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Cierra en Pan y Arte el cálido hogar de títeres y titiriteros

Sábado 25 de noviembre de 2017
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LA NACION
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Daniela Fiorentino con uno de sus personajes
Daniela Fiorentino con uno de sus personajes. Foto: Daniel Jayo

En Pan y Arte se termina un ciclo. Daniela Fiorentino cierra en estos días la programación de Casa de Títeres que abrió allí, tras siete años de gestión que convirtieron al teatro de Boedo en un escenario de referencia del arte titiritero. "Con el proyecto Casa de Títeres pasaron por allí casi todos los elencos que hay en Buenos Aires y algunos del interior, tanto para adultos como para niños. Con muchos estrenos, que hoy ya son clásicos", dice la titiritera devenida en gestora cultural de singular destreza.

Obras como Popigami, del grupo El Bavastel, con Carolina Erlich y Sandra Antman; Pequeño dragón, a volar, de Mariel Lewitan, entre las obras para chicos; la premiada Salvajada, de Mauricio Kartun, por la Compañía de Titiriteros de la Unsam, entre las de adultos, se cuentan entre esos estrenos con destino de clásicos que menciona Fiorentino. Con Pan y Arte acaba de ganar una mención especial de los Premios ACE por la programación.

Muchas obras producidas especialmente para Casa de Títeres experimentaron cruces entre los títeres y otros campos creativos. Así se incorporaba el dibujo en pantalla en vivo con una clown titiritesca en Cuentos animados, protagonizada por la misma Fiorentino. O más recientemente, se cruza la danza con muñecos de tamaños diversos en Mantay Grillo, la obra de Carlos Peláez y Ramiro Soñez que cierra hoy la programación para chicos de Casa de Títeres en Pan y Arte. Y Foe, dirigida por Tito Lorefice, que baja allí el telón de la de títeres adultos con la transposición de una novela de John Coetzee.

"Los títeres necesitan de un entorno afectivo y ameno, a la vez que de una programación sólida para poder circular de forma fructífera, para que la gente venga a buscarlos", explica Fiorentino. El resultado fue que la sala de 40 butacas en un primer piso, muchas veces con entradas agotadas, no diera abasto. Este año se agregó una segunda sala de escenario mayor y con 50 butacas en el segundo piso. Pero allí alcanzó Fiorentino su propio techo. Junto con Lucas Marín, cogestor del proyecto, salen a buscar nuevos rumbos.

Hay varias propuestas en marcha, de las que todavía no quiere dar detalle. Pero una ya echó a rodar: Estación Cultural para la Primera Infancia, de 8 (meses) a 8 (años), en forma conjunta con Gabriela Hillar, promotora de la movida del teatro para bebés. Lo define como "un proyecto grande para los más chicos", en el que se programará para esa franja de edad en diversos espacios no sólo obras locales, sino también del interior y de otros países. Habrá que mantenerse atentos a la construcción de nuevas casas de títeres, Fiorentino lleva los planos en la mochila...

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