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Godless, un violento western que se puede ver en Netflix

Nuestra opinión: muy buena

Viernes 01 de diciembre de 2017
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LA NACION
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Michelle Dockery, en un Oeste sin ley
Michelle Dockery, en un Oeste sin ley. Foto: Netflix

Godless / (EE.UU./2017) / Guión y dirección: Scott Frank / Fotografía: Steven Meizler / Edición: Michelle Tesoro / Música: Carlos Rafael Rivera / Dirección de arte: Carlos Barbosa y David J. Bomba / Elenco: Jack O'Connell, Michelle Dockery, Scoot McNairy, Jeff Daniels, Whitney Capaz, Thomas Brodie-Sangster, Sam Waterston, Merritt Wever, Jeremy Bobb / Producción ejecutiva: Scott Frank y Steven Soderbergh / Disponible en Netflix / Nuestra opinión: muy buena

Lo primero que se aprecia en Godless es que Scott Frank leyó y entendió muy bien Los imperdonables. Esta nueva miniserie de Netflix puede verse como una derivación virtuosa del último western de Clint Eastwood, probablemente la versión definitiva del género si utilizamos la fórmula de Francis Fukuyama sobre el fin de la historia. Con Los imperdonables tal vez concluya la historia del cine del Oeste, pero todavía es posible decir muchas cosas si estamos atentos a las múltiples ramificaciones y significados de aquella película. Frank retoma aquí una de las líneas maestras planteadas por Eastwood: la violencia extrema y sin sentido funciona casi como un fin en sí mismo, por lo que sólo puede ser derrotada por más violencia y recién allí alentar un nuevo comienzo. En este escenario, la vieja épica del western se desvanece.

La otra vía a la que recurre Frank es la del relato policial contemporáneo narrado en clave ontológica, al estilo de True Detective y The Night Of, entre otros. Esa referencia profundiza las preguntas existenciales sobre la violencia planteada desde el vamos en Godless, cuyo tiempo y espacio (estamos en 1884 y en Nuevo México, un Oeste conquistado, pero todavía sin ley aceptada por todos) además suma otro elemento insoslayable: el mensaje religioso. No es casual que la historia arranque con las huellas de una masacre mientras la cámara registra en una virtuosa y fantasmagórica toma aérea la cúpula de la iglesia de una ciudad destruida y el primer plano de su cruz.

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Estas dos improntas convergen del modo más lúcido en la intrincada trama de Godless. El líder de una sanguinaria banda de asesinos y ladrones quiere encontrar a uno de sus ex integrantes, que en apariencia escapó con un botín. Este hombre, todo un misterio, se refugia en el rancho de una viuda de la que se dice que atrae la mala suerte.

Como en una tragedia griega que está por repetir su desgraciado destino, ambas fuerzas van camino a encontrarse en un pueblo minero que se quedó sin hombres por un accidente y ahora es manejado por sus viudas. Y también está el sheriff de ese lugar, irónicamente llamado La Belle, que trata de redimir sus culpas antes de que sea demasiado tarde para él.

Los temas de Godless son muchos: la codicia, la resignación, la justificación de la violencia, la difusa comprensión que adquieren el bien y el mal en una sociedad en la que la vida vale bien poco. Frank tiene la habilidad de dejarlos bien a la vista sin subrayados, mientras juega en el tablero con múltiples fichas, los protagonistas de esta gran historia coral. Son muchos, pero no hay ninguno ocioso. Todos ocupan un lugar clave y cada uno aporta lo suyo también para la configuración de una segunda dimensión del relato. Además de una historia sobre la caza del hombre por el hombre en un espacio sin reglas, Godless se pregunta por las razones que llevan a un puñado de seres humanos a elegir una nueva vida en un lugar donde es mucho más fácil (y hasta legítimo) morir que permanecer con vida.

La puesta en escena, los rubros artísticos y las interpretaciones son magníficas, a excepción del insípido Jack O'Connell. Sólo podría reprocharse cierta propensión a estilizar escenas en clave dramática. Los estados de ánimo aquí se explican por sí mismos. No hace falta recargarlos.

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