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Vento: el galgo rescatado malherido al costado de la ruta, un ejemplo para terminar con la explotación de su raza

Su vida pendía de un hilo pero logró salir adelante; hoy su caso es un ejemplo en la lucha por la defensa de los derechos de los animales.

Jimena Barrionuevo

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PARA LA NACION
Miércoles 06 de diciembre de 2017 • 00:22
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Lo encontraron como a muchos otros de su raza. Descartado -ya sin poder servir a los deseos de un humano que lucraba con él-, abandonado, herido y asustado. Estaba al costado de la ruta, en Capilla del Señor, totalmente desorientado y con una bichera por encima de una de sus patas delanteras que se extendía hasta el pecho y que servía de nido y alimento para los gusanos que en ella se habían instalado. Débil, desnutrido y con un tumor en sus genitales, prácticamente la suerte de Vento estaba echada. Tenía la mirada triste, cansada y estaba a punto de entregarse a su destino cuando fue rescatado.

Un pequeño departamento en Monserrat, en un primer piso y con acceso por escalera fue el lugar donde Vento sanaría sus heridas físicas pero también las del alma. Vika Costa fue la humana que lo recibió. Ya tenía experiencia con otros rescatados pero nunca imaginó lo que iba a vivir esos 50 días en los que alojó al galgo. "Ser hogar de tránsito significa curar, en todos los sentidos. Enseñar al animal que se puede confiar, que puede dormir tranquilo, que no le va a faltar comida y que ya no va a necesitar pelear, ni morder, ni llorar para que alguien lo trate bien. Cuando Vento llegó a casa, sus ojos escondían una historia algo triste y con mucho dolor, pero, lamentablemente para mí, desconocida. Nunca sabré lo que le pasó a Vento. Pero ese primer día le dije que ya no habría un solo día en su vida en el que alguien no lo mirara con amor. Lo dije en el idioma de las miradas, y pensaba mantener mi promesa", cuenta Vika, que se gana la vida como azafata.

Vento necesitaba sanar. Cerraba los ojos cuando Vika levantaba un brazo o una mano, no respondía a ningún llamado y se paraba en todas las bolsas de basura de la calle. Además, el agujero que tenía en su pecho era enorme. Cada vez que Vika sacaba las vendas para curarlo, aparecían gusanos muertos. El olor que despedía era nauseabundo, según recuerda ella y, donde se acostaba, dejaba manchas de sangre y del líquido que le drenaba de la herida. Vika pasó días lavando sábanas, colchas, almohadas y cambiando vendas. "Mi casa tiene olor a zombie putrefacto. Mi colchón está inhabitable, tengo olor a todo lo malo en las manos y en el pelo, gasté una fortuna y creo que todavía estoy sin almorzar. Pero este perro es como esos hombres de los cuales uno no elige enamorarse, y sin darme cuenta me encuentro patas para arriba y dando mi vida por él", escribió Vika en un cuaderno para no olvidar ni un solo detalle de lo que estaba atravesando con el tránsito de Vento.

Mientras los días pasaban, la herida iba tomando un color rosa y con aspecto granulado. Los veterinarios le dijeron a Vika que era buena señal. Para ese entonces el galgo ya podía salir a pasear tres veces por día, a paso firme y con voluntad, pero despacio y con un poco de dificultad. Ade, otra galguita con demodexia y dos gatos también rescatados conformaban ahora la familia de Vento. "Ade entendía y acompañaba a Vento durante esos primeros días en casa. Lo guiaba por la calle para que él supiera por dónde ir, dónde frenar y hasta dónde hacer pis. Sin embargo, no lo mimaba, no lo buscaba, no lo olía ni lo incomodaba. Incluso permitía que Vento la apartara de su propio plato y le comiera su comida, me miraba a mí y yo le decía: vení Ade, está enfermito, y entonces le preparaba a ella en otro plato, porque sabía que ella me iba a ayudar a cuidarlo", recuerda Vika.

El porte de Vento iba tomando otro color. Ahora el perro mostraba fuerza, garra y un fuerte corazón. El agujero de su pecho no había sido lo suficientemente profundo como para doblegarlo ni destruirlo, y le demostraba a Vika hora tras hora el gran galgo que Vento llevaba en su interior. "Cada vez que lo miraba pensaba que deberíamos aprender un poco a pedir ayuda, a saber recibirla, a no darnos por vencidos, a conservar nuestras energías cuando no podemos más. Me siento bastante tranquila, es un perro que transmite paz", reflexiona ella en voz alta.

Vento finalmente se recuperó y Vika decidió adoptarlo. El año pasado se mudaron a una casa con un patio y pasto y una callejera más agrandó la familia. Los tres perros tienen un sillón de pallets con almohadones hecho a su medida, pasean y duermen todo el día como les gusta a los galgos. Hoy Vento es un perro feliz, con una mirada única.

El día que los galgos dejaron de correr

El 5 de marzo de 2015 fue el día que rescataron a Vento y que él dejó de correr. Pero Vento es uno entre miles y, desafortunadamente, muchos todavía siguen siendo explotados y violentados. Y, aunque el pasado 16 de noviembre se cumplió un año de la sanción de la Ley 27.330, que prohíbe las carreras de perros en todo el territorio nacional, todavía queda mucho por hacer. ¿Hay hoy todavía carreras de perros? "La respuesta es sí, pero es un delito y por eso se necesita la denuncia a fin de terminar con la impunidad de quienes explotan a los galgos. Sabemos que los animales son trasladados a Chile o Uruguay para correr. ¿Podemos impedirlo? Con la legislación actual no. Es casi imposible probar que los llevan para correr y, aunque lo mostremos, en esos países las actividades no están prohibidas. Lo importante es que hoy hay imputados por infringir la 27.330. Si hay más denuncias se lograrán más condenas. Es un camino muy largo que comenzó y tiene intención de continuar", asegura la abogada María de las Victorias González Silvano, Titular de la materia Derecho Animal en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires.

Para contribuir a la causa, desde Cascote, un perro macanudo (una comunidad que ayuda a encontrar familia a perros, gatos y que comparte información para incluir a todos los animales en el mismo círculo de empatía), realizaron un video que cuenta que "a un año de una carrera que ganamos entre todos, ellos siguen disfrutando el premio. El vídeo nació con dos objetivos: celebrar y homenajear el logro e incentivar a que la gente realice la denuncia en caso de saber de una carrera de perros. Todos los que participan del video fueron rescatados de la explotación de los galgueros, algunos vienen de las carreras y otros de la caza", explica Federico Sordo, creador de la iniciativa y que lucha por los derechos de los animales. Sin dudas, la carrera por una sociedad libre de crueldad, todavía no ha terminado.

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