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No se trata de cómo ni cuánto ni dónde, sino tan sólo de correr

Carreras grandes y chicas se replican en todo el mundo; la premisa a imitar: romper barreras para unir la elite con los amateurs

Foto: Fernando Mengoni, de Guía KMZero
Domingo 03 de diciembre de 2017 • 00:43
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Ya no extraña adjetivar con la palabra multitud al gentío de corredores que, cada fin de semana, se suman a las múltiples carreras pedestres que hay a lo largo y a lo ancho de la Argentina. El calendario se comprime, es cierto, con pruebas de calle y de montaña (el llamado trail running). Lo bueno, cada vez más personas suman a sus vidas el buen hábito de hacer deporte. Lo malo, la superposición de fechas, muchas veces, atenta porque impide que buenas propuestas tengan una vasta cantidad de participantes. Y en todo esto, por suerte, aparece la pista con sus religiosos adeptos que, en los últimos años, empezaron a recibir a atletas amateurs que se liberan de los prejuicios (propios y ajenos) y se le animan a ese óvalo de 400 metros.

Esto se explica desde una pregunta muy sencilla: ¿Por qué corremos? Los múltiples motivos de esa interpelación son los que motivaron cada una de las experiencias que LNCorre desarrolló. Desde la primera a la última. La sexta, la del sábado 25 de noviembre con sus 8k competitivos y sus 3k participativos, logró la confluenciade atletas de elite y amateurs en lo que se denominó la Fiesta del Running. Desde la imprescindible Marita Peralta, que con sus 40 primaveras, sigue motivando hasta la joven Belén Casetta, olímpica como Marita y reciente mundialista. Desde Joaquín Arbe, el ganador de la prueba competitiva, o el inspirador José Santero hasta Carolina Cordera, la última en cruzar el arco de llegada. Entre ellos, un río de corredores, como bien describió Daniel Arcucci una página atrás, representan una respuesta que se impone contundente: "Corremos porque nos hace bien, corremos para sentirnos mejor, corremos para superarnos". El running, moleste o no a los ortodoxos, llegó para quedarse. Es inevitable. El marketing, con su prepotencia, colaboró en gran medida para que esta actividad se multiplicara a nivel planetario y se convirtiera, acaso, en la más democrática del mundo. Ya no son sólo los Grandes Maratones del mundo (Nueva York, Boston, Chicago, Londres, Berlín y Tokio) las que reciben a miles y miles de corredores, sino que, por caso, apenas a 13 horas de vuelo, desde Buenos Aires se puede llegar sin escalas a Nueva Zelanda, para correr la Air New Zealand Marathon y disfrutar de un paisaje de ensueño donde se filmó la trilogía del Señor de los Anillos. Aquí y allá, la respuesta echa por tierra cuestiones idiomáticas para que cada corredor, más allá de su nivel, siga rompiendo barreras. Sobre todo, las propias que suelen combinar, a veces, el temor a correr. Correr es el deporte más fácil de todos suele escucharse. A aquellos que así piensan, sería bueno invitarlos a que se calzaran un par de zapatillas y transformen en hábito la disciplina de dar un paso y otro y otro...

En definitiva, no se trata de repetir mensajes con falsos axiomas que postulan correr como la salvación o que hacerlo nos convierte en mejores personas. Eso está, como la sangre o el color del pelo, en el ADN de las personas. No se compra ni se alquila, se tiene. El punto sería, tal vez, intentar ver más allá de esa supuesta grieta, en la práctica inexistente, entre el running y el atletismo, para tomar esta gran oportunidad e impulsar a todos: desde los que apenas trotan hasta quienes, literalmente, vuelan.

Casetta, ganadora de los 8KLNCorre
Casetta, ganadora de los 8KLNCorre. Foto: Santiago Filipuzzi
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