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Lanús ya nunca olvidará su identidad

Miércoles 29 de noviembre de 2017 • 23:09
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El desconsuelo de Lanús
El desconsuelo de Lanús. Foto: @TNTsports

Describir la noche de Lanús será el garabato del poeta melancólico. El puñetazo sobre la mesa cuando se despide la Luna. O, acaso, las estrofas del cantautor que de la tristeza hace una obra perfecta. Hay consuelo en las lágrimas. Claro que sí. Porque el humilde que se sintió gigante se dio la nariz contra el piso contra un equipo infinitamente superior en la revancha: Gremio, que hizo valer la experiencia, la variedad de recursos y la evidente fragilidad de un adversario de la que pocos supieron sacar provecho. ¿Tiene que sentirse dolido Lanús? Claro que sí. Porque quién sabe cuándo tendrá una oportunidad tan grande para consagrarse en el máximo nivel continental. ¿Puede sentirse tranquilo Lanús? Por supuesto que sí. Hizo todo lo que pudo. Lo que le permitió la mente, el cuerpo y el corazón.

De algo más puede estar seguro y orgulloso: mantuvo la identidad hasta el final, incluso en los peores momentos. Lanús siempre fue Lanús. Para bien y para mal. Tan fiel como testarudo. Y vaya que fue cabeza dura en varios momentos de la Libertadores. Todos sabían que así sería. Almirón, el ideólogo de un plan perfecto en la teoría, pero que en la práctica lo hacía ver como soñador utópico, se hubiera ido antes de resignar la idea. Así consiguió lo que parecía imposible: que un equipo sin tanto presupuesto como los poderosos jugara bien, se defendiera bien y, sobre todo, ganara. Estaban convencidos los dirigentes. Lo conocían los jugadores. Y lo aplaudían los hinchas. En realidad, incluso en la cruda noche del 29 de noviembre, todos los aplaudieron.

Lanús sólo entró en crisis deportiva una vez durante estos últimos dos años: anoche. Ni siquiera se sintió perdido en la serie contra River, en la que revirtió un 0-3 cuando la misión parecía en vano. Pero ante Gremio faltó ese espíritu rebelde que otras veces sobrevoló por Arias y Guidi. Sólo Sand, el joven-viejo de 37 años fue casi el único que entendió qué había que hacer y qué dejar en la cancha. El resto se movió alrededor de él e hizo lo que pudo.

¿Se cometieron errores? Seguro. Dos muy puntuales. Lanús jamás tuvo recambio para Román Martínez, de bajísimo nivel en buena parte del campeonato, ni para José Luis Gómez, el lateral que nunca fue el mismo desde que volvió lesionado de la selección. Los granates siempre estuvieron a punto de quedar afuera por las fallas por el costado derecho. Y anoche así, en buena parte, se despidieron del trofeo. También quedará el disgusto de haber traído dos refuerzos en la defensa que estaban inhabilitados para jugar la Copa Libertadores: Ignacio Canuto y Leonel Di Plácido, que ya habían jugado el actual certamen para Atlético Tucumán.

Lanús aprendió. Vaya si aprendió. Anoche despidió a sus jugadores entre lágrimas y con aplausos. En otros tiempos todo hubiera sido insultos. El plantel -excepto Sand- se quedó para reconocer al campeón. No tan atrás hubiera aflorado el escándalo. Sirve. Todo sirve.

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