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Así está el clima en Boca tras una nueva derrota: las reacciones de Guillermo y de sus jugadores en los pasillos del estadio

La mala fortuna quedó en un segundo plano y ahora lo más preocupante es el nivel de los últimos partidos; en el vestuario predominó la sensación de una derrota

Lunes 27 de noviembre de 2017 • 03:44
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Los Mellizos tuvieron un partido aparte
Los Mellizos tuvieron un partido aparte. Foto: LA NACION / Marcelo Manera

ROSARIO.- La derrota con Racing que cortó el invicto de ocho partidos ganados consecutivamente casi no dejó heridas: la grave lesión de Darío Benedetto (se rompió el ligamento cruzado anterior de la pierna izquierda y estará más de seis meses afuera de las canchas) tuvo una mayor importancia. Porque se convirtió en un goleador implacable difícil de sustituir, pero también porque sentían desde adentro que era sólo una derrota mínima e inmerecida y que todo seguiría por el rumbo victorioso. Anoche, en el Gigante de Arroyito, a todo Boca le quedó claro que no es así. Por eso, con el 0-1 volvió el nerviosismo de hace algunos meses.

El clima pasó a ser otro. Ahora no hay nada que preocupe más que la manera en la que superan al equipo, sin hacer grandes méritos en cuanto a las situaciones de gol pero mordiendo con fiereza cada centímetro del campo de juego. Ni siquiera las lesiones tan continuas generan el mismo dolor de cabeza. Aunque Guillermo Barros Schelotto remarque públicamente que no merecen perder ningún partido, que nadie los supera. Así es como los pasillos que llevaban al vestuario visitante estaban colmados de caras fastidiosas, sorprendidas por una inesperada derrota. Desde el técnico, pasando por los jugadores y hasta llegar a la gente encargada de la prensa.

Dejaron en todo momento la sensación de querer irse rápido de Rosario, más allá de que ya sabían que se irían de la ciudad santafecina ni bien terminaba el partido. Edwin Cardona y Gino Peruzzi, que además les tocó salir a la zona mixta a dar la cara, comunicaban eso en sus rostros, en sus miradas a las salidas. La derrota incomodó y los alteró a muchos como hacía rato no se evidenciaba. Así es como Gustavo también se permitió volver a ser el de siempre cuando el equipo ya estaba en desventaja: se la agarró con Fernando Echenique, el cuarto árbitro, cuando éste le pedía que vuelva a meterse en el corralito. "¡Echalo a él también!", gritó enloquecido el Mellizo apuntando a un colaborador de Central, buscando también que el duelo se pique un poco más de lo que ya estaba.

Es que el compromiso no tenía nada de especial, apenas era un partido más del campeonato. No obstante, el condimento caliente siempre está en este partido desde aquella final polémica de la Copa Argentina 2015, en la que Diego Ceballos le dio un penal inexistente a Boca y le permitió salir campeón. Así es como se vio lo que se preveía: muchos roces, discusiones y peleas constantes que terminaron perjudicando al xeneize con la expulsión de Paolo Goltz y la quinta amarilla de Pablo Pérez, un ex Newell's. Ese duelo, el picante, lo ganó el Canalla, así como otra vez consiguió ganar en la cancha: el Mellizo sigue sin poder derrotarlo como entrenador de Boca, perdió el tercero de sus cuatro enfrentamientos en el banco boquense y la entidad de la Ribera sigue sin poder ganar en Arroyito desde hace once años (2-1, con goles de Martín Palermo y Rodrigo Palacio).

La visita tenía todo para poder recuperarse del tropiezo, pero terminaron por caerse. Era el partido que el Mundo Boca quería ganar y una vez más terminaron masticando la bronca contra el rival que siempre se anima a molestarlo. Y, claro, al menos en el xeneize, la pica con Central se sigue estirando.

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