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El conocimiento base de la sustentabilidad de América Latina

Inés Aguerrondo

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PARA LA NACION
Sábado 02 de diciembre de 2017 • 00:54
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Resulta una buena noticia la declaración de que la educación será uno de los ejes temáticos de la agenda del G20 del año próximo. Apoyamos la declaración de los líderes mundiales acerca de que "una educación de calidad servirá para reducir la desigualdad", y que "la educación y el empleo deben ir en armonía con procesos de innovación y digitalización". Pero lejos de tranquilizarnos estas declaraciones nos llenan de inquietud. ¿Hasta dónde se animarán los ministros del G20 a plantear el tema a fondo? ¿Hasta dónde serán capaces de proponer el camino disruptivo que hoy se sabe que es necesario para dar respuesta a los desafíos que presentan los cambios sociales, económicos y culturales que se están viviendo? ¿Cómo se pasa ordenadamente de una propuesta organizativa y pedagógica de distribución de conocimiento, muy eficaz y exitosa pero nacida y desarrollada con las reglas de juego del siglo XIX, a una respuesta adecuada para las demandas del siglo XXI? ¿Cómo se transforma un sistema educativo analógico, centrado en la enseñanza, en un sistema para el mundo digitalizado, centrado en el aprendizaje? ¿Cómo pueden garantizar las sociedades del G20 oportunidades de aprendizaje de calidad para todos a lo largo de toda la vida? En la era del conocimiento que hoy ya nos rodea, un país, una región, para ser sustentable en el medio de la globalización, necesita ser capaz de distribuir el conocimiento válido (del Siglo XX/XXI) a todos sus habitantes. Porque aun cuando la función generación/distribución/aplicación de conocimiento existe en toda sociedad, en la sociedad del conocimiento tiene mucha más centralidad. Es que el conocimiento se ha transformado en un bien de cambio.

Más allá de las declaraciones sobre la necesidad de educación de calidad con equidad, que son absolutamente válidas y nos dejan contentos a todos, encarar este camino supone las turbulencias más abruptas. En la Argentina vivimos una realidad de sistema educativo con ciencia y organización del SXIX, legislación laboral docente de mediados del SXX, y retos del SXXI. La distancia entre las demandas de conocimiento de la sociedad industrial y las de la sociedad del conocimiento es sideral. Tan distinta y tan distante como las producidas en otros ámbitos de la sociedad que, como han ido mutando más suavemente, han producido menos desacomodos y reacciones que los que se producen al pensar en los cambios en la educación.

Todo esto es lo que hace interesante e importante este espacio que se abre en la agenda del G20. La importancia y la urgencia de la temática apelan a aprovechar esta ventana de oportunidad para acordar estrategias posibles, superadoras de los imposibles que hasta ahora se han planteado. La realidad de un mundo diverso demanda respuestas creativas capaces de hacerse cargo de los imposibles históricos: presupuestos restringidos, amplia diversidad cultural, sistemas normativos poco flexibles, Estados pensados para administrar enfrentados con la necesidad de gestionar fuertes transformaciones sociales. Las respuestas a los interrogantes que se presentan no son simples pero sí urgentes. No es suficiente pensar en escenarios futuros sino que es preciso conceptualizar y acordar la forma de cambiar los sistemas actuales de modo específico y profundo. Estamos frente a una coyuntura histórica, una ventana de oportunidad que, como tal, una vez que pasó no vuelve. Serán estos líderes, agrupados en el GTE (Grupo de Trabajo sobre Educación) los que deberán dar las líneas para realizar este tránsito.

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