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Buenos Aires 2018: cabalgando por un sueño olímpico

Richard Kierkegaard, Avril Rosso Cuaino, Lautaro Peña y Victoria Santacroce tienen entre 15 y 17 años y compiten por un lugar en los Juegos de la Juventud; sienten presión, pero se apoyan mutuamente como un equipo, pase lo que pase

Domingo 26 de noviembre de 2017 • 22:23
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LA NACION
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En la recta final hacia los Juegos Olímpicos de la Juventud- 6 al 18 de octubre de 2018 en Buenos Aires-, cuatro jinetes buscarán un lugar procurando explotar al máximo sus potencialidades pero que a la vez nos los paralice la responsabilidad, que suele derivar directamente en presión. Se sienten transitando el año más importante de sus vidas. Y quieren que sea disfrutable.

Tras realizar nueve pasadas distribuidas entre los concursos del Club Hípico Argentino, del San Jorge Village y del Haras el Capricho, Richard Kierkegaard (15), Avril Rosso Cuaino (15), Lautaro Peña (15) y Victoria Santacroce (17) son finalmente quienes lucharán entre sí por obtener ese único lugar en la gran cita de 2018, pero, apelando a los valores olímpicos, ya se configuran como un equipo que trabajará para que de ellos surja el mejor representante y el que será apoyado incondicionalmente por quienes no se clasifiquen. Habiéndose ganado un espacio entre los cuatro preseleccionados, estarán desde febrero a las órdenes del brasileño Vitor Alves Teixeira, quien los exigirá en pruebas con caballos ajenos, para ponerlos en situación de competencia olímpica, y luego determinará quién será el único representante argentino.

Aún sabiendo que todavía les queda una etapa muy importante en busca de ese lugar en los Juegos, ayer, en el predio de Capilla del Señor que adornó algunos obstáculos de la pista con los cinco aros del logo olímpico, estos cuatro jovenes jinetes que participaron en la prueba especial selectiva YOG 2018, ya empezaron a contagiarse de lo que podrían llegar a vivir el año que viene. Confesaron, lógicamente, que sienten ansiedad, nerviosismo y presión al saberse compitiendo por un lugar en un evento de semejante magnitud.

Richard Kierkegaard, que heredó la tradición hípica de la familia, fue pura honestidad: "Lo vivo bastante nervioso, pero más que nada ansioso por todo lo que tenemos que pasar para llegar al objetivo. Estoy bastante presionado porque estos Juegos van a ser en la Argentina y todos van a estar pendientes".

Avril Rosso Cuaino, que se entrena durante cinco horas diarias en el Hípico General San Martín, vive esta etapa intensamente, pero intentando disfrutarla: "Para mí ya es un orgullo estar dentro de las clasificatorias. Se siente de todo, expectativas, nervios, ansiedad y presión".

Lautaro Peña, que se inició en el Rancho San Carlos, Córdoba, sueña con estar en los Juegos y se imagina una mezcla inédita de sensaciones: "Vamos a sentir el apoyo de nuestra gente pero a la vez se puede transformar en cierta presión por tener que rendir bien frente a todos".

Victoria Santacroce, que estudiará para ingeniera industrial, siente motivación, pero sabe que, de clasificar, no podrá evitar experimentar algo de presión: "Se van acumulando muchas sensaciones y emociones que a la vez hacen que uno no pueda tal vez dar lo mejor de sí. Nos juega a favor que estamos en casa, pero los nervios que implica una olimpiada nunca van a dejar de estar".

Desde lo institucional garantizan la mejor contención, para que la presión mute en cristalización de sueños. Así lo cree Gregorio Werthein, presidente de la Federación Ecuestre Argentina: "El entrenador sabe lo que es representar a un país y los padres tienen mucha responsabilidad. No nos olvidemos que son chicos de 15, 16 años y hay que ser muy cuidadosos con quien finalmente nos represente y con aquellos que no queden seleccionados. Queremos que todos sean parte del mismo equipo y por eso en la Federación trabajamos siguiendo mucho los valores olímpicos, como fraternidad, respeto, dedicación y perseverancia".

Gerardo Werthein, presidente del Comité Olímpico Argentino, considera que los grandes eventos hacen a grandes deportistas: "La presión es parte de la realidad y hay que acostumbrarse a ella. Y mientras más competencia y roce internacional se tiene, la presión pasa a ser menos importante".

Los Juegos de la Juventud Buenos Aires 2018 eran, hasta hace poco, solo una fecha lejana en el tiempo, y hoy ya están a la vuelta de la esquina, buscando ser un incentivo para la práctica deportiva antes que un factor de presión y frustración. Los cuatro jinetes preseleccionados lo saben, pero no pueden evitar ciertas sensaciones. Aunque las enfrentan, con entusiasmo, seriedad y mentalidad de equipo, pase lo que pase.

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