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Las amenazas de bomba ahora empañan las fiestas de egresados

Durante el último mes, al menos 30 festejos tuvieron que ser interrumpidos por llamadas anónimas recibidas en el 911

Miércoles 06 de diciembre de 2017
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LA NACION
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La música dejó de sonar y las luces se encendieron repentinamente. Eran las tres de la mañana en Museum, el miércoles pasado, y los estudiantes del colegio Esteban Echeverría estaban en plena fiesta de egresados cuando un llamado anónimo al 911, que alertaba sobre una amenaza de bomba, empañó la noche.

"El encargado del boliche se acercó a los padres que estábamos en la fiesta para explicarnos la situación y que debían evacuar el local y seguir las normas que establece el protocolo para estos casos -relata Silvana Balestrini, madre de uno de los chicos que organizaban el festejo-. Por suerte el escuadrón antibombas llegó bastante rápido y no hubo ningún riesgo para los chicos, Pero cuando volvieron a ingresar, parece que algunos jóvenes que no eran de la fiesta aprovecharon la situación para colarse como invitados, y dentro del local luego se sucedieron algunos robos. Se armó un disturbio que no pasó a mayores y después todo siguió con normalidad. Pero, por culpa de ese episodio, se arruinó el festejo que estaban organizando desde hacía un año".

La ola de amenazas de bomba que padecieron este año las escuelas porteñas se trasladó en este último trimestre a otro escenario. Los estudiantes siguen siendo protagonistas, pero el nuevo objetivo son las fiestas de egresados: esa celebración de cierre tan esperada para la cual los alumnos juntan plata durante todo el año con el fin de afrontar el alquiler de uno de estos espacios, con costos que varían entre los $ 50.000 y los $ 120.000.

Según denuncian desde la Cámara de Empresarios de Discotecas y Entretenimiento de la Ciudad (Cedeba), solamente en el último mes se recibieron al menos unas 30 llamadas por amenazas de bomba en varias de las discotecas porteñas donde se realizan este tipo de eventos, como Museum, Club Aráoz, América y Kravi, entre otras.

"En quince días recibimos ocho amenazas -detalla Christian Gómez, encargado de Museum, que lleva el peor récord de esta nueva modalidad desde que empezaron las fiestas de egresados, a mediados de octubre pasado-. Es un calvario, y lamentablemente parece que se convirtió en una moda. La fiesta se interrumpe, llamamos a la comisaría y evacuamos a todos los chicos y los llevamos hasta la esquina, que es el punto de encuentro establecido. Pero tener a 1000 chicos en la calle implica un riesgo. Como padre uno piensa que sus hijos están dentro del local, divirtiéndose, y resulta que a mitad de la madrugada están todos en la calle".

Fuentes de la Policía de la Ciudad confirmaron a LA NACION que han recibido varias denuncias durante el mes pasado: "El protocolo que se utiliza en los casos de amenaza de bomba es similar al de cualquier establecimiento público. Primero se destina una patrulla y luego se da intervención a la Brigada de Explosivos, que inspecciona el lugar. Si no hay nada, se declara que la amenaza es falsa y se retoma la actividad".

En todos los casos sin excepción, afirma Jorge Becco, presidente de Cedeba, se trató de falsas amenazas. "Apelamos a la justicia federal y, como sucedió en muchos de los casos que afectaron a los colegios, exigimos que se investigue para identificar a los responsables y que se estipulen las sanciones que corresponden".

"Hubo fallos judiciales ejemplares en algunos casos, donde el juez dictaminó que hubo intención directa de causar daño -explica Becco-. En algunas ocasiones son los mismos alumnos los que dicen que los responsables de estas llamadas al 911 son otros chicos que no fueron invitados a la fiesta y lo hacen como chiste, como una manera de garantizarse la entrada luego de la evacuación. Pero también hay mucha gente inescrupulosa que no puede realizar estos eventos porque no cumple con los requisitos y entonces busca el perjuicio del negocio de otro".

Gustavo Rosse es un padre que, hace exactamente un mes, presenció, también en Museum, esta situación cuando estaba en la fiesta de egresados de su hija, que terminó 5º año en la Escuela de Comercio Nº 34 Monseñor Miguel de Andrea: "Había en la puerta mucha gente que no tenía entrada y justo estaba ahí cuando se acercó un chico y dijo: «Y si hay una amenaza de bomba... ¿después entramos todos?». No hice caso al comentario, pero una hora después alguien llamó al 911 y el gerente del boliche nos explicó que teníamos que evacuar".

"Por suerte la Brigada de Explosivos llegó rápido, los chicos salieron de forma ordenada, no hubo ningún problema y volvió todo a la normalidad", recuerda Rosse, a quien luego el grupo de amigos de su hija le comentó que "el recurso" de la amenaza de bomba se había convertido en una situación frecuente.

Requisitos y controles en la Ciudad

Las fiestas de egresados se realizan los días de semana en los boliches porteños habilitados como clase C, que sólo tienen permitido hacerlo entre los meses de septiembre y diciembre, y no antes, como ocurría el año pasado.

Así lo dispuso la Agencia Gubernamental de Control (AGC), y la medida se tomó luego de que se detectó que en algunas fiestas de egresados firmaban como responsables las mismas cinco personas.

La irregularidad impulsó una investigación interna en la que se descubrió que eran los organizadores de las fiestas los que firmaban los consentimientos de los chicos para realizarlas. A partir de entonces, y según explican los encargados de Museum, se reforzaron los requisitos.

'Tiene que haber seis padres durante toda la noche, hasta el cierre -señala Christian Gómez-. Y son ellos los que deben presentarnos las partidas de nacimiento certificadas para que luego como discoteca tengamos el permiso correspondiente. El gobierno porteño realiza inspecciones constantemente. De hecho, una de las últimas amenazas de bomba que recibimos fue en presencia de funcionarios de la Agencia Gubernamental de Control".

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