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Los Monos: el clan que se anima a desafiar a la autoridad política

Bajo protección policial, el grupo creció con la venta de drogas en Rosario e impuso sus condiciones a empresas y municipios; hoy sus jefes son juzgados, pero interpelan de todas maneras a las autoridades

Domingo 26 de noviembre de 2017
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Esposado, con chaleco antibalas y anteojos, Máximo Ariel el "Guille" Cantero mantiene el control sobre los Monos,la banda narcocriminal rosarina
Esposado, con chaleco antibalas y anteojos, Máximo Ariel el "Guille" Cantero mantiene el control sobre los Monos,la banda narcocriminal rosarina. Foto: LA NACION / Marcelo Manera

ROSARIO.- Entraron sonrientes y desafiantes a la sala de audiencias, después de desvestirse y provocar un retraso de casi tres horas en el inicio del juicio. La escena estaba cargada de provocación contra el poder político provincial.

Los Monos demostraron, una vez más, que podían dominar la situación hasta en el propio juicio que enfrentan con expectativas de penas elevadas. Pero esto pareció no importarle al grupo criminal rosarino que recién fue procesado por narcotráfico en la justicia federal en noviembre de 2015, cuando la mayoría de los líderes estaban presos. Desde la cárcel, seguían controlando la violencia y la venta de drogas. Y se sospecha que todavía lo hacen hoy.

La construcción de ese nivel de impunidad no fue sorpresiva ni abrupta, sino que llevó más de 20 años. No fue bajo una sofisticada clandestinidad, sino a la vista de todos.

Los muertos quedaban desparramados por las calles. Los búnkeres, donde se vendía una cocaína barata y adaptada al mercado popular, que los hizo ricos, estaban en lugares fijos, a contramano de lo que es una actividad ilícita.

Esto dejaba al descubierto el nivel de connivencia con la policía. Trece de los 25 imputados en este juicio por asociación ilícita y cinco homicidios son miembros de la fuerza de seguridad provincial. Los Monos no podrían haber existido sin este brazo del Estado, que es mayoría en el banquillo de los acusados, ni tampoco sin la complicidad y la indiferencia del poder político, que sólo los divisó en el radar cuando Los Monos quisieron.

Ocurrió horas después del crimen del líder del grupo Claudio Ariel Cantero, alias "Pájaro", cuando este clan narco se esforzó por hacer teatral la venganza, con una persecución febril por los pasillos de tribunales a Diego Demarre, a quien consideraron un entregador y que fue acribillado en la esquina de su casa. Y el ataque horas después a la familia de Milton César, a quien apuntaban como sicario, que dejó tres muertos dentro de una camioneta Toyota Hilux en pleno mediodía y frente a un jardín de infantes. Aplicaron su propia justicia con balas 9 milímetros.

Esa demostración de rabia de Los Monos en una ciudad conmovida por 264 crímenes en un año estaba dirigida a preservar el territorio que dominaban y, también, a evitar ser apartados del negocio millonario del narcotráfico que regulaba la propia policía. También tenía como destinatario al gobierno de Santa Fe. Era otro desafío; pretendían mostrar que con la violencia también se puede moldear o arrinconar al poder.

Los Monos: el clan que se anima a desafiar a la autoridad política
Los Monos: el clan que se anima a desafiar a la autoridad política. Foto: LA NACION / Marcelo Manera

Los fiscales argumentaron esta semana que este grupo "rentabilizó la violencia" para crecer en el negocio de la droga. En las 408 páginas del fallo de procesamiento se advierte que los Cantero "ejercieron cierto gobierno de facto por sobre toda otra autoridad".

Desde hace cinco años, Los Monos se convirtieron en un actor político. Ningún grupo narco en el país se animó a cruzar esa raya. Antes negociaban por debajo de la superficie, como lo hicieron cuando se empezó a construir el casino City Center hace más de una década en la zona sur de Rosario. La sala de juegos más grande de América del Sur, que hasta el año pasado fue controlada por el consorcio de Cristóbal López, se edificó en un terreno de siete hectáreas que dominaban Los Monos.

Los Cantero negociaron con la empresa el traslado de las 300 familias que ocupaban una villa de emergencia en el predio donde tres años después se inauguró la sala de juegos de 135.000 metros cuadrados, donde llamativamente la inseguridad nunca afectó a los apostadores en una de las zonas más peligrosas de Rosario.

Las obras de la colectora de la autopista necesarias para la zona no se lograban terminar por los piquetes permanentes que interrumpían el flujo de tráfico en el acceso desde Buenos Aires. Los Cantero acordaron y el municipio tuvo que contratar sus máquinas retroexcavadoras para llevar adelante las obras. Cada protesta de vecinos en el barrio Las Flores, que se disparaba por distintos motivos, como la falta de una escuela, terminaba en una negociación mediada por los Cantero.

El plan del sindicato propio

En muchos casos, los acuerdos incluían cederles a Los Monos el ingreso de personal al Estado, como lo hicieron otros jugadores aliados a esta banda en el mapa narco, como el ex jefe de la barra de Newell's Roberto Caminos, alias "Pimpi". Con ese apoyo, ahora los Monos planean disputar la conducción de uno de los sindicatos estatales.

Después de un largo recorrido, los Cantero discuten actualmente sobre la superficie de la escena pública, como ocurrió hace unos días en el juicio, cuando Ramón Machuca, uno de los líderes, dijo frente al tribunal que Los Monos "son un chivo expiatorio del socialismo". Deciden defenderse golpeando a un gobierno que está debilitado tras quedar tercero en las últimas elecciones. El resto del arco político, incluido Cambiemos, prefiere estar lejos del "debate" entre un grupo narco y un sector político.

"Cuando el diputado (Andrés) Larroque trató de narcosocialismo al gobierno de esta provincia, la respuesta política fue armar una causa para demostrarle a la sociedad que nosotros somos el mal de Santa Fe y que yo vendría a ser el monstruo más grande que existe", dijo el imputado en el juicio, a quien la Fiscalía pidió 41 años de condena, acusado de liderar una asociación ilícita y por cuatro asesinatos, entre ellos el de Lourdes, de sólo 14 años.

Machuca contextualizó su declaración en la audiencia con la acusación que lanzó el legislador de La Cámpora en una sesión en 2012 de la Cámara de Diputados de la Nación, algo que le valió el repudio de gran parte del arco político y la ira del socialismo, porque entendían que ese rótulo iba a ser difícil de olvidar.

Foto: LA NACION / Marcelo Manera

Hermes Binner, quien encabezaba la coalición del Frente Amplio Progresista, se perfilaba en ese momento como uno de los principales opositores a Cristina Fernández, tras quedar segundo en las elecciones presidenciales de 2011.

En el socialismo están convencidos de que el kirchnerismo dejó que el problema de la violencia y el narcotráfico estallara en Santa Fe para así poder neutralizar y dejar fuera de carrera un potencial contrincante político, en momentos en que estaban en experimentación alianzas electorales para enfrentar a Cristina.

Los que más se aprovecharon de ese contexto político fueronLos Monos. La justicia federal los empezó a investigar por narcotráfico 15 días antes de que la entonces presidenta dejara el poder, una causa que aún no fue elevada a juicio, pero que se activó 18 años después de que Ariel Cantero, el líder más antiguo de la banda, fuera detenido con 70 kilos de marihuana en Itatí, Corrientes.

El líder de Los Monos trajo otra vez esa frase de "Cuervo" Larroque y lanzó una acusación contra el ex gobernador Antonio Bonfatti al asegurar que este tejió un trato comercial con el narco Luis Medina (asesinado a fines de 2013), por dos autos que estaban a nombre del ex gobernador.

También expresó que si hubiera pagado el millón de pesos que le pedía un grupo de policías que lo perseguía no estaría sentado en el banquillo de los acusados en el juicio ni hubiese permanecido prófugo durante tres años, hasta que fue detenido el 6 de junio del año pasado por la Policía Federal en el barrio de Flores, en Buenos Aires. El lugar del arresto no fue extraño, ya que ese jefe del clan de Los Monos estuvo varias veces en la cancha de San Lorenzo. La Justicia estima que este grupo narco mantuvo fuertes vínculos con representantes de jugadores como forma de lavar el dinero originado en la venta de drogas.

La respuesta que ensayó el socialismo, presidido por Bonfatti, fue un comunicado de prensa, en el que advierten que "con mentiras (los Monos) buscan entorpecer el trabajo del Poder Judicial".

"Las estrategias procesales de los grupos violentos que están siendo juzgados por sus homicidios y actividades delictivas es atacar al partido que a partir de su representación institucional y democrática trabajó junto a la Justicia para encarcelarlos y juzgarlos. Ese intento desesperado, carente de pruebas y abundante en mentiras, busca entorpecer el trabajo del Poder Judicial para lograr más impunidad", se expresó en el documento. Bonfatti no dio una respuesta al desafío lanzado por el jefe narco y sus allegados señalaron que su posición personal está en línea con el comunicado del socialismo.

Fuera de agenda

Esa fuerza política que tuvo una tradición histórica enraizada en la ética y la transparencia quedó también bajo sospecha. La violencia que supuró del narcotráfico fue una de las causas de las derrotas sucesivas del socialismo. "No tuvimos el coraje de ponerlo en la agenda. Miramos para otro lado y lo pagamos en las urnas", explicó una histórica dirigente del partido. En esa fuerza nunca terminaron de explicar por qué Bonfatti retiró la imputación contra el único identificado por el atentado con 21 balazos contra el frente de su casa en octubre de 2013.

El gobierno de Bonfatti intentó sellar un acuerdo con Los Monos en abril de 2015 a cambio de la reducción de penas. Temían que la investigación del juez Juan Carlos Vienna se cayera por el comportamiento del magistrado: había hecho dos viajes a Estados Unidos con un narco cuyo hijo había pertenecido a la banda y fue asesinado por tratar de independizarse.

El legislador de Cambiemos Federico Angelini consideró que "lo que quedó de manifiesto fue la convivencia política entre el gobierno y este grupo narcocriminal, algo que se cristalizó en muchos otros planos".

Lo que rompió el acuerdo fue la derrota electoral de Miguel Lifschitz en las PASO de 2015 frente a Miguel Del Sel. El actual gobernador decidió patear el tablero y el acuerdo de juicio abreviado se redujo a sólo 11 miembros de la banda y no incluyó a los líderes, que hubieran comenzado a salir en libertad en dos años.

"Los barrios de Rosario se convirtieron en un territorio dominado por la violencia de este grupo y el monopolio de esa violencia terminó siendo respetado políticamente", dijo el diputado Carlos Del Frade, a quien el líder de los Monos Máximo Ariel Cantero, alias "Guille", le apuntó con el dedo índice y una sonrisa desafiante desde el banquillo.

Una cultura que se instaló entre los menores

"Las agencias narco son productoras de cultura y son muy difíciles de enfrentar con los dispositivos sociales y comunitarios que tiene hoy el Estado", aseguró Horacio Tabares, director de Vínculo, Centro Comunitario de Salud Mental, una institución que hizo pie en el barrio Empalme Graneros, al oeste de Rosario, hace casi 30 años.

Tabares, psicólogo clínico y social, sugirió que debería repensarse el abordaje con los niños y jóvenes que están involucrados en el ambiente de la comercialización de estupefacientes y consumos de drogas. "En nuestros trabajos preventivos los docentes nos informan de casos de chicos pequeños, de entre siete y diez años, que en sus juegos repiten escenas de lo que se denomina la tranza de drogas. Y hay niñas que plantean que quieren ser novias de los merqueros", contó Tabares.

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