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The Passing Bells: la guerra menos retratada

Martes 05 de diciembre de 2017
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The Passing Bells / (Gran Bretaña/Polonia, 2017) / Dirección: Brendan Maher / Guión: Tony Jordan / Fotografía: Tomasz Naumiuk / Edición: Celia Haining / Elenco: Patrick Gibson, Jack Lowden, Ben McGregor, Erika Kaar, Sabrina Bartlett / Disponible en Cablevisión Flow / Nuestra opinión: buena

La Primera Guerra Mundial nunca ha sido la favorita de las épicas y las glorias cinematográficas. Nada que ver con la Segunda, con sus nazis como villanos ejemplares, sus campañas militares de astutas estratagemas y despliegues conquistadores, la mítica tarea de espías y contraespías, y la emergencia de un conflicto latente entre los dos órdenes económicos que dividirían al mundo apenas concluido el enfrentamiento bélico. Todo aquello daba mucha tela para cortar. En cambio, la Gran Guerra fue una guerra de trincheras y mutilados, nacida de un crimen que alimentó los odios europeos en pleno imperialismo, una guerra de difícil puesta en escena, de un heroísmo ambiguo y doloroso.

Un conflicto que marcó a Europa
Un conflicto que marcó a Europa.

En Hollywood, se la había retratado desde el horror realista de Sin novedades en el frente (1930), dirigida por Lewis Milestone e inspirada en la novela de Remarque, filmada todavía al calor de esas monstruosas muertes; y luego desde la mirada ácida y desencantada de Stanley Kubrick en La patrulla infernal (1957), concentrada en el entramado de egos e intereses alrededor de las cúpulas dirigentes antes que en el fragor del campo de batalla. Mucho tiempo después, The Passing Bells, una miniserie inglesa de tan solo cinco episodios escrita por Tony Jordan (Life on Mars) para la BBC, aborda aquellos años desde la mirada de dos jóvenes, uno alemán y el otro británico, que van a la guerra con el ideario de las aventuras del siglo XIX a cuestas para asistir a la destrucción total de esa mítica.

"No tengo miedo" repiten ambos cuando se enlistan y se calzan el uniforme camino a las trincheras sumergidas en el clima adverso, la agobiante espera y la eterna agonía. Nada quedará de esa luz que invade el primer episodio, de la vida familiar idílica, de los amores juveniles de novela rosa. Jordan y el director Brendan Maher definen una puesta rabiosamente clásica, llena de una inocencia atemporal casi ridícula para nuestra época. "Drama de guerra para chicos" lo llamaron los medios británicos. Es que la historia, que va siguiendo el recorrido de ambos héroes desde la cristalina inocencia a la erosión definitiva de todo ideal, es construida desde una mirada desprovista de cualquier atisbo de cinismo e ironía. Es cierto que podría haber aspirado a una mayor solidez formal (que pierde con algunos devaneos en la batalla de Somme) y a cierta complejidad en los personajes secundarios (sobre todo en los de la retaguardia), pero logra mantenerse fiel a las emociones y al impacto moral de la muerte en aquella joven generación.

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