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In vain: genial drama de sombras

Viernes 24 de noviembre de 2017
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LA NACION
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In vain, de Georg Friedrich Haas / Dirección: Erik Oña / Intérpretes: Kammerensemble Neue Musik Berlin / Programa Colón contemporáneo / Sala: Teatro Colón / Nuestra opinión: excelente

La idea de Goethe según la cual toda poesía es poesía de ocasión tiene una validez más allá de la literatura. Cuando, en el año 2000, Georg Friedrich Haas decidió componer in vain, lo hizo impelido por una razón política de la actualidad: el estremecimiento que le provocó el ascenso de la extrema derecha austríaca; una especie de regreso de lo reprimido. Ese origen podría haber permanecido desconocido y la pieza de Haas no habría perdido por eso ni un punto de su dramatismo.

La vanidad a la que alude el título (la inutilidad de todo esfuerzo humano) admite una interpretación más general y acaso bíblica. "Todas las cosas están gastadas,/ más de lo que se puede expresar./ ¿No se sacia el ojo de ver/ y el oído no se cansa de escuchar?" Haas convierte esos versos del Eclesiastés en una verdadera fuerza artística, y en cierto modo in vain pretende ser a la vez la constatación y la reparación de esa lasitud, de ese cansancio del que habla el Sabio.

Escrita para un ensamble de 24 instrumentos, in vain, cuyo estreno latinoamericano presentó el programa Colón Contemporáneo en un cierre de temporada, se arranca a sí misma de la nada con una intensa actividad motívica y rítmica que, sin embargo, depara la impresión ilusionista de una superficie inalterada. Se nota aquí la gravitación que tuvo para Haas el Ligeti de Atmósferas y de Lontano, influencia tan evidente como la de Gérard Grisey, y de la escuela espectralista en general, en el uso de los armónicos. Pero la poética de Haas no le debe nada a nadie y no es en absoluto epigonal. Si se quisiera pensar en los precursores de Haas, habría que ir bastante más atrás y remontarse a Anton Bruckner. El crescendo de Haas es de cuño tan completamente bruckneriano como lo es cierto efecto de profundidad derivado de la estratificación del ensamble en capas, como si fueran velos que se corren y se descorren. in vain juega tanto con el oído como con el ojo.

Hay algo indudablemente visual en esta pieza, que Haas explota teatralmente con el uso de la iluminación de la sala: pasajes de media luz, pasajes estremecedores de oscuridad total y otros de brusca alternancia y luz y tiniebla. El propio Haas se refirió a estos destellos como "impulsos de tambores silenciosos". La luz se escucha.

El trabajo del director Erik Oña tuvo una minuciosidad apabullante y muy justa con Haas en la medida en que el efecto masivo es posible únicamente por una atención minúscula a los elementos más ínfimos. Un ejemplo son las dinámicas: la superficie de in vain sólo es perturbada por el crescendo, que, por su propia anomalía en el estatismo general, adopta un rasgo significativo. Uno de los milagros de in vain es que la sombra también ilumina.

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