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Dios salve a la reina: The Crown reaviva el encanto de la nobleza

El estreno hoy en Netflix de la nueva temporada de la serie inspirada en el reinado de Isabel II, corrobora la fascinación por los cuentos de hadas de la vida real

Viernes 08 de diciembre de 2017
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LA NACION
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Claire Foy interpreta por última vez a la reina Isabel II en esta segunda temporada de la serie creada por Peter Morgan
Claire Foy interpreta por última vez a la reina Isabel II en esta segunda temporada de la serie creada por Peter Morgan. Foto: Netflix

"Nadie quiere de nosotros complejidad y realidad. La gente tiene lo suficiente de eso en su propia vida. De nosotros, lo que quieren es que los ayudemos a escapar". La frase dicha por la reina madre (Victoria Hamilton) en el cuarto episodio de la segunda temporada de The Crown, contesta la pregunta que expertos y no tanto se hacen hace años ¿Cómo y por qué las familias reales, y especialmente la británica, siguen despertando el interés del mundo entero? ¿Cuáles son las razones por las que a esta altura del siglo XXI, la noticia del compromiso entre el príncipe Harry y su novia actriz norteamericana, Meghan Markle, ocupan las tapas de las revistas, los diarios y sea el tema recurrente en las redes sociales desde Londres y alrededor del planeta?

Algunas de esas incógnitas son exploradas por Peter Morgan, dramaturgo, creador y guionista de The Crown, la serie de Netflix que parece tener el contenido ideal para fascinar a la audiencia global de más de 100 millones de suscriptores que reúne la plataforma. Esos que, como tantos otros, no pueden dejar de mirar esas historias que se asemejan tanto a los cuentos de hadas. O a los más lujosos sueños aspiracionales.

La llegada de la segunda temporada de The Crown, cuyos episodios abarcan el período comprendido entre 1956 y 1964, no podría haber sido más oportuna ni más significativa para lo que cuentan sus diez episodios. Es que apenas hace diez días la fiebre por la realeza volvió a subir de temperatura cuando el príncipe Enrique, uno de los solteros más cotizados y blanco preferido de los paparazzi desde su nacimiento, anunció su compromiso con la actriz norteamericana Meghan Markle. Una noticia que resultó en la mejor movida de marketing imaginable para la serie de Netflix.

Después de todo, la ficción imagina con notable detalle qué sucede detrás de la pompa y la ceremonia en el Palacio de Buckingham. Y, especialmente, hace un profundo análisis de los aspectos desconocidos de la reina Isabel II, una de las personas más conocidas del mundo. Cada episodio, como sucedía en la primera temporada, entrelaza conocidos hechos de la historia británica con la intimidad de la monarca y su familia. Claro que si en los inicios todo giraba alrededor de la joven Isabel y la brillante actuación de Claire Foy -que lograba representar con sensibilidad la difícil adaptación de una joven mujer intentando hacer el trabajo que le tocó por nacimiento- ahora, ya establecida en su puesto, la cuestión pasa por cómo hacer para mantener su corona, cuando todo y todos a su alrededor parecen conspirar para que suceda lo contrario.

La segunda temporada comienza con la crisis del Canal de Suez en 1957, un conflicto político, económico y diplomático que se desarrolla en el plano público mientras que, puertas adentro, el matrimonio entre la reina y Felipe (Matt Smith) atraviesa una instancia complicada. Gracias a un interesante manejo de la línea temporal, los primeros dos episodios logran un exquisito balance entre la política y la intimidad de la pareja, además de darle espacio a Smith (Dr. Who) para desarrollar su personaje. Y si para los fanáticos de la primera temporada la menor presencia de Foy en pantalla puede ser un demérito, lo cierto es que justamente por su calculada ausencia cada una de las apariciones del personaje y la actriz resulta magnética, atrapante. Sin adelantar demasiado, los admiradores de Foy deberían prestar especial atención al capítulo cinco, en el que la reina debe lidiar con un enemigo inesperado: la modernidad.

Claro que casi todos los personajes que se destacaron en la primera temporada tienen en este regreso más espacio para brillar. Entre ellos se cuenta la princesa Margarita, una de las víctimas más cercanas de la corona británica. Interpretada por Vanessa Kirby, la hermana de la reina se transforma en un personaje verdaderamente trágico que tras haber perdido a su gran amor -resultaba inconveniente para la imagen de la monarquía que se casara con un divorciado- empieza a demostrar el hartazgo y la desesperación que le provoca una vida que no eligió. En unos episodios dedicados casi enteramente a ella, Kirby consigue una interpretación a la altura del guión de Morgan. La inclusión de Matthew Goode (Downton Abbey) como el fotógrafo Tony Armstrong -Jones, que sería su futuro marido- se destaca como una excelente elección de casting. Menos apropiada pero igual de entretenida es la aparición de Michael C. Hall (Dexter) como el seductor J. F. K.

Historias reales

Si bien The Crown es la joya en la corona de los relatos monárquicos, es sólo uno de los muchos ejemplos que confirman una y otra vez el innegable encanto aspiracional de la fantasía del príncipe azul, la princesa rebelde y las intrigas palaciegas. Sean más o menos reales o realistas. Por un lado, acaba de estrenarse en los Estados Unidos (aquí se verá en 2018) la segunda temporada de Victoria, la romántica reconstrucción de los primeros años del reinado de la legendaria monarca británica y de su matrimonio con el príncipe Alberto, que suele ser el gran ausente. Así sucedía en Su majestad, la señora Brown (1997), en la que Judi Dench encarnaba a la amargada Victoria, que aun de duelo por la muerte de Alberto empieza a cambiar gracias a un soldado escocés. Y algo similar ocurre en la reciente Victoria y Abdul, en la que Dench es una anciana Victoria ahora entusiasmada con su sirviente indio.

Los maratonistas que consuman la nueva temporada de The Crown a lo largo de este fin de semana largo deben saber que hay consuelo más allá del final de estos diez capítulos. Además de que ya están confirmadas otras dos temporadas de la serie, Netflix les preparó un festín que incluye a una Isabel II adolescente (Un escape real), un documental sobre la familia real (The Royal House of Windsor) a tiempo para su centenario; otro, dedicado a la princesa Diana a veinte años de su muerte relatado por su hermano y hasta un film, Un príncipe de Navidad, enrolado en el subgénero de la comedia romántica navideña. Se trata de un tipo de telefilm -generalmente realizado por el canal Hallmark- pensado para el consumo durante las Fiestas: período ideal para las historias tiernas, poco complejas y con final feliz asegurado. Y si transcurren en un nevado reinado europeo de mentiritas al que llega una periodista en busca de contar los secretos del príncipe playboy para terminar enamorándose de él, mucho mejor. Dulce como un turrón y casi más empalagoso.

Entre todos esas ficciones que acompañan el regreso de The Crown, la que establece el diálogo más interesante con ella es Un escape real, una ficción que imagina la salida de Buckingham de las princesas Isabel y Margarita durante los festejos callejeros por el triunfo de los aliados en la Segunda Guerra Mundial. Protagonizada por Sarah Gadon (Alias Grace), como una Isabel varios años antes de su coronación, y Bel Powley (The Diary of a Teenage Girl), la película -también disponible en Netflix- resulta un homenaje explícito a la inolvidable La princesa que quería vivir, de William Wyler, en la que Audrey Hepburn interpretaba a la princesa Ana, que, harta de su vida en la jaula de oro, se escapaba para recorrer Roma junto un periodista norteamericano (Gregory Peck). Con algo de comedia slapsitck y más de un guiño al film clásico, Un escape real además funciona como una especie de precuela un poco fantasiosa de The Crown, en la que Rupert Everett encarna al tartamudo rey Jorge VI y Emily Watson es la sobreprotectora reina consorte.

Tal vez una de las consecuencias más marcadas del reciente compromiso del príncipe Enrique con Meghan Markle sea la proliferación de películas y documentales dedicados a las familias reales de verdad y de fantasía. Ante la evidencia del renovado -y, en verdad, nunca agotado- interés por los cuentos de hadas, los castillos y los herederos enamorados de la Cenicienta de turno, los productores salieron en busca de contenidos que puedan satisfacer esa demanda.

Entre ellos, uno de los proyectos más destacados es la adaptación de la novela The Royal We. Escrita por Jessica Morgan y Heather Cocks (creadoras del exitoso blog Go Fug Yourself), la historia será adaptada por las actrices Lauren Graham (Gilmore Girls) y Mae Whitman (Parenthood). Esta última también podría interpretar a una estudiante norteamericana de Oxford que termina enamorándose del futuro rey de Inglaterra, quien no se llama Guillermo, pero tiene un hermano menor pelirrojo siempre dispuesto a ayudarlo y a divertirse sólo como los príncipes saben hacerlo.

Olivia Colman
Olivia Colman.

Olivia Colman

Actriz

Ahora, con la segunda temporada de The Crown en la playlist, es casi imposible pensar que otra actriz más que Foy pueda protagonizarla. Sin embargo, si alguien puede lograrlo es la brillante Olivia Colman, reconocida por su trabajo en series como Broadchurch y The Night Manager. La intérprete fue elegida para encarnar a Isabel II en las próximas temporadas de la serie. Es que desde un principio los productores del ciclo explicaron su intención de cambiar de actriz a medida que transcurrieran las décadas de reinado que quisieran retratar.

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