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Monopolizar o ampliar nuestra vida

Jueves 07 de diciembre de 2017 • 01:06
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Un monopolio consiste en concentrar un bien o un servicio en un mercado único. El monopolista es aquel que controla dicho producto. Lo mismo aplica en nuestra vida. Si uno pone todo su amor en la pareja, en los hijos, en las amistades o en el trabajo, se producirá un desbalance. ¿Por qué? Porque estará monopolizando. Esta actitud se conoce popularmente como: "Poner todos los huevos en la misma canasta".

¿Qué significa poner todos los huevos en la misma canasta? Significa poner toda mi felicidad en la familia, en el trabajo, etc. El problema es que el día en que pierdo eso, dejo de ser feliz porque siento que se me vino el mundo abajo. Nuestra vida tiene muchas áreas y todas necesitan ser atendidas y enriquecidas.

Monopolizar el amor, los afectos, la paz, la alegría, la diversión, etc. es un mal negocio. Por ejemplo, si las expectativas de un hombre están puestas en el hecho de ser el mejor padre para su hijo, vivirá esforzándose y sacrificándose para alcanzar su objetivo. Pero, ¿qué ocurriría si de pronto descubre que su hijo tiene una adicción? Muy probablemente se sentirá el peor padre, un fracaso total, y se deprimirá.

Esto suele ocurrir cuando todas las expectativas de una persona están puestas en un único propósito, en este caso, ser un buen padre. Se descuidan otros aspectos de la vida y se termina con una sensación derrotista. De ninguna manera es malo pretender ser un buen padre pero, aunque el objetivo sea loable, hay que recordar que existen otros roles (pareja, hijo, hermano, amigo, trabajador, líder, etc.), junto con diversos talentos, que son igualmente importantes.

Dos ideas a tener en cuenta al respecto:

1. Monopolizar es decir: "Tengo que lograr eso y nada más". Quien actúa de este modo no es capaz de reconocer el éxito que tiene en otras áreas, mucho menos de valorarlo y disfrutarlo. Muchas veces nos va bien en distintos ámbitos pero, como nos obsesionamos con un único objetivo que queremos lograr a toda costa y le dedicamos toda nuestra atención y energía, nos sentimos "un fracaso total".

2. No deberíamos vivir jamás para los demás: Aquel que vive para otros, aun cuando se trate de su propia familia, sin darse cuenta ha hecho un monopolio. Tampoco se trata de vivir solo para uno mismo porque eso también sería monopolizar y una actitud egoísta. Lo ideal es lograr un balance entre todas las áreas de la vida. Si solo nos enfocamos en aquellas áreas en las que nos va bien, no podremos mejorar aquellas en las que no nos va tan bien. Y si solo colocamos la mirada en las áreas en las que nos va mal, nunca reconoceremos y celebraremos aquellas en las que somos exitosos. El equilibrio es lo que nos permite no caer en el monopolio.

Cuentan que un hombre estaba en busca de la mujer perfecta. En una oportunidad vio a una dama con el rostro perfecto pero no le gustó su cuerpo. En otra ocasión conoció a una muchacha con un cuerpo escultural pero su cara era desagradable. Después encontró a alguien del sexo opuesto con el rostro y el cuerpo perfectos pero su carácter era insoportable. Finalmente, cuenta la historia, que un buen día este hombre dio con una joven que era dueña de un rostro precioso, un cuerpo perfecto y un corazón amoroso. La abrazó y exclamó: "Te encontré al fin. Ahora seré feliz". Ella lo miró, se dio media vuelta y se fue. porque él no era perfecto para ella.

Si aprendemos a diversificar, es decir, a distribuir nuestra atención en un territorio amplio, a extender nuestro horizonte, no caeremos en el monopolio emocional ni terminaremos siendo monopolizados por nadie.

Nosotros somos muchos roles y cada rol que potenciamos (la amistad, la familia, el personal, lo vocacional, los hobbies) potencia a su vez los demás. Fuimos creados para vivir una vida plena, de multiplicidad de roles, los cuales hacen que tengamos más alegría para compartir con otros.

Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a Bernardoresponde@gmail.com

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