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Andrés Ibarra quiere dejar de ser el "ministro de la tijera"

El ministro de Modernización, leal a Macri, busca cambiar su perfil

Miércoles 06 de diciembre de 2017 • 09:35
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Nada, o casi nada, se interpone entre él y su deseo de jugar al fútbol. Alrededor de las seis de la tarde, Andrés Ibarra deja su traje de ministro de Modernización y se pone los pantalones cortos para prenderse en los "picados" de la quinta presidencial de Olivos o, como pasó esta semana, en un partido con sus subordinados del ministerio.

El fútbol es, para Ibarra, un gran "cable a tierra" entre tanta tensión. Le tocó en suerte, por decisión del Presidente, ser el "ministro de las tijeras", el que anuncia recortes en la planta de empleados estatales o el que afirma que "al empleado que no trabaja no lo queremos en el Estado".

Paciente y metódico, Ibarra lucha contra ese "cartelito" que le quieren colgar algunos sindicalistas-y también algunos medios-, un estigma parecido al que carga Juan José Aranguren, el ministro "de los tarifazos", quien para colmo no tiene la simpatía como una de sus principales virtudes.


Ibarra ya terminó de reunirse con cada ministro del gabinete y explicarles que deben reducir en un 20 por ciento su planta política, tanto en número de empleados como en masa salarial

Leal a su jefe, para quien trabajó durante su gestión en el Boca Juniors exitoso y multicampeón, y luego en el gobierno porteño, Ibarra ya terminó de reunirse con cada ministro del gabinete y explicarles que deben reducir en un 20 por ciento su planta política, tanto en número de empleados como en masa salarial. Algunos lo tomaron bien, otros le pusieron cara de póker, pero órdenes son órdenes y nadie quiere que Macri se enoje. Quieran o no, le entregarán los listados de prescindibles, en breve, a Gustavo Lopetegui y Mario Quintana, coordinadores del poderoso jefe de gabinete Marcos Peña.

"No soy solo el ministro de la tijera", repite Ibarra con una sonrisa mientras toma un té con galletitas en su despacho de Diagonal Norte, a metros del Obelisco. Y repasa sus planes inmediatos, vinculados a las comunicaciones, otro "paquete" que su jefe le traspasó cuando resolvió disolver ese ministerio.

Fanático de Boca -las réplicas en miniatura de las seis copas Libertadores están a la vista en su despacho y mortifican a los hinchas de River- a Ibarra lo entusiasma poder conectar a dos millones de nuevos hogares a Internet y mejorar la calidad de conexión de otros tres millones; también cree poder lograr, hacia el fin de 2019, que 2800 escuelas rurales de todo el país tengan acceso a wi fi, un plan conjunto con el ministro de Educación, Alejandro Finocchiaro.

Diplomático, y aunque tenga sus preferencias, sostiene una buena relación con Peña, Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal, las tres patas "políticas" que rodean al Presidente. Pero su relación con Macri va por otro carril: es de los pocos "ex empleados de Franco Macri" que siguen a su lado y se entienden "de memoria". A los 60 cumplidos este año, y después de repetidas pruebas de lealtad, también maneja el "sutil arte" de moderar al Presidente, una disciplina en la que Peña tendría un posgrado después de tantos años de gestión compartida.


A los 60 cumplidos este año, y después de repetidas pruebas de lealtad, también maneja el "sutil arte" de moderar al Presidente

Su diplomacia, de todos modos, no convence a los estatales nucleados en ATE: lo acusaron de encabezar una "ola de despidos" y luego de contratar consultoras privadas, mientras resisten uno por uno los planes de capacitación y los concursos de antecedentes promovidos por Modernización. Liderados por Hugo "Cachorro" Godoy, los miembros de ATE se sienten perseguidos, protestan por tener que "poner el dedito" cada vez que entran al ministerio, o por tener que llenar un formulario online cuando están enfermos y no van a trabajar. Creen que hay un "ataque" político e ideológico contra el gremio.

Ibarra niega estos argumentos y habla de "eficiencia". Sostiene, a la vez, un vínculo aceitado con el mayoritario sindicato UPCN, que comanda el "centauro" Andrés Rodríguez. Con él habrá foto compartida el 21 de diciembre, cuando se premie a los empleados destacados.

Fiel a los mandatos de su jefe, Ibarra acepta con filosofía el trabajo duro. También pretende, aunque eso está por verse, no ser recordado cuando termine su labor como "el ministro de la tijera" de Macri.

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