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Por el juego y por la hombría, Ariel Holan ya dejó una huella

Miércoles 06 de diciembre de 2017 • 23:21
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Jorge Sampaoli dijo hace no mucho tiempo que Independiente era el conjunto que más le gustaba en la Argentina. "Es un equipo que propone, piensa en el arco del rival y está bien armado. Cuando ataca es letal", aseguró el DT del seleccionado argentino. Hay mucho de cierto en esa afirmación, aunque no es del todo completa. El club de Avellaneda es el que más clara tiene su idea. El peso siempre estará en el ataque. Cueste lo que cueste. Lo que sucede es que no siempre está "bien armado". Anoche Flamengo se puso en ventaja aprovechando una distracción en un centro desde la izquierda. Y la semana pasada fue Libertad, de Paraguay, el que puso en serios aprietos a los Rojos. Independiente arriesga mucho, acaso convencido de que ese torbellino ofensivo siempre lo sacará adelante. Y, por ahora, el DT Ariel Holan tiene razón: ritmo, intensidad, valentía, precisión, inteligencia y oportunismo pueden más que cualquier otro sistema.

Independiente tiene jugadores que simulan ser flechas. Independiente recupera rápido la pelota y todos salen disparados. Por los costados y por el medio. Hasta no hace mucho sufrió por la falta de definición, pero en los últimos dos partidos apareció Gigliotti, que vive una especie de dulce revancha en otro grande tras su gris paso por Boca. El secreto son los constantes movimientos. De a ratos todos juegan de todo sin posiciones fijas. Y se nota.

Hacía mucho que Independiente no reunía tantas opiniones a favor respecto de su juego. Holan, mirado con desconfianza en el principio, logró convencer a jóvenes, grandes y hasta jugadores históricamente críticos como Bochini. No hay dudas, esta identidad le sienta bien al conjunto de Avellaneda. Hacía mucho que no se sentía tanta confianza. Ni siquiera en 2010, cuando bajo la tutela de Antonio Mohamed se llevó la Copa Sudamericana de ese año, por penales y ante el descendido Goiás, de Brasil. Es más, la última vez que los Rojos despertaron una ilusión tan grande fue en 2002, de la mano de Américo Gallego, que con un equipo de lujo se quedó con el Apertura.

Son tiempos raros. Felices y extraños y a la vez. Porque todavía no está definida la continuidad de Holan en 2018. Eso preocupa. Anoche, el presidente Hugo Moyano dijo que quería la continuidad del entrenador, pero que dependía exclusivamente de él. El DT, aparentemente, lo está pensando demasiado. Por dentro lo lleva la pasión. Por fuera lo indigna esa vida de verse custodiado día y noche por su denuncia contra la barra brava. No se trata de dinero, sino de calidad de vida. Tiene razón. Adentro y afuera. Con cualquier final, ya nadie olvidará a Holan en Independiente.

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