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Maximiliano Meza, en donde le toque estar, es el despertador del juego de Independiente

El correntino, de 24 años, puede desempeñar diferentes funciones en el medio; le agracede todo lo que aprendió a Holan, que lo considera "una de las mayores satisfacciones" de su gestión; una pieza clave para recibir mañana a Flamengo

Martes 05 de diciembre de 2017
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PARA LA NACION
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Foto: LA NACION

En Nuestra Señora del Rosario de Caá Catí, un pueblo del interior de Corrientes empotrado a 122 kilómetros al este de la capital de la provincia, siempre supieron que Maximiliano Meza estaba destinado al éxito. En Cambá Porá, el club en el que dio sus primeros pasos, fueron pocos los que no prestaron atención a su particular talento. Un joven espigado, nacido a finales de 1992, especialista en combinar dinámica con elegancia, resquebrajó desde temprano la monotonía de un pueblo manso y caluroso, cercano a la frontera con Paraguay. Mañana, al momento del primer partido de la final de la Copa Sudamericana entre Independiente y Flamengo, Caá Catí estará pendiente de lo que ocurra en Avellaneda: Meza, el representante más ilustre de la población, será el núcleo de la célula, el punto de partida para la consagración del Rojo.

Meza, con 24 años, se ha convertido en el índice de Independiente y en uno de los jugadores más funcionales al sistema. Su nivel es el despertador del equipo. No hay partido en el que el mediocampista surgido de las inferiores de Gimnasia de La Plata no señale el pulso del juego. El perfil del Independiente de Holan lo favoreció. Este semestre, cuando el Rojo cosechó los conceptos que habían sido sembrados a principios de año, Meza evolucionó. Es la piedra engarzada de la cadena. "Con Holan -dijo- aprendí mucho, me siento cada vez mejor".

Pocos futbolistas tienen la facilidad de Meza para adaptarse a varias posiciones sin perder su categoría. Aunque su mejor versión suele verse cuando se ubica como conector central, como si fuera un falso enlace. Con Holan también ha jugado de interior, de segundo mediocampista central y, por momentos, hasta de lateral por la derecha. En el entendimiento del juego está su secreto. La comprensión es lo que lo hace versátil. "Meza es una de las satisfacciones más grandes que tengo", suele repetir Holan.

Los primeros pasos de Meza en Independiente no fueron positivos. Gabriel Milito no supo sacar lo mejor de él. El salto de Gimnasia a Independiente generó un impacto en su juego: pasó de ser la figura de un equipo con limitaciones a ser una pieza más dentro de un sistema colectivo, con muchas obligaciones. Mientras que en el Lobo jugaban para él, en el Rojo tuvo que trabajar para el resto. Su adaptación le demandó tiempo y, sobre todo, inteligencia. "Con la llegada de Holan pude mejorar. Me siento más protagonista. Estoy pasando por un buen momento", reconoció el correntino.

Meza es el heredero de un talentoso futbolista de pueblo. Eduardo Meza, su padre, jugó en la primera de Cambá Porá hasta el año pasado, con más de 45 años, y es la gloria más destacada del club. Ahora es la estrella del equipo de veteranos. Mediocampista ofensivo como su hijo, la historia cuenta que Eduardo, de haber nacido en otra época, hubiera llegado lejos.

En Caá Catí hay una estadística que nadie pudo superar. La categoría 92 de Cambá Porá, en la que coincidieron Meza y Keko Villalva -los dos ídolos modernos del pueblo-, se mantuvo invicta durante seis años, un número récord en la zona. Eduardo Ercolini era el entrenador: "Ese equipo era una maravilla. Maxi, como enganche, y Keko, como delantero, marcaban la diferencia. Fue algo inolvidable. Me siento orgulloso de haber sido el técnico de semejante grupo".

El primer gran golpe deportivo en la carrera de Meza ocurrió cuando tenía 12 años. Ercolini había armado una selección local para ir a competir en un torneo internacional a la ciudad de Corrientes, ante rivales de la talla de Olimpia de Paraguay. El conjunto de Caá Catí llegó a la final, pero perdió 2 a 1 contra Guaraní Antonio Franco, de Misiones, tras un error defensivo. Meza lloró como nunca antes. Tres años después, ya con 15, volvería a sonreír al consagrarse campeón provincial junto a Cambá Porá. "Siempre supe que Maxi iba a llegar lejos", continuó Ercolini. Meza, con la inteligencia de un delfín, se dio cuenta de que, para avanzar en su objetivo, tenía que irse a Buenos Aires. Con edad de quinta división, en 2010, se sumó a las inferiores de Gimnasia. Debutaría en la primera en diciembre de 2012.

El 12 de septiembre de 2016 se confirmó su transferencia a Independiente, que pagó 1.950.000 dólares por el 65 por ciento del pase. Tras un inicio apático, su primer gran destello sucedió en el duelo con Racing del campeonato pasado, en el Libertadores de América: Meza, en una maniobra categórica, anotó el segundo gol del triunfo 2 a 0. "Maxi juega cada día mejor", decía Holan por aquel entonces. Empezaba a ganarse con firmeza la consideración del entrenador. Este semestre fue el de su consolidación. Se ha convertido en el eje del equipo.

Meza participó en nueve de los diez partidos que jugó Independiente en la actual Copa Sudamericana. Sólo se perdió la vuelta ante Atlético de Tucumán, en los octavos de final, por suspensión. Fue titular en siete. Y lo será mañana por la noche, en Avellaneda, cuando comience a jugarse la llave final ante Flamengo. En Caá Catí, a 992 kilómetros del Libertadores de América, habrá una tensión inusitada.

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