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Cuando ser bueno tiene mala prensa

Martes 05 de diciembre de 2017 • 13:58
PARA LA NACION
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Un niño se dedica sistemáticamente a limpiar las paredes de su escuela, para quitar símbolos nazis. Lo hace con esmero y para eso lleva un frasquito con detergente y un trapo. Sabe lo que significan esas pintadas y las borra; se siente lastimado y se resiste a invisibilizar el dolor. Mientras lo hace, un grupo de compañeros lo agrede, se ríe, lo humilla y descalifica.

En ese lugar, lo "raro" pasa a ser entonces el tratar de eliminar los símbolos ofensivos y lo habitual es la agresión y la burla. El niño soporta la andanada en silencio, pero cuando además comienza a recibir amenazas por WhatsApp, el miedo se hace evidente para su familia, que descubre y denuncia los hechos.

Mientras esto sucede en una escuela de nuestro país, mucho se habla acerca del bullying y se buscan recetas y métodos para combatirlo. Claro que se suele suponer que es un "mal" o hasta una "epidemia" que viene de afuera, que se mete en las escuelas sin que nadie comprenda por qué o sienta responsabilidad alguna en su gestación. Se lo considera, incluso, parte normal del crecimiento o algo que le sucede a los débiles o "flojitos".

Para comprender, prevenir, detectar e intervenir en situaciones de bullying, lo imprescindible y urgente es revisar nuestras propias creencias, nuestros pequeños gestos cotidianos que naturalizan el maltrato. Que en una escuela puedan pintarse esvásticas, y que lo extraño sea limpiarlas, habla en este sentido.

Sería fantástico -como dice Serrat- que no hubiese nada urgente. No pasar nunca de largo y servir para algo. Ir por la vida sin cumplidos, llamando a las cosas por su nombre. Sería fantástico sentirse bien tratado, echar a volar palomas. sería todo un detalle, todo un síntoma de urbanidad.

Sería fantástico -me animo a agregar- que ser generoso, ingenuo, solidario y amoroso con los otros no fuera tildado de "raro". Me gustaría celebrar el triunfo de la bondad, el éxito de lo extraordinario, de lo que se aparta de la norma. Quisiera brindar por un año en el que todos los chicos, en todas las escuelas, se sientan importantes, cuidados, y absolutamente necesarios.

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