrales de garantías: Walter Kannemann y Braghieri. Las dos amonestaciones fueron muy protestadas ante el polémico árbitro chileno Bascuñan. El Granate está tan justo con la formación titular que cada pieza que pierde no encuentra fácil reposición en el banco. Una posibilidad es la vuelta de Marcelo Herrera, que desde que hace más de dos meses sufrió una conmoción cerebral no volvió a tener continuidad, aun habiéndose recuperado. Una alternativa es que Velázquez pase a la zaga, Pasquini retroceda al lateral izquierdo y más adelante aparezca Nicolás Aguirre.

Lanús viene ejecutando dos planes en la copa. Replegado y tratando de cuidar la pelota de visitante, y más agresivo y dinámico de local. Será un partido que valdrá más que una Copa Libertadores. También puede significar el fin de ciclo para varios actores de primera línea en estos últimos dos años. Desde el director técnico Almirón hasta jugadores que por veteranía o poder de venta elijan otros destinos.

Lanús luce mejor en su terreno, donde también aflora más el olfato y la tenacidad goleadora de Pepe Sand, autor en la Fortaleza de seis de sus ocho goles. Las dos finales de Libertadores que perdió Gremio fueron ante equipos argentinos. Contra el Independiente de Marangoni y Bochini en 1984 y contra el Boca de Riquelme, Palacio y Palermo de 2007. Lanús se siente con entidad y nombres propios para ser otro verdugo argentino.

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