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Beatnik: periplo de los mayores exponentes de la generación beat

Jueves 07 de diciembre de 2017
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LA NACION
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Beatnik de: Francisco Scarpon / Dirección: Osvaldo Laport / Intérpretes: Nahuel Mutti, Martín Urbaneja, Florencia Prada, Sebastián Francini, Alejo Ortiz, Rodrigo Esmella / Escenografía e iluminación: Osvaldo Laport / Vestuario: Zia Margaret / Asistencia de dirección: Lucas Cosma / Teatro: Maipo Kabaret / Funciones: viernes y sábados, a las 23.30 / Duración: 60 minutos / Nuestra opinión: buena

Sobresalen Martín Urbaneja y Sebastián Francini
Sobresalen Martín Urbaneja y Sebastián Francini. Foto: LA NACION

Sesenta años pasaron ya de la publicación de la novela En el camino, de Jack Kerouac, que se convertiría en la piedra fundacional y en el manifiesto de la denominada Generación Beat. Aunque "beat" haga referencia a un estado cansino y abatido, fue el propio Kerouac el que le dio otro sesgo al relacionar el término al estado de beatitud, algo así como vivir en plena serenidad y paz espiritual. Pocos años después y no sin cierta malicia, un periodista norteamericano crítico respecto de este movimiento literario contracultural que incluía un fuerte rechazo al capitalismo y a la sociedad de consumo pero que, además, llevaba consigo lemas de libertad sexual, de género y unas cuantas banderas más que inquietaron la norma de ese entonces, los llamó beatnik asociando beat al primer satélite artificial, Sputnik para vulgarizar y estereotipar el movimiento.

Por ese recorrido etimológico cuesta ya de entrada entender por qué el título: ¿se trata de un repaso de este movimiento contracultural o, por el contrario, de una crítica a este clan de jóvenes intelectuales? Por supuesto que es atractiva la historia de esta generación pero su tratamiento reclama agudeza y, por qué no, ciertas decisiones desde dónde partir para hacer el recorte.

Cinco hombres y una mujer son los protagonistas de esta pieza que se sube al escenario del Maipo Kabaret casi a medianoche de la mano de Osvaldo Laport en la dirección. Será un recorrido por los periplos que viven los mayores exponentes de esta generación, Jack Kerouac, Allen Ginsberg, William Burroughs, Lucien Carr, David Kammerer y Joan Vollmer pero centrado fuertemente en los hechos trágicos que vivieron. Es que en plena revolución sexual que viven y plantean, Carr -alegando acoso y obsesión desmedida- asesina a Kammerer y se deshace de su cuerpo en el río Hudson. Como si esto fuera poco, Burroughs en lo que se dijo que fue un accidente en pleno juego, mata a su mujer, la poeta Vollmer, de un disparo. La obra hará especial foco en estos acontecimientos y otro poco también -tal vez demasiado poco- en las reflexiones que estos literatos enunciaban en las largas horas de bohemia. Por momentos, la pieza se vuelve normativa, le imprime un tono didáctico muy distante al pensamiento de este grupo. Cuesta creer que estos hombres en su discurrir filosófico busquen el modo de definirse y hablen de ellos de manera tan afirmativa. Este recorte elegido para subir a escena, los deja un tanto reducidos a la holgazanería.

La escenografía cuidada y un diseño lumínico original le dan un buen marco a la historia. Martín Urbaneja y Sebastián Francini logran componer unos personajes cargados de verdad. Las restantes actuaciones, por momentos desparejas, entran y salen del registro de los años 50.

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