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John Berger vuelve a contar la historia del arte en una serie de "retratos" personales

El autor traza un arco brillante que va de las cuevas prehistóricas al presente; adelanto exclusivo de su prólogo

Domingo 03 de diciembre de 2017
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John Berger
John Berger.

En Sobre los artistas (editorial Gustavo Gili), cuyo primer volumen se distribuye esta semana en la Argentina, el escritor presenta una galería de retratos que se lee como una historia del arte en clave autobiográfica. No es casual que el recorrido se inicie con los retratos egipcios de El Fayum: el propio Berger los define como "una mirada pintada que se concentra en la vida que sabe que un día perderá". Así, entre melancolía y crítica luminosa, escribe el maestro de los "modos de ver"

Siempre he detestado que digan que soy crítico de arte. Es cierto que durante diez años, más o menos, escribí en prensa regular­mente sobre temas relacionados con artistas, exposiciones priva­das o públicas y museos, así que el término está justificado.

Pero en el ambiente en el que me formé a partir de la adoles­cencia, llamar a alguien crítico de arte era un insulto. Un crítico de arte era alguien que juzgaba y pontificaba sobre cosas sobre las que sabía un poco o directamente nada. Los críticos de arte no eran tan malos como los marchantes, pero eran unos pesa­dos.

Aquel era un ambiente de pintores, escultores y artistas gráfi­cos de todas las edades que luchaban por sobrevivir y por crear sus obras con un mínimo de publicidad, y sin aplauso alguno o justo reconocimiento. Eran astutos, se ponían unos listones muy altos, eran humildes; los maestros antiguos eran sus compañeros y se mostraban fraternalmente críticos unos con otros, pero les importaban un comino el mercado del arte y sus promotores. Muchos eran refugiados políticos y, por naturaleza, eran proscri­tos. Así eran los hombres y las mujeres que me enseñaron y me inspiraron.

Su inspiración me llevó a escribir intermitentemente sobre arte en el curso de mi larga vida de escritor. Pero ¿qué sucede cuando escribo -o intento escribir- sobre arte?

Después de haber contemplado una obra de arte, me voy del museo o de la galería de arte en la que estaba expuesta y entro, vacilante, en el estudio en el que fue creada. Allí aguardo con la esperanza de aprender algo de la historia de su creación. De las esperanzas, de las decisiones, de los errores, de los descubrimien­tos implícitos en esa historia. Hablo para mí, recuerdo el mundo exterior al estudio y me dirijo al artista a quien, tal vez, conozco, o quien puede llevar varios siglos muerto. A veces, algo de lo que hizo me responde. Nunca hay una conclusión. A veces surge un nuevo espacio que nos desconcierta a los dos. Y, también, a veces, se da una visión que nos deja boquiabiertos..., boquiabiertos como ante una revelación.

Son los lectores de mis textos quienes tienen que valorar el resultado de este planteamiento, de esta práctica. Yo no sabría decirlo. Siempre dudo. De una cosa, sin embargo, estoy seguro, y es mi agradecimiento a todos los artistas por su hospitalidad.

John Berger, 24 de marzo de 2015

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