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Copa Libertadores: José Sand, el delantero indomable que sigue rompiendo récords a los 37 años

A pesar de la derrota frente a Gremio, Pepe se convirtió en el delantero más grande en marcar un tanto en la final y en ser el máximo goleador del torneo

Jueves 30 de noviembre de 2017 • 08:00
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Pepe Sand y la tristeza de haber perdido la final
Pepe Sand y la tristeza de haber perdido la final. Foto: FotoBAIRES

Será difícil quitar la tristeza. Cada protagonista lo asimilará de la manera en que mejor le salga. Por su recorrido, por su historia y por su romance con Lanús, a José Sand posiblemente le lleve un tiempo prolongado digerir la caída frente a Gremio en la final de la Copa Libertadores. Pero cuando el disgusto de paso a la tranquilidad por el deber cumplido, Pepe tendrá varios motivos para valorar. Con 37 años y 135 días, se convirtió en el delantero más grande en marcar un tanto en la final y en ser el máximo goleador del campeonato. En esta competición, el atacante fue el único en marcar nueve.

En el primer rubro, el correntino superó a Julio César Abbadie (anotó para Peñarol con 35 años y 249 días en la final de 1966). En el segundo, dejó atrás a Nicolás Olivera (35 años y 351 días) y se transformó en el futbolista más veterano que se proclamó máximo goleador de una edición del torneo más prestigioso del continente.

Pepe Sand fue el N° 9 de Lanús desde que llegó. A mediados de 2007, el club del Sur se la jugó por él y le pagó a River alrededor de US$ 1.500.000 por el pase. Hasta entonces el delantero había girado por varios clubes sin haber podido afincarse en ninguno. Fue el gesto que Sand más valoró al principio: por fin alguien se la jugaba por él. Y cuanta razón tenía... salió campeón en el Apertura 2007.

Pepe lleva dos etapas en Lanús. En 2009 fue vendido por una fortuna al fútbol de Emiratos Árabes (Al Ain). En el exterior también pasó por Deportivo La Coruña y Tijuana (México). Se lo extrañó desde que se fue y varias veces amagó con el regreso. Pero no pudo ser inmediato. Es más, él eligió a Racing por encima de los granates en 2012, cuando parecía que la vuelta estaba encaminada. A partir de entonces empezó el derrotero de Sand, al que, por momentos, se lo vinculó más con un ex futbolista que con un goleador en vigencia. Deambuló por Tigre, Argentinos, Boca Unidos (Corrientes, en la B Nacional) y repuntó en Aldosivi.

El deseo de volver era tan grande como la frustración cada vez que Lanús no lo buscaba. Ni que hablar cuando, de la mano de Guillermo Barros Schelotto, el club granate contrató a Santiago Silva, ex goleador de Banfield, en 2013. Ahí creyó que todo estaba perdido.

Pepe Sand y la tristeza de haber perdido la final
Pepe Sand y la tristeza de haber perdido la final. Foto: Télam

Pero la oportunidad cayó de repente a fines de 2015. Fue en diciembre cuando lloró por la vuelta en plena conferencia de prensa. Y fue en junio del año siguiente cuando volvió a llorar por otra vuelta... la olímpica, en el Monumental, en una final a todo lujo frente a San Lorenzo. El resto está más fresco en la memoria. La Copa Bicentenario y la Supercopa también quedaron en su currículum. Después llegaría esta Copa Libertadores inolvidable.

Muchos no lo saben, pero Pepe también debió ganarse la confianza del entrenador Jorge Almirón, que al principio no lo veía como la primera alternativa para la titularidad. El mismo Almirón lo reconocería tiempo después: "Yo tenía mis dudas. Fue todo mérito de los dirigentes la vuelta de Sand. Lanús es su casa. Es evidente todo lo que significa para los hinchas".

A los 37 años, Sand lleva en Lanús 153 partidos y 108 goles. La estadística confirma que el correntino se siente cómodo como en ningún otro lado."Necesitaba esto. Había dudas y estoy más vivo que nunca, entrenando cada vez mejor", dice el N° 9. Pero igual aclara que si, por algún motivo, tuviera que irse de Lanús en breve (el contrato vencerá en junio de 2018) seguiría una temporada más en Boca Unidos, el club de su provincia.

En el desenlace de la final de anoche, Sand prefirió no vivir la coronación de Gremio y se retiró llorando al vestuario. Un rato después, pasada la medianoche, se dirigió al playón de estacionamiento del estadio en busca de su familia: en sus ojos todavía brillaban más lágrimas. Se disculpó ante los medios por no realizar declaraciones y se tomó fotografías con cada simpatizante que se lo pidió. Del lado de los hinchas, varias veces, sólo se escucharon dos palabras: "Gracias, Pepe".

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