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Independiente apeló a la mística y logró un triunfo clave ante Flamengo en el juego de ida de la final de la Copa Sudamericana

En Avellaneda, el Rojo dio vuelta el marcador y venció 2-1, con goles de Gigliotti y Meza; la revancha será el próximo miércoles, en el Maracaná

Miércoles 06 de diciembre de 2017 • 20:45
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Gigliotti marcó el empate parcial y Barco se le trepó en el festejo
Gigliotti marcó el empate parcial y Barco se le trepó en el festejo. Foto: JamMedia

Gritan. No se frenan, gritan. Lloran también, no les importa que los vean hacerlo. No es una noche para esconder emociones. Piden salir campeón porque de eso se trata esta historia. Al Diablo con eso de pensar que es un mal augurio desearlo fuerte antes de tiempo. Es el momento de sentir que hierve la sangre y que es un torrente rojo que llena de orgullo. Están en la final los hinchas de Independiente de la Copa Sudamericana y cómo no sentir que les vuelve el alma al cuerpo si hace un tiempo a esta gente se le estrujaban las tripas porque un traspié de esos duros los mandaron a jugar a un lugar impropio para su historia. Es que a esta altura, en donde hay una Copa en juego, en donde eso de Rey de Copas hay que defenderlo, el estilo puede importar menos. Aunque no aplica demasiado en el Libertadores de América olvidarse de cómo expresarse, porque este grupo de jugadores, por más que quiera eludir las formas, no puede, es una cuestión de ADN. Y el triunfo sobre Flamengo por 2-1, aunque sea el primer paso de una historia que sigue el miércoles próximo en Río de Janeiro, es suficiente para comprender por qué se les sale el corazón del pecho por sentir que el sueño de quedarte con el centro de sudamérica está más cerca.

Es imposible no pensar en el contexto. Levantar la cabeza y ver una marea roja que ruge, impacta y eso quizá terminó de sacar de eje a este equipo de Holan que pareció anestesiado en el arranque. Tanto que sintió que se le explotaba en la cara el cabezazo que Réver mandó a descansar al fondo de la red. Se cortó el aire, le quemó el pecho a más de uno semejante disgusto.

El gol de Réver

Pero como en este juego de la pelota hay determinadas situaciones que escapan a la razón, ese cachetazo le sacó el almidón a todo el equipo de los Rojos y comenzó mostrar el deseo real de ser protagonista en su noche, en su casa, en Avellaneda.

Y en ese escenario encontró la fórmula exacta Independiente para llevarse por delante a Flamengo, un equipo que saben bien lo que quiere y cómo transformarse en áspero si es necesario. Pero los muchachos de Holan no renunciaron a manifestarse con la pelota a ras de piso, pero también le sumaron un poco de barro a tanta pureza. Pero claro, como obedece a su plan original, el camino para quebrar la resistencia que le pongan delante es buscando al compañero mejor ubicado y darle la pelota. Así de simple, así de efectivo. Meza le dio juego a Benítez y el delantero rojo lo puso de frente al arco a Gigliotti que no dudó y la acomodó junto al palo izquierdo de César.

Estalló el estadio y la gente entendió que se podía permitir un respiro. Y quizá también esa licencia obedece a que este equipo siempre le da respuestas y motivos para confiar. Una moneda invaluable en los tiempos que corren en el fútbol argentino.

Y en determinados gestos se advierte que la gente siente de la misma manera que lo hacen los que patean la pelota. Si cuando se escucharon algunos murmullos por una demora en un pase o cuando voló un insulto porque el arquero Campaña arriesgaba demasiado saliendo de abajo, se escuchó también un pedido de silencio masivo con el característico: "shhh".

El empate de Gigliotti

De esa forma es que crece este equipo de Holan. Con ese aval colectivo puede sentirse seguro Independiente para jugar y para pelear. Por eso es que se tomó un segundo Barco para levantar la cabeza y le pinchó la pelota al corazón del área a Meza, que sacó una volea deliciosa para dejar sin aire a César y a todo Flamengo.

Es verdad que sufrió hasta el último minuto. Y quizá tiene que ver con que no saben defenderse demasiado los Rojos. Pero supo suplir esa debilidad con el arrojo de algunos actores como Franco o Tagliafico, porque dejaron la piel dentro del área para soportar a Vizeu y a Vinicius.

Y el final, con la angustia domando la escena porque Flamengo se lanzó para igualar la historia (no cuenta el gol de visitante en la final), también representa una buena muestra de lo que representa este equipo para este Infierno que se levantó en el Libertadores de América. Gritos y más gritos se lanzaron al aire, abrazos se multiplicaron por el triunfo que costó pero vale demasiado. Y como moño emergió un aplauso sincero que cerró la función. Todo un símbolo.

Con un golazo, Meza puso el 2-1

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