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Berizzo se repone y el Sevilla despega en medio del drama

Santiago Segurola

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PARA LA NACION
Domingo 03 de diciembre de 2017 • 23:10
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Foto: Archivo

MADRID.- Eduardo Berizzo , el Toto para el mundillo del fútbol, vio el Sevilla-Deportivo La Coruña en su domicilio. Cuatro días antes había sido operado de un cáncer de próstata que se le detectó en plena vorágine de partidos del Sevilla, con todos los frentes abiertos en la Liga y en la Champions League . El equipo había entrado en una dinámica negativa y Berizzo recibía críticas en la prensa y en el estadio. No se adivinaba un horizonte amable para el técnico argentino, que llegó al Sevilla para sustituir a Jorge Sampaoli . Lo que parecía un periodo nefasto, incrementado por la noticia de su dolencia, se transformó repentinamente en un impulso mágico.

Todo comenzó en medio de una catástrofe futbolística. Apenas un par de días antes del trascendental partido con el Liverpool en la Champions League, Berizzo comunicó su grave enfermedad a los jugadores. El Liverpool no gana la Liga inglesa desde 1990, pero todavía es uno de los clubs más prestigiosos de Europa. Posee la mística que el Manchester United no ha podido igualar a pesar de su dinero y de su impresionante historial en los últimos 25 años. Al Liverpool lo dirige el alemán Jurgen Klopp , el hombre que prefiere, según sus mismas palabras, el heavy metal futbolístico al cadencioso estilo orquestal.

Durante el primer tiempo, el Liverpool pareció la mejor versión de Led Zeppelin o Black Sabbath. Rápido y contundente, aplastó al Sevilla con tres goles. En las gradas crecía el alboroto contra el equipo. Algunos comentaristas afirmaron que la posición de Berizzo era casi insostenible. La hinchada temió una goleada de proporciones bíblicas. El equipo salió a jugar el segundo tiempo sin su estrella, el centrocampista francés Nzonzi, de casi dos metros de estatura que funcionaba como un pulpo con Sampaoli. Nzonzi jugaba, quitaba, se desplegaba por todo el campo y marcaba goles. Creció tanto su prestigio que la Juventus se empeñó en contratarlo durante el verano, pero el Sevilla se negó a cederlo.

No había noticias, ni existen ahora, de una mala relación entre Berizzo y Nzonzi, aunque el rendimiento del jugador ha descendido bruscamente. Es la indolente copia del futbolista que había impresionado en la temporada anterior. Sin Nzonzi en el campo, y con un discurso optimista y sincero de Berizzo en el entretiempo, el Sevilla cambió el destino del partido y probablemente de la temporada. Marcó tres goles, empató el duelo y generó la clásica ebullición que transforma un estadio fúnebre en una caldera hirviente. Minutos más tarde, se conoció la grave dolencia de Berizzo. Del entusiasmo se pasó a la conmoción.

Berizzo fue al Sevilla después de su brillante trayectoria en el Celta de Vigo, el equipo donde se había distinguido como un excelente central. Discípulo confeso de Marcelo Bielsa, sucedió a Luis Enrique y añadió al equipo un estilo aventurero que se ganó el fervor de la hinchada y la admiración de los aficionados neutrales. Convenía no perderse un partido del Celta. En las buenas, que era casi siempre, y en las malas, el equipo animaba a disfrutar del fútbol. En su última temporada en Vigo, Berizzo condujo al Celta a las semifinales de la Europa League. En la última jugada de la eliminatoria con el Manchester United, Roncaglia dispuso de una oportunidad clamorosa. No la concretó y el equipo de Jose Mourinho alcanzó la final. Para Berizzo significó el final de su magnífica carrera en el Celta.

Hombre discreto, ajeno al ruido mediático -no concede entrevistas-, sin concesión alguna a la demagogia, Berizzo era el técnico preferido por un sector del Athletic de Bilbao como sustituto de Ernesto Valverde. Iosu Urrutia, presidente del club vasco, se inclinó a favor de José Ángel Ziganda, entrenador del equipo filial. El acuerdo de Berizzo con el Sevilla se produjo en un momento de tensiones preocupantes. El ex presidente José María del Nido había quedado en libertad después de años en la cárcel por un delito de corrupción. Su innegable popularidad lo beneficiaba en su luchar por reconquistar el poder en el Sevilla, un club que ha pasado del cero -la Segunda División a principios de la década anterior- al infinito: cinco títulos de campeón en la Europa League y presencia habitual en la Champions League. Berizzo temía ser víctima de los conflictos internos del club y, en buena parte, así ha sido.

Hasta la proeza frente al Liverpool, el Sevilla se distinguió por la irregularidad y un juego menos enérgico del que se esperaba. Los fichajes de Ever Banega, Pizarro, Navas y Nolito no tuvieron el impacto previsto. La epidemia de lesiones lastimó notablemente al equipo, muy vulnerable en el capítulo defensivo. Aunque el equipo siempre estuvo cerca de los puestos de vanguardia, se advertía un desencuentro preocupante con la hinchada. Nadie sospechaba que la prevista catástrofe con el Liverpool iba a girar en sentido contrario.

Antes de su operación, Berizzo recibió un emocionante mensaje de apoyo de sus jugadores, a los que dirigió en el duelo con el Villarreal. El Sevilla recibió dos goles en el primer tiempo, pero remontó con tres tantos en 25 minutos. En la Copa, goleó 4-0 al modesto Cartagena. El sábado, con Ernesto Marcuzzi, segundo de Berizzo, al frente, el Sevilla derrotó 2-0 al Deportivo, en un partido trepidante. Nzonzi no fue convocado en ninguno de los tres encuentros. Nadie sabe cuál será su destino. Sí se sabe que el Sevilla parece liberado, que la hinchada comienza a disfrutar del equipo y que Berizzo regresará a su trabajo en breve, probablemente esta semana.

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