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Estuvo encerrado un año en una jaula, donde lo apodaron "El Malo"; ahora al Negro lo ayudan a sociabilizar

Mordió a un integrante de su familia y por eso lo abandonaron en un centro de zoonosis donde se aisló y volvió agresivo; un grupo de voluntarios apostó por su dignidad y con paciencia y amor lo están ayudando a volver a confiar

Jimena Barrionuevo

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PARA LA NACION
Miércoles 29 de noviembre de 2017 • 00:26
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Había tenido desde cachorro un techo seguro donde dormir, comer y estar acompañado. Pero los años pasaron y su tamaño pronto se volvió un problema para el pequeño departamento donde vivía. La familia había crecido, el espacio en el que humanos y perro convivían se hacía cada vez más chico y llegaron los problemas. "Creemos que se sintió incómodo con tanta gente y tan poco lugar y mordió. Lamentablemente, la opción más fácil que encontraron sus dueños fue llevarlo al centro de zoonosis de Lanús. Ellos no son malos, mala es la vida que algunos humanos le dan", cuenta Alejandra Arroyo. Allí pasó un año entero encerrado en una jaula de 1x1. Nadie pudo tocarlo durante esos doce meses hasta que, por un pedido de un grupo de voluntarias de Zoonosis de ese Municipio, fue trasladado junto con otros once perros a El Campito Refugio, una de las ONGs sin fines de lucro reconocida por ser no eutanásica, y que alberga a 130 perros inválidos, más de 50 ciegos, más de 300 perros ancianos y más de 150 con enfermedades terminales con tratamientos paliativos.

"Para el momento en que el perro estuvo en ese predio, en los zoonosis todavía se mataba y además los animales vivían en condiciones espantosas: jaulas de las que casi no salían, manguereados con agua fría en invierno, mal alimentados, un horror. Cuentan las voluntarias de Zoonosis Lanús que le pusieron Malo porque estaba tan furioso en esa jaula que, cuando te acercabas, te escupía. El Malo de la jaula 3, así lo identificaban entre los que concurrían a asistir a los animales. Era de esperar que hiciera pocos vínculos, eligiendo él con quien hacerlo", explica Sergio Moragues, responsable de Relaciones Institucionales de El Campito.

Ya instalado en el refugio, el Malo estuvo cuatro años en canil general, conviviendo con otros perros. Pero un día tuvo una fuerte pelea con un ovejero que luego se fue en adopción y ya nunca más pudo volver a compartir el espacio. "Cada vez que lo ponían en ese lugar, al final del día, terminaba trenzado con alguno de sus compañeros. Por eso de día estaba en un canil general, y de noche lo poníamos en uno individual. Pero después ni él quería salir y decidió quedarse en el suyo. Tenía un buen feeling con Nani Salgado, la fundadora de Campito, pero era celoso. El solo se te acercaba y se te pegaba a la pierna, pidiendo mimos, pero no se podía acercar nadie porque se armaba", recuerda Moragues.

Volver a confiar

Alejandra Arroyo es la única que puede entrar al canil del Negro
Alejandra Arroyo es la única que puede entrar al canil del Negro.

Fue en ese contexto que empezó el trabajo de hormiga de Alejandra Arroyo para lograr que el animal confiara nuevamente en los humanos y pudiera salir a pasear fuera de su canil. Alejandra había conocido el refugio cuando adoptó una perrita pitbull. Conmovida por el trabajo que los voluntarios hacen con los 750 animales que allí viven, decidió sumarse a la causa y luego hizo el Instructorado canino con especialidad en perros con problemas comportamentales para contar con herramientas que le permitieran colaborar desde otro lugar. Entre otros casos, se involucró con cuerpo y alma en el caso del Malo, que ahora se llama simplemente Negro.

"Todo empezó cuando fuimos con un grupo de voluntarios a hacer una jornada de trabajo al Campito y teníamos que entrar a su canil. Íbamos a buscar perros los días de visita y los sacábamos a pasear y sociabilizar. Ese día lo ignoramos, hicimos lo nuestro y seguimos. Fue en ese momento que conocí un poco de su carácter especial y los motivos por los que estaba en un canil individual. Y lo tomé como un desafío: el Negro tenía que volver a confiar. Me llevó años. Primero pasaba y le hablaba. Luego empecé a entrar a su espacio con comida. Es más, aprendió a sentarse para recibir su premio. Fue un proceso muy lento pero que iba dando sus frutos", explica quien hoy es la tutora del animal.

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Alejandra es una de las pocas personas que pueden entrar al canil del Negro. Víctor, el capataz del Campito y su creadora, Nani Salgado, también tienen un buen vínculo con él. "Se lograron algunos avances con los cuidadores, especialmente con los hombres, con quienes tiene más desconfianza. Pero con Alejandra el Negro se sintió de nuevo seguro como para salir de su encierro porque se había metido para adentro, por decirlo de alguna manera. Vino furioso por el abandono, por vivir en un espacio confinado, y pese a que se hizo todo lo posible por que viva en manada, un día el decidió no salir más de su canil y defendió esa decisión con ferocidad. El valor de Alejandra es lo que le hizo recorrer el camino inverso", asegura Moragues.

Y luego de muchos años de trabajo y entendimiento, llegó el día en que el Negro se animó a salir. El 7 de noviembre pasado fue la primera vez lo hizo. "El me demostró que ese era el día, se sintió seguro. Pasó la puerta de su canil y se quedó sentado. Me miraba y yo entendía su mirada, tan especial. Le dije mamá te va a poner el collar y vamos a salir, quedate tranquilo que no va a pasar nada, mamá te cuida, vos portate bien", cuenta emocionada. Y así fue la primera experiencia de este perro adulto al que le calculan unos nueve o diez años, luego de una vida casi en solitario.

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Alejandra Arroyo, Sergio Moragues y Nani Salgado lo saben: el Negro es un animal tan especial que no se va a ir en adopción. Por eso su desafío es hacer la estadía en el refugio cada vez más llevadera y tranquila. "Espero que cuando llegue el momento de acompañar su vejez pueda ser en mi casa. A mí me costó años el vínculo que hoy tenemos, no fue fácil y no podemos correr el riesgo de que lastime a alguien. Sé que terminará sus días en un hogar, ojalá sea el mío. Así lo deseo", concluye con lágrimas en los ojos una de las tantas voluntarias que nunca se rinden para recuperar a un perro, ni nunca renuncia a la ilusión de darles un hogar, aunque sea por poco tiempo.

Instantáneas del día en que el Negro se animó a salir de su canil
Instantáneas del día en que el Negro se animó a salir de su canil.
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