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La nube de datos también cubre al polo

Martes 28 de noviembre de 2017 • 13:43
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El polo no tiene semejanzas con la Fórmula 1, pero podría tenerlas en un futuro. Los ingenieros en boxes reciben información en tiempo real sobre el estado de los autos mientras observan en la pantalla el rendimiento de las máquinas en la pista. La Aguada, todavía en una fase experimental, va al trote hacia la innovación con la captura de datos en plena competencia. Ya tiene en funcionamiento un activo valioso e inédito para la actividad: el latido del corazón de los caballos durante los ocho chukkers de un partido. La ola del big data ya baña los campos de polo.

"Hicimos un dispositivo que se coloca en la montura del caballo y que recorre la cincha hasta llegar al corazón""

Miguel Ayerza, veterinario de La Aguada, acumula desde 1994 más de 60 mil historias clínicas de caballos en la Argentina, Estados Unidos y Europa. Esa información le permitió crear su propio método para el cuidado, la preparación y la recuperación de los caballos. Su decisión de explorar nuevos caminos lo llevó a vincularse a IBM para encontrar un sistema que les permita generar grandes volúmenes de datos que ayuden en la toma de decisiones. En menos de dos semanas idearon de cero un dispositivo para generar y capturar métricas que se alojan en la nube y a la que Ayerza puede acceder en tiempo real desde un smartphone o consultar cuando lo crea conveniente.

"Las analíticas que se generan producen un gran volumen de información que sirve según lo que uno esté buscando. Hasta ahora medía la frecuencia cardíaca de los caballos cuando los recibía a la noche o al día siguiente. Eso permite evaluar su recuperación. Tener esos datos en tiempo real nos permitirá saber la respuesta fisiológica al instante para conocer cómo reaccionan bajo stress y cómo modificar el training o la administración de medicamentos. Hablamos de 56 caballos que pueden llegar a participar en un partido. No es lo mismo jugar con 40 grados que con veinte de temperatura. Son organismos que responden diferente", cuenta Miguel Ayerza en la carpa de La Aguada poco antes de la semifinal contra La Dolfina. El veterinario del equipo entiende que el paso revolucionario puede darse cuando el volumen de los datos pueda conectarse con el monitoreo en pantalla de los caballos: "Tener ese big data mientras se observa el rendimiento de cada cuerpo desde Ustream (plataforma de streaming) en el palenque nos llevaría a medir las respuestas de los caballos en tiempo real como sucede en la Fórmula 1. Ahí es cuando la información se vuelve valiosa". Esta primera experiencia se hizo con seis caballos durante la semifinal.

Implementar todo el sistema es otra historia dentro de la gran historia. No hay antecedentes en el polo. No se trata, tampoco, de recorridos más lineales y definidos como puede darse en una carrera de caballos. "Cuando nos llegó la inquietud de La Aguada comenzamos a trabajar en la creación de sensores para caballos no invasivos y que pudieran atravesar el cuero y el pelaje, ya que la captura de datos es más compleja con animales que con humanos. Nada de eso existía. Hicimos un dispositivo que se coloca en la montura del caballo y que recorre la cincha hasta llegar al corazón. Tuvimos que cubrir de modo inalámbrico toda la extensión de una cancha de 350 x 250 metros. Conectar el dispositivo en seis caballos, generar los datos, enviarlos a un receptor y de ahí subirlos a la nube", detalla Matías Orrico, especialista en tecnología analítica de IBM.

La encargada de crear el prototipo del dispositivo y de "mapear" toda la cancha fue Flexbit, una compañía dedicada a la creación de productos inteligentes que funcionan con la Internet de las Cosas (IOT). Como ejemplo vale citar que fabrican contenedores de residuos que permiten ser monitoreados a distancia para medir su nivel de ocupación y ser vaciados en consecuencia. No utilizaron wifi sino Lorawan, un tendido propio de la IOT que permite armar una red de mucha potencia en un área amplia. Toda esta tecnología fue puesta a disposición de La Aguada-Las Monjitas para conocer la información, hasta ahora invisible, que producen los caballos.

"Las posibilidades que se abren son múltiples. Podemos combinar el rendimiento de los caballos bajo diferentes temperaturas, según la alimentación que hayan recibido, presión atmosférica, tiempo de reposo, sus latidos y la velocidad de cada uno de sus desplazamientos. Se abre otra dimensión también para la cría porque podemos conocer la línea de sangre en diferentes circunstancias y a partir de eso elaborar tendencias. De eso se trata: de conseguir promedios de respuestas a lo largo del tiempo que ayudan a tomar decisiones", describe Ayerza. Un veterinario muy cuidadoso de toda la información acumulada durante décadas y que ahora galopa con decisión hacia la invención de su propia nube de datos.

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