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El problema de la ley de lemas

Martes 05 de diciembre de 2017
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El domingo 22 de octubre, como sucede en cada elección, los formoseños nos encontramos en el cuarto oscuro con 76 boletas distribuidas en toda el aula: 54 pertenecían a la Alianza Frente de la Victoria; 13, a la Confederación Frente Amplio Formoseño Cambiemos, y el resto, a otros partidos. En la mesa de votación nos encontramos también, además de las autoridades de mesa, con 20 o 30 fiscales, que en muchos casos ya no tenían lugar para acomodarse. Cada 10 electores se detenía la votación y el ejército de fiscales ingresaba con sobres en mano para asegurarse de que las boletas de los sublemas que fiscalizaban siguieran presentes y visibles en el cuarto oscuro.

Foto: LA NACION

Este escenario ya tradicional y hasta folklórico en Formosa es consecuencia de la ley provincial 653, sancionada en 1987, que establece el sistema electoral de lema y sublema. Es una variante de elecciones internas en donde cada partido o alianza que se presenta constituye un lema y al mismo tiempo las fracciones internas de ese partido con sus propias listas de candidatos constituyen los denominados "sublemas". La cantidad de sublemas que se autoriza a presentar a cada lema depende de su número de afiliados. El recuento de votos se realiza con un doble procedimiento, ya que se cuentan los votos que obtuvo cada sublema y luego se suman los que pertenecen al mismo lema, lo que determina el número de cargos que corresponden a cada agrupación. A su vez, la asignación de cargos a los candidatos en el interior del lema se distribuye en forma proporcional a los votos obtenidos por los distintos sublemas que lo conforman.

En sus orígenes, el sistema nació con el objetivo de democratizar la elección interna de los partidos y fue aplicado en 11 provincias argentinas. Actualmente son tres las que lo mantienen: Formosa, Misiones y Santa Cruz.

¿Y cuáles son las consecuencias de este sistema de doble voto simultáneo? En primer lugar, la multiplicidad de boletas genera enormes costos de impresión, confunde al elector y desata una guerra de fiscales para que la boleta de su sublema sea la más visible. Además, el lema que posee mayor cantidad de sublemas, es decir, de boletas, tiene una clara ventaja por sobre los demás. El sistema también afecta la representatividad del elector, ya que en muchos casos no sabe a qué candidato beneficiará su voto y puede suceder que el candidato que más votos haya recibido no sea efectivamente el ganador.

Por ejemplo, el domingo 22, en la ciudad de Formosa, estaban en juego seis bancas para concejales. Las dos listas de candidatos más votadas fueron del Frente Amplio Formoseño Cambiemos, la tercera y cuarta fueron del Partido Justicialista, y en el quinto lugar se ubicó otra lista del Frente Amplio Formoseño Cambiemos. Sin embargo, por la ley de lemas, la lista que se ubicó en tercer lugar en número de votos es la que logró dos bancas para el Concejo Deliberante. A su vez, 45 sublemas del Frente para la Victoria obtuvieron individualmente menos del 1% de los votos, pero sumados representaron un 16%, que engrosó los resultados del lema. En los casos de los cargos ejecutivos, esta distorsión es aún más visible, como el caso de Santa Cruz en 2015, cuando Alicia Kirchner ganó la gobernación aun cuando obtuvo un menor número de votos que Eduardo Costa. Estos datos reflejan que la ley de lemas afecta cualidades fundamentales de la propia democracia representativa, como la competencia entre partidos en igualdad de condiciones, la capacidad del elector de formular con claridad sus preferencias y la traducción de los votos recibidos en cargos otorgados a los candidatos.

Hoy estamos ante un escenario de oportunidad, con un presidente que ha convocado a todo el arco político y a todos los sectores a realizar las reformas estructurales pendientes que nuestro país necesita, entre ellas, la reforma electoral. Pero no alcanza con una reforma que modifique la elección de cargos nacionales. Si verdaderamente queremos fortalecer nuestro sistema democrático, es necesaria una mirada federal, que contemple reformas provinciales, para que el voto sea personal e intransferible en cada rincón del país.

Sin duda que esto va a requerir un gran acuerdo político, forjado en la negociación con los gobernadores. Pero es responsabilidad de todos los actores poder dar este salto de calidad para que la reforma política sea más que un titular y para que efectivamente todos los ciudadanos a lo largo y ancho del país tengan los mismos derechos y todas las provincias tengan la misma calidad democrática.

Senador nacional por Formosa (UCR-Cambiemos)

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