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María Abadi, una mujer auténtica que se refugia en el off

Cuando la vio a Marilú Marini en Los días felices, tomó la decisión de ser actriz; después llegarían el cine, la TV y el teatro independiente, donde actualmente se destaca en dos obras

Lunes 27 de noviembre de 2017
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PARA LA NACION
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Se destacó en TV en Montecristo y su último paso fue con Señores papis
Se destacó en TV en Montecristo y su último paso fue con Señores papis. Foto: Diego Spivacow / AFP

Ya pasaron más de diez años, pero María Abadi lo recuerda con mucha claridad. En esa época ser actriz era apenas un sueño, pero hubo un golpe de suerte inesperado: la eligieron en un casting para ser una de las protagonistas de Géminis (2005), film de Albertina Carri -con Cristina Banegas, Daniel Fanego y Lucas Escáriz-, y de repente todo empezó a fluir. Muy pronto se lució, e incluso fue premiada por ese trabajo, en Montecristo, la exitosa tira televisiva cuya figura principal era Pablo Echarri. Desde entonces, su carrera se fue consolidando.

Pero lo inusual, en todo caso, son las elecciones que hizo Abadi. Aun con claras posibilidades de ser una figura de la TV, la actriz prefirió explorar otras aguas. Y hoy, de hecho, su trabajo está ceñido a dos producciones del teatro alternativo: Hedda, un nueva versión del clásico de Ibsen Hedda Gabler pergeñada por Melina Petriella y Nayla Posse (viernes, a las 20.30, en El Brío, Álvarez Thomas 1582), y Una tierra salvaje, un montaje experimental de Nahuel Cano inspirado en textos de la poeta brasileña Ana Cristina César, al que Abadi llega justito. Es que esta obra también tiene función los viernes, pero a las 22.15, en el Centro Cultural 25 de Mayo (Triunvirato 4444).

"No es que no me interesa la televisión -explica Abadi-. Yo vivo de la actuación desde los 18 años, y si no hago proyectos más comerciales tengo que laburar de otra cosa para pagar las cuentas. Prefiero toda la vida trabajar de actriz. Y además disfruto un montón la TV. Ahora simplemente no se está dando. Lo último que hice fue Señores papis, en 2014. Ese fue un año espectacular porque con ese trabajo y las clases de teatro que daba había armado un buen combo. A mí me gusta el trabajo obrero de ir todos los días a grabar con un horario fijo, es una rutina que no me molesta para nada. Pero me parece que eso hace sentido cuando tenés también otro lugar de expresión".

Esos lugares de expresión alternativos son actualmente las dos obras en las que está comprometida. En Hedda, cuenta, "el foco está puesto en el lugar de la mujer en la sociedad; es una obra de 1890, pero esta versión se desarrolla en una zona más atemporal y establece un diálogo entre aquel contexto patriarcal y la actualidad, que nos permite abordar el tema con otra perspectiva". En Una tierra salvaje (con Anabella Bacigalupo, Diego Echegoyen y Gastón Guanziroli), en cambio, la exigencia es distinta: se trata de un trabajo más orientado a la investigación que lleva adelante como parte de una compañía que integra desde hace seis años. "Fue muy importante estudiar con Nahuel Cano y pertenecer a este grupo. El crecimiento como actriz que logré con esta obra y otras que hicimos juntos, como La vida breve y Todos mis miedos, no iba a encontrarlo en otro lado. El desafío del teatro independiente es enfrentarte con distintos problemas y entrar en zonas que el trabajo más comercial no te permite explorar. Lo hago porque me gustan el riesgo y la búsqueda".

Aunque la firmeza de la decisión de dedicarse a la actuación no ha variado desde que la tomó, cuando era una adolescente que estudiaba en el Nacional de Buenos Aires, Abadi cultiva hoy otros intereses. "Tengo un gran amigo que logró acercarme a la astrología -revela-. Hice un curso y aluciné. Este año empecé la carrera en Casa 11 y estoy muy entusiasmada. También me empezó a interesar mucho la psicología analítica de Jung. Es raro, porque mi viejo es un terapeuta freudiano clásico... Hay muchos vínculos entre las teorías de Jung y la astrología. Pensar en la energía arquetípica y en el inconsciente colectivo es un terreno de creatividad muy zarpado. Lo conecto con el trabajo grupal, colectivo, que exige el teatro independiente".

De todos modos, Abadi tiene claro que el foco principal es la actuación. "Yo lo pienso desde hace años como una profesión -argumenta-. Es una decisión de vida. Yo estaba en la secundaria y me imaginaba estudiando una carrera humanística, pero una profesora de teatro del Nacional de Buenos Aires me llamó para una obra y me encontré con un mundo nuevo. Ensayábamos tres o cuatro veces por semana y yo no veía la hora de salir del colegio para ir. Después me anoté en la Universidad Nacional de las Artes (UNA) y, sobre todo, vi actuar a Marilú Marini, algo que me voló la cabeza. La vi haciendo Los días felices en una edición del FIBA y me pasé la mitad de la obra llorando. Me acuerdo de que ese día llegué a casa y le dije a mi papá «Quiero ser actriz». Unos años más tarde trabajé con ella en Tiempos compulsivos y le conté esto. Hicimos una escena juntas en la que yo tenía que llorar. Yo creo que lloré de emoción por estar trabajando con Marilú".

Ajena a la solemnidad, Abadi remarca: "Es probable que los ojos celestes me hayan beneficiado para quedar en Géminis", pero también agrega que "después no se hace una carrera sólo con la belleza ni subiendo fotos ligera de ropa a Instagram". Y de inmediato aclara: "No tengo ningún problema con la gente que explota eso, que vive de su imagen. A mí no me sale naturalmente. Y el viaje de la vida tiene que ver con la autenticidad. Ser feliz es ser lo más auténtico que puedas".

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