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La Dolfina tuvo un Cambiaso vintage para meterse aun más en la historia

El conjunto de los 40 goles se coronó pentacampeón de Palermo con un electrizante 14 a 13 contra Ellerstinaen un chukker suplementario; su número 1 lideró al equipo como lo hacía hace una década, ante un gran rival

Domingo 03 de diciembre de 2017
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Cinco copas en las remeras de ocasión: La Dolfina festeja ser pentacampeón en Palermo
Cinco copas en las remeras de ocasión: La Dolfina festeja ser pentacampeón en Palermo. Foto: Hernán Zenteno

En la larga lista de partidos (40, ver la página 7) de este enorme clásico del polo que es La Dolfina vs. Ellerstina, éste quedará entre los grandes, los que muchos hinchas recordarán por décadas. Y en la larguísima lista de campeones del Argentino Abierto, el equipo de Adolfo Cambiaso, que ya estaba entre los muy grandes, se agiganta aun más.

A los 40 goles de handicap, las tres Triple Corona seguidas, las goleadas y los historiales abrumadores, acaba de sumarles la rara condición de pentacampeón argentino consecutivo, con un espectacular 14-13 en un chukker suplementario sobre un formidable cuarteto de Pieres. Un logro que apenas tres titanes de todos los tiempos consiguieron (Coronel Suárez, El Trébol y Venado Tuerto). Y para el que La Dolfina debió sudar y sufrir muchísimo, como pocos tenían en los planes.

"Hay planes, distintos planes", había anticipado Cambiaso ante la nacion sobre la chance de que Ellerstina le planteara un juego que complicara tácticamente al campeón. Lo que no parecía estar en los planes es que el propio Adolfito viajara por el tiempo, retrocediera una década y se convirtiera en aquel monopólico número 1 que jugaba de 1, 2, 3 y 4 en ataque en aquel La Dolfina tetracampeón de entre 2005 y 2009.

Fue una final maravillosa. Ellerstina fue bastante mejor que lo que venía siendo, con actitud, marca y juego abierto, aun a riesgo de que en el golpe por golpe saliera favorecido el rival. Ese anhelo, casi obsesión, de los Pieres de salir campeones los cuatro juntos, hermanos y primos, por primera vez, y de darle al club familiar la primera conquista de Palermo luego de 2012, los llevó a rendir en su techo de potencial o casi.

Los Pieres mordieron como nunca y jugaron como pocas veces en un comienzo magnífico de partido, entre intensidad de acción y belleza deportiva. Tuvieron premio en el período inicial (3-1) y se mantuvieron arriba hasta el tercero, cuando La Dolfina empezó a superar la sorpresa del adversario asombroso. Fueron Cambiaso y compañía los que bajaron la velocidad al juego y apelaron a las formaciones ferroviarias para avanzar en la cancha. Los trencitos resultaron y en cinco chukkers reportaron un 10-6 para que el defensor del cetro estuviera 13-10 arriba a falta de una etapa.

Pocos goles, sí. Suele pasar en los partidos muy buenos, de pocos penales al arco. Ayer hubo una cifra intermedia, pero claramente volcada en favor de La Dolfina (ocho contra cuatro). Ellerstina cayó en un error, el de las faltas evitables, que parecía ir desterrando; otras infracciones fueron de último recurso, por presión de Cambiaso y los suyos.

De Cambiaso, principalmente. El 1 se puso al hombro al equipo como en los buenos viejos tiempos de su primer La Dolfina dominante. Cuando en 2011 formó el dream team con media alineación saliente de Ellerstina (Juan Martín Nero y Pablo Mac Donough), se propuso lo contrario: compartir las responsabilidades ofensivas y jugar de primer delantero, tras muchos años de recibir caballazos y asumir la presión en los momentos calientes. A los 42 años, como si hubiera tenido ganas de volver a ponerse la capa de héroe, provocó un déjà vu general en la cancha 1 de Palermo. Se hizo cargo de la bocha, corrió, gambeteó y definió o generó penales cortos. Defendió como pocas veces. Y hasta soportó -no sin quejas airadas a pie en medio de la cancha- un tacazo.

Como Ellerstina estuvo más que a la altura de las circunstancias, ese Cambiaso no fue suficiente. A los 2m50s del último chukker La Z perdía por 13-10, y como en otro déjà vu (Hurlingham 2015) empató con coraje a 34 segundos del campanazo. Pudo ganar con una corrida de Gonzalo Pieres -Cambiaso volaba despesperado para alcanzarlo-, pero un tropezón de la yegua lo dejó sin gol de oro y sin gloria.

El suplementario en una final del Argentino Abierto -el momento más vibrante que tiene este deporte, con las plateas y Dorrego a pleno grito- pudo ser para los Pieres. Pero Adolfito tomó la bocha, corrió, habilitó largo a Nero y el trenquelauquense, en otro déjà vu (golazo a Chapaleufú II en su primera definición de Palermo, en 2004) resolvió con un tiro sesgado y largo hacia Libertador. Un buen desquite contra la lesión de Oli Chicha, histórica yegua suya, en el tercer tiempo.

Nada puede reprocharse Ellerstina. Dio lo mejor cuando más lo necesitaba y más difícil era entregarlo. Si esto fuera golf, debería contentarse con superarse a sí sin mirar al rival. Si esto fuera tenis, se sentiría Rafael Nadal, compitiendo contra un monstruo -su Roger Federer- al que tal vez el tiempo le permita superar en la historia. Por ahora eso, la historia, se trata de tú a tú con La Dolfina, que cada año la obliga a hacerle un lugar más grande.

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