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"Pasar mis problemas por el agua me ayuda a estar saludable y ser feliz"

El mar fue una parte clave durante su infancia y se convertiría, con el paso de los años, en el ámbito que le permitiría salir a flote de una enfermedad que, probablemente, lo hubiera condenado a estar postrado.

Martes 05 de diciembre de 2017 • 00:20
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PARA LA NACION
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En el mar se siente en paz, literalmente como pez en el agua. Sabe nadar desde que tiene uso de razón y hoy no puede imaginar un día de su vida sin estar en contacto con el agua. Nació y creció en La Habana, Cuba, en una casita donde vivió una infancia muy feliz y a orillas del mar. "Junto a mis padres, hermanos y amigos del barrio pasábamos largas horas en la costa habanera disfrutando de ese mar tan bello de mi país. Aprendí a nadar desde muy chico y desde entonces siento una pasión enorme por el mar. Es una gran parte de mi vida", recuerda Alejandro Huerta (41), el Ingeniero Químico que estuvo retenido en la isla por cuestiones políticas y que hoy vive en Escocia.

Tiene una historia rica en anécdotas que, de alguna manera, siempre lo conectan al mar. "Cuando tenía 17 años mi papá viajó por trabajo a la Argentina, a unos ingenios en la provincia de Tucumán, y no regresó más. Fue un traidor a la revolucion cubana y, por lo tanto, el régimen nos tuvo presos a mí, a mi madre y a mi hermano en nuestra isla por más de tres anos. Pasó el triempo y al final nos dejaron salir de Cuba. Fue hacia finales de 1997", recuerda con nostalgia. Y, cuando la prohibición llegó a su fin, sin dudarlo la familia armó las valijas y se trasladó a la Argentina para reencontrarse con su padre.

Ya instalado y acomodado, pudo terminar sus estudios de Ingeniería Química en la Universidad Nacional de Tucumán. Más tarde, en Jujuy, conoció a quien luego se convertiría en su esposa y madre de dos hijos. Pero las horas de estudio con poca actividad física hicieron estragos en su salud. "Tener tanta comida a mi alcance, mucho estudio y poco ejercicio contribuyeron a que, poco a poco, fuera aumentando de peso", asegura. Una vez que finalizó sus estudios, Alejandro viajó a Manchester, en Inglaterra, para hacer una maestría de un año. Tenía la intención de regresar a la Argentina pero mientras cursaba la especialización conseiguió trabajo en una compañía vinculada a la industria del petróleo en el Mar del Norte, en Escocia. Y allí mismo empezó un nuevo capítulo en su vida.

Peso y alarma

En Escocia esos primeros años estuvieron exclusivamente dedicados al trabajo. "Estaba sentado, todo el día trabajando y comiendo mucho, incluyendo bastante chatarra, sin darme cuenta mi peso se fue a 112 kgs. Era demasiado para alguien que mide 1.89 m", dice con preocupación. La alarma llegó cuando chequeó su índice de masa corporal (IMC). "Ese día me asusté, ¡estaba obeso! Ahí mismo tomé la determinación de bajar de peso", asegura.

Pero los kilos de más no eran el único problema con el que Alejandro iba a tener que lidiar. Por esa misma época comenzó a tener unos fuertes dolores en su espalda. Tenía días en los que podía moverse y otros en los que hasta dormir se volvía una misión prácticamente imposible. Era el comienzo de una enfemedad que le iba a cambiar la vida para siempre. Pero su fuerza de voluntad lo mantenía en pie. A pesar de que había comenzado a tener cada vez más dolores, paralelamente cumplía una rutina de actividad física que, cuando su cuerpo se lo permitía, incluía caminatas, paseos en bicicleta y algunos días de running. Además, un cambio en su alimentación lo ayudaron a bajar de peso.

"Con disciplina y determinación pude bajar approximadamente 22 kgs. Me sentía mucho más ligero. Sin embargo, la enfermedad continuaba avanzando y llegó a tal punto en el que casi no lograba caminar al levantarme de la cama", explica. Luego de muchas consultas y de sufrir por años fuertes dolores en diferentes partes de su cuerpo, finalmente obtuvo un diagnóstico: espondilitis anquilosante, una forma crónica de artritis que afecta mayormente los huesos y las articulaciones en la base de la columna, donde ésta se conecta con la pelvis. Enre otros síntomas, además de los dolores en la espalda, produce hinchazón y dolor en las articulaciones de los hombros, las rodillas y los tobillos.

"Durante los años que sufrí esta enfermedad sin tener diagnóstico lo que más me aliviaba era el movimiento y la actividad fisica: natacion, bicicleta, caminar . Nunca más pude correr o jugar al fútbol o al balncesto pero me ayudaban los ejercicios de bajo impacto", aclara Alejandro y asegura que el diagnóstico le cambió la vida. "Me dieron un tratamiento con anti-inflamatorios y el día que tomé mi primera pastilla el dolor desapareció en gran medida. Pude empezar a dormir mejor sin despetrame por las molestias nocturnas. Los niveles de energía comenzaron a aumentar y fue entonces cuando supe que el éxito del tratamiento era la pastilla en un 50% y el otro 50% el ejercicio. Toda una revelación para mí".

Volver a las fuentes

Volver a nadar y entrar en contacto frecuente con el medio acuático -que tanta felicidad le había dado de niño- le dio coraje para anotarse en un evento deportivo en Glasgow para nadar 3.2 kms con traje de neoprene. "Me preparé bien y llegué al final. Estaba feliz. Esto me dio mucha fuerza y vino la pregunta ¿por qué no nadar 5 kms? Así que al año siguiente fui a nadar en el lago Windermere en Inglaterra los 5 kms y tres meses despues hice mis primeros 10 kms en aguas abiertas". Alejandro tenía sed de más y entonces se animó a nadar nada más y nada menos que 20 kms en Key West, Florida, Estados Unidos. "Completé el evento en 6 horas y 10 minutos. La experiencia fue maravillosa. Es una distancia muy exigente que se nada con un kayakista que te va cuidando y pasando los alimentos y el agua a lo largo del recorrido. Siempre estuve seguro de que el entrenamiento me iba a dar resultados y nunca dudé de que iba a terminar", dice con felicidad.

Alejandro no tiene dudas al respecto: nadar lo mantiene en equilibrio y armonía. "No sólo me ayuda con mi enfermedad sino que no hay nada mejor para el estrés de la vida diaria. Cuando termino de trabajar voy a la pileta o al mar y regreso feliz a mi casa después de pasar todos mis problemas por el agua. Me siento muy seguro y confiado cuando estoy nadando. Debe ser porque desde muy niño nado en el mar abierto y porque he aprendido a reconocer los límites y a respertar el mar. Hoy, a pesar de mi enfermedad y gracias el deporte, a un estilo de vida saludable y a una pastillita pequeña, vivo una vida normal y puedo mirar al futuro lleno de optimismo", concluye. Sus planes a futuro lo confirman: está registrado para nadar por el Estrecho de Gibraltar en 2019 en uno de los "ocean seven" (un desafío que se realiza en siete océanos que implica cruzar a nado siete estrechos y canales alrededor del mundo).

La voz del especialista

Javier Diaz, creador de Moodment (especialistas en bienestar corporal) es Licenciado en Kinesiología y Fisioterapia y explica cuáles son los síntomas de la espondilitis anquilosante y cómo es su abordaje en nuestro país.

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