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Boca sufre y necesita a un Tevez con más oficio que explosión

Domingo 03 de diciembre de 2017 • 23:20
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Guido Vadalá, el 9 circunstancial de Boca en la tarde del domingo
Guido Vadalá, el 9 circunstancial de Boca en la tarde del domingo. Foto: LA NACION / Daniel Jayo

Hace muy poco, a fines de septiembre, muchos en Boca veían como un problema la posibilidad de que Carlos Tevez y su amigo Wanchope Ábila se sumaran para el 2018. El equipo estaba en su plenitud futbolística, en la mejor versión desde que Guillermo y Gustavo Barros Schelotto lo entrenaban, hasta había conseguido una solidez defensiva admirable sin perder el poder de fuego. Estaba todo tan bien que había riesgo de superpoblación.

Un poco antes en el tiempo, el Mellizo hasta había sacado pecho por las alternativas de recambio con las que contaba para el puesto de centro delantero: Benedetto , que podría ganar una encuesta por varios cuerpos para ser el jugador del fútbol local de 2017, Walter Bou (que fue de mayor a menor pero que aportó goles importantes), el Chelo Torres (fue cedido a Talleres), Guido Vadalá (autor del gol de ayer), hasta Cardona puede ser falso 9 y Junior Benítez (hoy lesionado), aunque no es un 9 clásico. En septiembre pasado, tras hacerle Benítez un gol a River en un amistoso en San Juan que Boca ganó 1-0, Guillermo dijo con una sonrisa: "Hacemos goleadores a todos los 9". El gol de ayer de Vadalá debería, en ese sentido, potenciar el optimismo. Sin embargo, Boca está sufriendo como equipo. Por eso en un contexto adverso (venía de dos derrotas seguidas) le costó incluso superar a uno de los rivales más débiles del certamen. Hasta el arquero Rossi se tomó su tiempo en cada saque de arco y Humberto Grondona, DT de Arsenal, se quejó porque faltaban las pelotas para que el juego se reanude rápido ante un lateral.

Foto: Archivo

¿Por qué Boca sufre? Porque con las bajas de Gago y Benedetto, más las temporarias ausencias de Goltz y Pablo Pérez, el equipo se quedó sin líderes, sin gente con voz de mando para contextualizar los movimientos, para entender cuándo acelerar y cuando frenar, para corregir dentro del campo a un compañero que está tomando decisiones equivocadas, para administrar los esfuerzos y saber jugar con los tiempos de los partidos. Por eso el rol que debería adoptar Tevez en su regreso sería más de conducción y oficio que de explosión, por más que lleve en el cuerpo ese alma de potrero y gambetee hacia adelante hasta el último día que juegue al fútbol. En un Boca ya de por sí explosivo y con varios delanteros y mediocampistas ofensivos, Tevez y Wanchope hoy serían más que importantes que hace un par de meses para la estructura de Guillermo. Cuestiones de contexto, sobre todo con la Libertadores a la vuelta de la esquina. Aunque a Boca le sobren los 9, ellos tendrían espacio para encontrar sus lugares

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