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Mundial Rusia 2018. Ganarle a la Cenicienta para que el grupo no se convierta en una trampa

Viernes 01 de diciembre de 2017 • 14:05
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Fue como pararse frente al espejo, el sorteo le devolvió a la Argentina una dosis de su actualidad: ambigüedad. Ni festejos ni lamentos. Ni temores desmedidos ni confortable relajación. Un punto intermedio que la obligará a estar al acecho. Será saludable que el equipo de Jorge Sampaoli se sienta desafiado mientras busca consolidar identidad y funcionamiento. Es un grupo incómodo, más allá del debut ante la Cenicienta Islandia. Y traicionero por las propias debilidades argentinas. Debe crecer la selección para no sufrir con el sorteo en el Kremlin.

Pudo ser peor, España y Suecia hubiesen sido traumáticos adversarios. Pudo ser mejor, Suiza, Irán y Arabia Saudita hubiesen desatado una sonrisa. Por eso el punto intermedio que debe activar la desconfianza. Islandia es un conjunto tan rocoso como valiente, y desprovisto de complejos. Croacia cuenta con varios de los mejores volantes del mundo y está en condiciones de plantarse en un pie de igualdad. Y Nigeria es tan desconcertante que la vuelve peligrosa. El paso obligatorio será ganar en el estreno ante los vikingos, en Moscú, para que la marcha no se cargue de urgencias.

No le tocó ser cabeza de serie del Grupo B, el mejor por cuestiones logísticas. Ni del H, la segunda opción. Pero tampoco cayó en el G, en el C o en el E, los indeseables. Fue el D, para subrayar la idea de que la Argentina quedó flotando entre deseos y temores, entre ventajas y debilidades. Como el equipo, que por ahora habita en la expectante dimensión de las insinuaciones. De su evolución como propuesta colectiva dependerá la lectura definitiva del sorteo.

Después, se desatan los sueños. Proyectar el recorrido por la Copa del Mundo, siempre que la selección gane su grupo, se vuelve atrapante. El cruce en octavos invitaría al optimismo: Dinamarca, Australia o Perú, siempre que Francia gobierne la zona C. ¿Y después? Naturalmente, crece la tensión: en cuartos podrían esperar España, o Portugal o Uruguay. Solamente a partir de las semifinales aparecerían Brasil o Alemania. Pero no conviene adelantarse, subestimar a los tres primeros adversarios sería un paso en falso. La selección no está en condiciones de menospreciar a nadie.

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