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Ocurrencia

Carlos M. Reymundo Roberts
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27 de noviembre de 2017  

El embajador argentino en Austria, Rafael Grossi, contó durante una entrevista por Radio Mitre cómo se había involucrado en el caso del submarino. "Se me ocurrió llamar a la Organización del Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares, que monitorea en forma permanente los océanos, para preguntarles si no habían registrado nada anormal". Deberían sonar las alarmas: la información que brindó ese organismo y que terminó develando el misterio del ARA San Juan es fruto de la ocurrencia de un embajador que está a 12.000 kilómetros del país y que no tiene absolutamente nada que ver con el caso. Dicho de otra forma: se pierde un submarino en el mar y a ninguno de los que trabajaban para encontrarlo (un comité con los mayores expertos, es de suponer) se le ocurrió consultar al organismo por excelencia en el relevamiento de los mares. Con Santiago Maldonado hubo un error de procedimiento también alarmante: su cuerpo apareció a 300 metros de la guardia del Pu Lof, que es el lugar por donde debería haber empezado la búsqueda y que sólo había sido rastrillado una vez, y mal.

"Argentinos, a las cosas", recomendaba Ortega y Gasset. Sí, a las cosas. A las cosas bien hechas.

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