Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Diego Schwartzman: "Compita a lo que compita, trato de ganar como sea"

Un viaje a la intimidad del tenista con mayor proyección; a los 25 años, afirmado en el circuito, recuerda los tiempos difíciles y se confiesa: "Todavía me cuesta manejar la presión"

Domingo 03 de diciembre de 2017
SEGUIR
LA NACION
0
Diego Schwartzman repasa las páginas de La Nación con sus logros tenísticos
Diego Schwartzman repasa las páginas de La Nación con sus logros tenísticos. Foto: Jorge Bosch

De chico, Diego Schwartzman era un demonio. Silvana, la mamá del 26º del circuito ATP, hoy sonríe al recordar que el menor de sus cuatro hijos una vez le arrojó una tijera en la cara al mayor, Andrés. "Lo podría haber matado, te juro", rememora, más aliviada que en aquel momento. "De chico era terrible, es cierto. En todos los aspectos. Cuando jugaba al tenis les tiraba raquetazos, botellazos y sillazos a otros chicos. También me volvían loco, es verdad, porque yo era el más chico. Pero también tenía un poco de alma de destructor. En Náutico Hacoaj, el club donde me formé, muchos se van a enterar al leer esto, pero había una zona de bicicletas y, a los cinco o seis años, iba y pinchaba las ruedas o les sacaba partes. Después, en la misma época, una vez fuimos a cenar a la casa de mis abuelos y escondí las llaves de los autos. Estuvieron horas buscándolas porque yo no dije nada", repasa el Peque, con picardía, durante su visita a la redacción de la nacion, después de la mejor temporada de su carrera, en la que alcanzó su ranking histórico más valioso (25º), fue por primera vez cuartofinalista de un Grand Slam (US Open) y de Masters 1000 (Montecarlo y Canadá), y superó a dos top ten (Dominic Thiem y Marin Cilic).

Schwartzman (25 años) hoy está muy bien afirmado en el tenis de alto nivel. Pero no siempre fue así, al contrario. Los comienzos fueron muy difíciles y austeros, por las dificultades económicas de su familia y por los obstáculos deportivos y de su baja estatura. "Muchas veces me ponía mal porque yo quería viajar a la gira COSAT, que eran los torneos más importantes, y no podía. Me ponía triste en el momento, pero al rato se me pasaba. No me sentía bien. Pero te vas haciendo más responsable y consciente de chico, vas cuidando y valorando todo mucho más", confiesa el jugador de 1,70 metro. Y detalla los momentos de ciertas limitaciones: "Mi familia había estado muy bien económicamente antes de los '90, tenía negocio de indumentaria y de bijouterie, pero después se fundió por completo. Hubo que vender todo. Yo estaba recién nacido [en 1992] y mucho no me daba cuenta. Después, se fueron acomodando. Era muy difícil jugar al tenis teniendo una familia de clase media y viviendo en el fin del mundo, porque la Argentina está lejos de los torneos más importantes. Éramos cuatro hermanos, todos íbamos el colegio, todos queríamos hacer un deporte. Entonces, mi vieja me acompañaba a los torneos y para ganar algo de plata y poder viajar, vendía pulseras y mi viejo [Ricardo] también se mataba laburando. A mis viejos y a mis hermanos les debo mucho. Muchas veces puede haber peleas internas y momentos feos cuando las familias no están bien económicamente, pero por suerte yo no lo sentí nunca. Siempre estuvieron muy encima mío y hoy también tenemos una relación espectacular".

-Cuando hoy jugás en el primer nivel, ¿se te cruzan aquellos momentos difíciles por la cabeza?

-No tanto, porque no me hicieron sentir que estaba mal. Un montón de veces sabía que no podía viajar a un torneo junior porque no había plata o porque la Asociación en aquel momento apoyaba a los primeros tres o cuatro, y yo estaba un poco más atrás. Muchas veces íbamos a hoteles con toallas rotas o habitaciones en las que abrías la ducha y se inundaba todo. Pero muchos argentinos pasamos por esa situación con tal de empezar a jugar; en ese momento era duro porque sos chico y querés lo mejor. Pero también te ayuda. Después tuve la suerte de que se hicieron muchos Futures cuando tenía 16 años y me ayudaron para crecer.

-¿Esta temporada lograste más de lo que pensabas?

-No sé si es más de lo que soñaba. Pero hace varios años que vengo buscando más objetivos, trabajando fuerte y manteniendo un equipo, buscando perfeccionarme. El año pasado había terminado entre los mejores 50, había ganando mi primer titulo [Estambul], la segunda parte de 2016 había ganado muchos partidos. Entonces, eso me dio mucha confianza para empezar este año con todo y además logré una regularidad a lo largo del año.

-Diste un salto desde la preparación física. Tuviste más resistencia y eso rinde dividendos, ¿verdad?

-Sí, sí, porque llega un momento en el que los detalles son mínimos y las diferencias pueden ser desde lo mental, lo físico o con algún golpe. Cuanto más arriba estás en el ranking, la diferencia es aun más chiquita. Lo físico me ayudó este año para poder mantener una intensidad alta durante los partidos y gracias a eso pude ganar mucho.

-Precisamente uno de tus modelos, David Ferrer, es un jugador que nunca da una pelota por perdida y juega a una alta intensidad durante muchas horas.

-Ferrer es una de las personas a las que sigo, admiro y, como además es un jugador bajo, encuentro alguna similitud y trato de ver cómo compite. Yo, compita a lo que compita, dentro o fuera de la cancha, trato de ganar como sea y creo que a Ferrer se lo ve así: todos los puntos los quiere ganar sin importar cómo vaya el partido y es un pensamiento que me gusta. No quiero perder ningún punto, ningún game, y está bueno poder mantener esa filosofía y seguir a los que tienen esa forma de competir.

-La baja estatura es un handicap para el saque, pero tenés una de las mejores devoluciones del mundo. ¿Cuánto te ayuda saber que cuando viene el saque rival no necesariamente es un problema?

-Me da mucha confianza. Mi saque lo he mejorado mucho en los últimos años y en las canchas rápidas o bajo techo, que es donde más me gusta jugar, siento que puedo hacer daño. La devolución siempre fue un arma que tuve desde muy chico, justamente por saber que el saque no iba a ser mi fuerte. Es una parte del juego que me gusta mucho, que me gusta practicarla. Es fundamental poder mantenerlo en el tiempo. El winner de devolución es lo más lindo que hay. Hay muy buenos sacadores en el circuito y que después de un gran saque pierdan el punto o se tengan que poner a defender, me divierte mucho, me sube mucho la confianza. Son tiros difíciles, por eso es placentero cuando salen.

-¿Qué te aportó Chela como entrenador?

-Él no había entrenado a ningún tenista. Yo había cortado después de cinco años con Sebastián Prieto, estaba en un impasse, no sabía muy bien para dónde ir, si era con un entrenador experimentado o nuevo. Zabala [Mariano Zabaleta] y Pico [Juan Mónaco] me dijeron que lo buscara a Juan Ignacio, que tenía ganas de empezar a viajar y meterse en el tenis. Lo busqué y lo que pretendí desde el primer momento fue que me enseñara mucho de lo que hizo en su carrera, con un tenis de mucho trabajo y sacrificio.

-La relación entre el tenista y el coach es curiosa. En el fútbol, por ejemplo, el jefe es el DT; pero en el tenis, es el tenista, pero recibe órdenes de "su empleado".

-Sí, es raro. Creo que es la única relación que hay en la que el jefe le hace caso al empleado, entre comillas. Obviamente yo le pago sus honorarios y los viajes, pero después vamos y él, el preparador físico y el fisio me dicen qué es lo que tengo que hacer. Me cagan a pedos y yo les pago (sonríe). Tengo mi carácter, pero intento encontrar un punto medio porque me gusta disfrutar de las cosas, no me gusta pasarme de rosca en ningún ámbito: ni en la comida, ni en los entrenamientos, siempre trato de disfrutar desde mi lugar.

-¿Cómo te llevás con las presiones?

-Todavía puedo mejorar un montón. Los momentos en los que más presión me pongo o recibo del exterior, me cuestan manejarlos y no llego a tocar el mejor nivel. Todavía no pude jugar a mi mejor nivel cuando aparece una presión grande de verdad. No es fácil salir a competir con el tembleque en la mano, se nota mucho y creo que puedo mejorar un montón. Pero lo que no hago es esquivar ese desafío.

-Tenés una amistad con Paulo Dybala. ¿Han charlado sobre cómo afrontar las grandes presiones?

-No tanto, pero fue más grande la presión de ellos en la selección. En mis primeros días de vacaciones, me fui a Turín con él y es una persona excelente, simple, que se cuida y trabaja un montón. Hablamos de uno de los mejores del mundo, que jugó en la selección en uno de los momentos más complicados en los últimos años. No es fácil. Pasa que la gente siempre espera mucho más de uno, no se conforma con el 70%, y no siempre se puede.

-¿Te explicó qué quiso decir con eso de que era difícil jugar con Leo Messi?

-Eso fue un poco sacado de contexto. Él habló 25 cosas buenísimas de Messi, en una dijo que habían jugado juntos y que no lo habían podido hacer bien, y el título fue: 'Me siento incómodo jugando con Messi'. Escuché la nota después y no fue así. Lo ama a Messi, como cualquier jugador de fútbol. Juega a la Play y hace los goles con Messi. Él no podría decir nunca que no se siente cómodo jugando con Messi. Pero salió en todos lados y le jugó en contra.

-Sos fanático del fútbol. ¿Estás proyectando ir al Mundial de Rusia 2018?

-Es posible. Me voy a quedar en Europa tres meses y, de alguna forma, seguramente me escape a algún partido.

En esta nota:
Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas