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Brito, el banquero de la política

Tiene que llegar a su fin la era de los empresarios que cortejan al poder de turno para hacer negocios poco o nada transparentes a costa del Estado
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2 de diciembre de 2017  

El banquero Jorge Horacio Brito solicitó ante la Comisión Nacional de Valores licencia como presidente y director del Banco Macro. Se trata de una medida inusual, que el propio empresario justificó por la necesidad de "preservar a la entidad de los ataques de los que está siendo objeto en el orden personal". Es un cínico argumento que suele escucharse con frecuencia estos días en boca de ex funcionarios y empresarios que por primera vez tienen que rendir cuentas ante la Justicia.

Brito ha negado ante el juez federal Ariel Lijo -quien tendría que haberse excusado de intervenir en el caso por ser amigo del banquero- la vinculación con el caso Ciccone, sobre la que atestiguó Alejandro Vandenbroele tras acogerse al régimen legal del arrepentido. Este presunto testaferro del ex vicepresidente Amado Boudou declaró que Brito y Raúl Moneta habían capitalizado la imprenta para sacarla de la quiebra operando detrás de la pantalla de la firma The Old Fund. Y agregó que Brito pagó los honorarios de su abogado y que le otorgó una mensualidad para que no rompiera el silencio que mantuvo durante tanto tiempo. Estas afirmaciones de Vandenbroele expondrían a Brito a ser imputado por un nuevo y grave delito: obstrucción a la Justicia.

Jorge H.Brito, un banquero cuestionado
Jorge H.Brito, un banquero cuestionado Fuente: Archivo

Los dichos de Vandenbroele deberán confirmarse con más pruebas. Investigaciones periodísticas publicadas hace años también se referían a la muy posible vinculación de Brito con el sonado caso de la imprenta de billetes. Una financiera, la Cooperativa de Crédito Marítima del Sur Limitada, cumplió un importante papel para pagar las deudas de Ciccone por medio de The Old Fund. De acuerdo con el Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (Inaes), organismo que regula a las cooperativas, esa entidad financiera "habría realizado una mera intermediación entre el Banco Macro y sus asociados, debido a que contaba con un escaso capital social que no le permitiría acceder a los volúmenes de los préstamos solicitados, recibiendo los fondos de las cesiones de los valores en el Banco Macro".

Lo importante es que quizá por primera vez el poderoso y hasta ahora intocable Brito debe brindar explicaciones en un caso de corrupción luego de haber procurado y logrado los más estrechos lazos con el menemismo primero y con el kirchnerismo después, mientras en forma paralela crecía su imperio y su banco llegaba a convertirse en una de las principales entidades bancarias privadas del país.

Esa rápida escalera al poder comenzó con una modesta financiera en 1976. Diez años después, él y sus socios compraron Macro Compañía Financiera, vinculada con importantes figuras del radicalismo de entonces. Poco antes del arribo de Carlos Menem a la presidencia, el Macro se transformó en banco mayorista, y un gran paso adelante fue la relación de Brito con el ex cuñado de Menem, Emir Yoma. Curtiembres Yoma recibió préstamos de los bancos Nación, Provincia de Buenos Aires, Ciudad y Macro, pero al único al que le pagó fue al Macro.

La compra de bancos provinciales privatizados apuntaló el crecimiento. Sobre todo por los generosísimos contratos suscriptos con varios gobiernos de provincia, en la mayoría de los casos gracias a la proximidad con gobernadores actuales y pasados. Cuando asumió, Néstor Kirchner menospreciaba a Brito y así lo manifestó. Brito había apostado al triunfo de Menem, pero pronto logró ganarse la confianza de Kirchner. La Asociación de Bancos de capital nacional (Adeba), que comandaba Brito -hoy se encuentra al frente un hijo suyo-, ofreció créditos para obras públicas por 160 millones de dólares. Brito volvía a estar aliado al poder.

Julio De Vido fue uno de sus principales allegados. Pero el centro de su atención parece haber estado siempre en la Anses. Allí trabó con Sergio Massa una amistad que dura hasta estos días. Gracias a Massa conoció a Boudou. Esta proximidad con el sistema previsional fue denunciada en 2014. La Anses habría adquirido, bajo el mando de Boudou, títulos con los que tendría prohibido operar. Fue a través de varias sociedades, entre ellas, Facimex. Es la misma que recibió fondos desde Uruguay de una firma fantasma para la compra de Ciccone. La denuncia las relacionó con Brito. Pero Lijo no avanzó en esta línea. Como antes tampoco había avanzado Norberto Oyarbide frente a testimonios similares. Esas complicidades de la Anses con el Banco Macro continuaron bajo la gestión de Diego Bossio, sobre todo por el generosísimo régimen de depósitos con el que se benefició a ese y a muy pocos bancos.

El crecimiento del banquero tuvo en esta cercanía o sociedad con el poder político una de sus claves. Las influencias que fue acumulando incrementaron su propio poderío y capacidad de maniobra en detrimento de competidores que no establecen alianzas espurias con los distintos gobiernos. En el caso del kirchnerismo, esa proximidad fue tan intensa que los informes de la embajada de los Estados Unidos, que trascendieron en el año 2010 en la operación WikiLeaks, lo denominaban "el banquero de Néstor".

Esa alianza que significó muchísimo para Brito y su imperio también puede significar el comienzo de su ocaso. Vandenbroele sostuvo que Brito le pagó para que no hablara y el fiscal entendió que esto implicaba un claro intento de obstaculizar la Justicia, por lo que le pidió al juez que tome las medidas necesarias para que no entorpezca la investigación. Similar acusación pesó sobre Boudou y motivó su prisión preventiva. Fue en la misma causa, Ciccone, y con el mismo juez, Lijo.

El kirchnerismo no inauguró pero sí llevó a extremos impensables una forma de hacer negocios ilegales a costa del Estado, y muchos los realizó con la complicidad de empresarios privados que también se beneficiaron. Brito encarnó junto a José Luis Manzano, Enrique y Sebastián Eskenazi, Eduardo Eurnekian, Carlos Wagner, Sergio Szpolski, Osvaldo Acosta y Gerardo Luis Ferreyra, entre otros, esa clase de empresarios que son verdaderos cortesanos del poder, especializados en hacer negocios poco o nada transparentes con el Estado.

Semejante manera de prosperar forma parte de una Argentina que debiéramos dejar atrás.

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