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Fede Cuco, el padrazo

Delante y detrás de la barra, vive para los buenos momentos: un papá full time, fanático de la música y convencido de que hay que darse los gustos

Jueves 07 de diciembre de 2017 • 09:11
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Fede Cuco, el ociólogo experto de la semana
Fede Cuco, el ociólogo experto de la semana.

"Soy bartender desde hace 33 años y también tengo muchas pasiones por afuera de la barra", reflexiona Fede Cuco, que, además de tener una gran barra en su casa, ser fanático del whisky y poseer decenas de libros de coctelería, no se limita al mundo etílico para pasarla bien. "Me gusta cocinar, me gusta beber, me gusta comer. Toco la guitarra, el ukelele, la mandolina, el tin whistle (flauta irlandesa). También hago taekwondo", repasa mentalmente desde uno de los sillones de Suspiria Resplendoris. Para este barman, la música es fundamental. "Mi papá es músico y en mi familia todos lo somos un poco. Nunca fui profesional ni querría serlo, sino que la música es mi cable a tierra", cuenta sobre su conexión con este arte. Su hijo mayor ya está siguiendo sus pasos, incursionando en el violín y la batería. "No sé si va a ser músico, ni me importa, pero todo lo que lo aleje un poquito de la pantalla viene bien", dice. "Soy muy papá, le dedico tiempo", declara quien, al trabajar de noche, comparte los mediodías y las tardes con sus hijos, Felipe y Emma, de ocho y cinco años. "Elijo lo que vamos a almorzar, comemos juntos y pasamos un rato en familia. Tengo la suerte de tener mucho rato de mis hijos despiertos, algo que la mayoría de los papás no tiene". Los juegos de mesa son de sus actividades predilectas: el de la Oca, el ¿Quién es quién?, el ajedrez vikingo y el Go, los más elegidos. También ven muchas películas y hasta los lleva al cine. Eso sí, por separado ("se complica que les guste la misma peli a los dos"), con lo que es un lindo programa tête à tête padre-hijo/a. "También nos gusta cocinar juntos, hacemos muchos licuados y tortas. Nadie sabe ser padre, pero hay que hacerlo lo mejor que se pueda. Y yo le pongo mucha pila a ser papá", afirma.

"Cuando salgo, me gusta ir a comer sencillo y rico. Lo mismo con la bebida: por ahí me voy a tomar una rica cerveza, un vermú, no necesito complejidad. A veces la paso mejor en un bar de barrio, donde la cerveza está fría, el café lo hacen rico y me cobran lo justo, que en un lugar súper sofisticado", cuenta sobre sus preferencias. "Salgo mucho conmigo mismo porque me quiero mucho. A veces salgo temprano de acá y, de camino a casa, paro en otro bar, me tomo una cervecita, tengo media hora para mí solo y me voy a dormir contento", declara orgulloso. "Lo que me importa es la experiencia. Ir a un lugar donde estar cómodo, pasarla bien, que la música suene lindo y poder desconectarme". Con sus amigos, las juntadas suelen girar alrededor de una parrilla en la casa de alguno. Con su novia -que está embarazada y tiene fecha para enero-, los programas son más bien caseros. "Nos cocinamos muy rico y comemos como gordos, o armamos salidas especiales: nos divierte disfrazarnos de millonarios e ir a un hotel a tomar una copita de champagne. También hemos hecho turismo con los chicos, nos instalamos un fin de semana en un hotel en Buenos Aires (con valija y todo), nos tomamos el colectivo amarillo y el desayuno del hotel, que es lo mejor que le pasó al mundo", dice convencido.

"Mi casa es abierta. Me gusta que vengan mis amigos, hacerles una buena cena, servir aperitivos, después destapar un vino. Cuando lo hago, lo hago muy bien. Pero también disfruto si estoy solo con mi familia, viendo una peli o haciendo galletitas. Me gusta que mis hijos me conozcan como soy. Me ven tocar la guitarra, nos contamos chistes, jugamos a piedra, papel o tijera por cualquier cosa", cuenta conmovido. "Creo que hay que darse los gustos. Mi oficio se trata de buenos momentos, y trato de que mi vida tenga la mayor cantidad posible de ellos. Laburo con eso. Gasto plata en tener lindas sábanas y soy de esas personas que duermen con pijama, es mi oscuro secreto. Es mimarme: me baño, me pongo el pijama y me voy a dormir contento", remata.

Ping Pong

¿Algo que te pone de buen humor? Un árbol de moras en primavera. Esas dos semanas al año, voy por la calle robando moras y me mancho la ropa. ¡Soy feliz!

¿Algo que te pone de mal humor? La gente maleducada y prepotente.

¿Lo último que hacés antes de irte a dormir? Les doy un beso a mis hijos.

¿Algo que no prestarías por nada del mundo? Tengo una cucharita de plata, muy chiquita. La tengo desde hace 30 años y vive conmigo. Es una de mis herramientas más viejas y la quiero mucho. Si la pierdo, me quiero matar, ¡por eso no la presto!

¿Un domingo perfecto? Festejar el cumple de algún familiar con un buen asado y tirarnos todos a la pile. En mi familia se hacen buenos asados.

¿Una comida para conquistarte? Creo que un buen guiso en invierno. Un gulash de jabalí, una feijoada. Los guisos me roban el corazón.

¿Una cualidad que admirás en las personas? El orden. Me cuesta mucho ser ordenado, y eso que hago un esfuerzo. La gente que es ordenada naturalmente me genera admiración.

¿Tu caballito de batalla en la cocina? Hago una muy buena pizza al horno de barro. También un cerdo al romero que te morís. No cocino tan seguido, pero cuando cocino, la rompo.

¿Tres cosas que nunca pueden faltar en tu heladera? Queso, vermú y una cerveza fría.

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